TEMA 63: EL IMPRESIONISMO
Introducción al impresionismo:
Tres oleadas revolucionarias sacudieron la pintura a lo largo del siglo XIX: Durante todo el siglo hubo una pugna constante entre el artista y el público. El nuevo artista se siente una raza aparte. Incluso sus vestimentas le separan ya de los convencionalismos sociales. Se divorciaron de los antojos de los clientes y muchos prefirieron la miseria a la deshonestidad con el arte.
París se convirtió en la capital artística de Europa. Allí Ingrés era el artista más admirado, por su seguridad técnica y su sentido de la disciplina absoluta. Los pintores en torno a Delacroix formarían la primera hornada revolucionaria (1789- 1863). Su consideración de que en pintura, el color era mucho más importante que el dibujo y la imaginación que la inteligencia fue considerada escandalosa, anti-artística.
Otro grupo de pintores iban a revolucionar por segunda vez el arte decimonónico. También desde Paris, los realistas no querían tener más maestra que la naturaleza. Courbet no buscaba la belleza. Buscaba la verdad. También los prerrafaelistas con Rossetti a la cabeza unidos en la hermandad Prerrafaelista, desde un enfoque cristiano buscaron la sinceridad volviendo a la edad de la fe
La tercera oleada revolucionaria en Francia trás la primera de Delacroix y la segunda de Courbet, sería iniciada por Manet y sus amigos.
La revolución impresionista
Estos artistas aceptaron seriamente el programa establecido por Courbet, despreciando los convencionalismos pictóricos ajados y carentes de sentido. Hallaron que la pretensión del arte tradicional de haber descubierto el modo de representar la naturaleza tal como la vemos descansaba en una concepción errónea. Todo lo más, concederían que el arte tradicional encontró unos medios de representar al hombre o los objetos colocados en condiciones muy artificiales. Llevaban los modelos a su estudio donde la luz entraba a partir de la ventana y empleaban transiciones graduales de luz y sombra para dar sensación de volumen o solidez. A los alumnos de las academias se les enseñaba dades un principio a cimentar sus cuadros sobre este juego de luz y sombra. Así los violentos contrastes de luz que el aire libre proporciona no se encontraban dentro del arte. Las cosas no son como sabemos que son sino como las vemos sería el credo de los nuevos pintores que van a negar las viejas reglas.
MANET
Esta idea que parece elemental, fue consideras herética. Y no fue un decubrimiento hecho por un sólo pintor. Pero Manet fue el primero en abandonar el método tradicional de suavizar las manchas de color en favor d elos violentos y duros contrastes.
La oposición académica a su arte fue tan feroz que debieron exponer en un salón "extraoficial" el salón "de les refusés", pero entre los que acudían a este salón había gente curiosa, gente con la mente abierta al arte, no sólo un grupo de seguidores acérrimos del tradicionalismo pictórico, cuyas visitas a los rechazados iban más destinadas a la burla o al artículo periodístico detractor.
Manet negó siempre que el pretenderiera ser un revolucionario. Aseguró que admiraba a Giorgione y Ticiano y las obras de Velázquez y Goya. 
En su obra "El balcón" inspirada por Goya, evita el estilo tradicional, esas figuras rotundas de Rembrandt o Leonardo, eran sólidas por muy diferentes que fuesen los dos artistas; pero Manet ofrece unos ovalos casi planos. Y esto no es una elección: es lo que la luz muestra. Pero la impresión general del grupo no es plana sino que, por el contrario, tiene verdadera profundidad, y uno de los motivos es el efecto sorprendente de la barandilla del balcón. Ese verde brillante corta la composición con el más absoluto desdén a todo lo conocido sobre armonías del color. La barandilla lanza toda la escena hacia atrás.
Para no convertir este tema en un listado de cuadros impresionistas, nos vamos a limitar a hacernos una pregunta ¿Qué hay en el Desayuno sobre la hierba o en Olimpia para haber supuesto una ruptura revolucionaria en la historia de la pintura?

Le dejeneur sur l herbe
Manet reivindica en este cuadro el legado de los maestros antiguos y se inspira en dos obras del Louvre. El Concierto campestre de Tiziano, entonces atribuido a Giorgione, le brinda el tema, mientras que la disposición del grupo central se inspira en un grabado según Rafael: El juicio de Paris.
Pero en el Desayuno sobre la hierba, la presencia de una mujer desnuda en medio de hombres vestidos no está justificada por ningún pretexto mitológico o alegórico. La modernidad de los personajes hace obscena, a los ojos de sus contemporáneos, esta escena casi irreal.
Ese contraste entre hombres vestidos de oscuro reposando con elegante naturalidad sobre la hierba, deja aún más desnuda la figura femenina que mira insolente al espectador.
El estilo y la factura chocaron casi tanto como el tema. Manet abandona los habituales degradés para entregar contrastes abruptos entre sombra y luz. Por ello, se le reprocha su "manía de ver por manchas".
Los personajes no parecen perfectamente integrados en este decorado de maleza más esbozado que pintado, en el que la perspectiva es ignorada y la profundidad ausente.
Con el Desayuno sobre la hierba, Manet no respeta ninguna de las convenciones admitidas, sino que impone una libertad nueva con respecto al tema y a los modos tradicionales de representación.

Olimpia
La Olimpia de Manet, pintada en 1863, es indiscutiblemente una de las obras más famosa de Manet. Admitida en el Salón de 1865, el escándalo desatado llevó al jurado a situarlo en un lugar menos visible, a pesar de lo cual la crítica atacó sin piedad tanto la "vulgaridad" del tema como la falta de modelado. Por el contrario recibió el apoyo y las felicitaciones de los jóvenes artistas que luego formarían el grupo de los "impresionistas".
El pintor representa una figura femenina, una prostituta, desnuda, tumbada sobre un diván, acompañada de su criada y de un gato negro.
Manet superpone, como si se tratara de planos recortados uno sobre otro, el acorde claro de la figura y la cama sobre el color verde y el marrón del fondo.
Bien es verdad que sus obras suscitaron escándalos de los más conocidos en la Historia del Arte, nunca de propuso ser un indómito, simplemente el mundo no estaba preparado para asumir un arte lleno de verdad como el suyo, una pintura en que la vida se presenta tal cual, sin adorno ni metáfora.
Manet es considerado el primero en romper de manera definitiva, con la tradición académica, sirviendo a los impresionistas como punto de referencia y estímulo, a pesar de que nunca se integró al grupo.
El bar de les Folies Bergere

La mujer joven de rubio flequillo, con sus brazos apoyados en el mostrador de mármol, muestra un aire algo indiferente. En la superficie frente a ella hay botellas de champán, de cerveza rubia y de licor de menta. Entre las botellas lucen brillantes mandarinas y pálidas rosas en un jarrón. La joven ha puesto un ramillete de flores en el ancho escote de su vestido, junto a su blanca piel. Únicamente el gran espejo tras la mujer nos dice donde estamos. Refleja a un hombre con sombrero de copa que mira intensamente a los ojos de la joven, así como una habitación llena de gente, movimiento y brillo.
La joven y su bar se hallan en el famoso y parisino cabaret de las "Folies Bergère". Ningún otro lugar, según recordaba en 1964 un entusiasmado Charlie Chaplin, "exudó nunca tal glamour, con sus dorados y terciopelos, sus espejos y sus grandes arañas". Chaplin actuó allí a principios de siglo, en el programa de variedades: música ligera, ballet, mimo y acrobacia. Y son, sin duda, las piernas y verdes zapatos de un artista del trapecio los que asoman por la parte superior izquierda del cuadro.
El balcón del auditorio, donde reservaban asiento de palco los miembros más elegantes de la audiencia, puede verse en el espejo de detrás del bar. Los oscuramente vestidos caballeros y las damas de largos guantes y anchos sombreros parecen estar más interesados en ellos mismos, o en la audiencia presente en la platea, que en el número del trapecio.
Las botas verdes puede que pertenecieran a la artista americana Katarina Johns, quien actuó en las Folie Bergère en 1881. Su show, una típica mezcla de audaces proezas, provocación erótica e insinuación sexual, atraían enjambres de parisinos y turistas. Sin embargo, la mayor atracción del establecimiento era su clientela: una nerviosa reunión de burgueses de clase media, dandys y "cocottes" llamativamente vestidas. Manet colocó dos de tales damas, amigas suyas, en asientos de palco: la hermosa demi- mondaine Méry Laurent en traje blanco y tras ella, en beige, la actriz Jeanne de Marsy.
El nombre de la joven era Suzon. Y de hecho, realmente trabajaba como camarera en las Folie Bergère cuando Manet le pidió que posara para él en su estudio. Esto es todo lo que sabemos acerca de ella. Lleva un negro, largo, corpiño de terciopelo sobre una falda gris: el uniforme común del personal femenino. En su novela Bel Ami, que apareció en 1885, el escritor y naturalista Guy de Maupassant describe "tres mostradores..., tronando tras los cuales se marchitaban tres camareras; maquilladas hasta las cejas, vendían bebida y amor".
La Suzon de Manet es diferente: su mirada es cautelosa, su complexión, aún joven y sonrosada, no necesita afeites. Es probablemente una chica procedente de uno de los suburbios rurales de París, y quizás fueran su juventud y frescura las que le dieron el trabajo en las Folie Bergère.
La bebida favorita de aquellos que visitaban el Folies Bergère era, por supuesto, el champán. Varias botellas de característica bufanda dorada se alinean en el mostrador. El licor de menta y la cerveza rubia (e inglesa) se incluían probablemente entre las "bebidas americanas" Manet muestra las botellas, incluyendo una inidentificable bebida rojiza, expuestas sobre el mostrador de mármol. Fueron probablemente sus brillantes colores los que le llamaron la atención.
El pintor se hallaba menos interesado en dar cuenta exacta del mostrador - habría puesto el champán en hielo - que en lograr ciertos efectos pictóricos. Ello explica también el artificio de reunir motivos de las Folie Bergère que, en realidad, estaban situados en partes totalmente distintas del edificio. Los tres bares, por poner un ejemplo, estaban en el jardín artificial del entresuelo; es evidentemente imposible que se pudiera ver la audiencia o los palcos desde allí, ni directamente ni reflejados en un espejo.
Más aún, Manet sumergió la escena en una pálida luz diurna que no puede proceder de las rutilantes arañas ni de las brillantes luces eléctricas. Es la luz de su estudio, donde pintó el cuadro. Allí, el artista reconstruyó la escena basándose en un pequeño número de bosquejos los cuales sí que fueron efectuados en el local.
El espejo ilumina lo que de otra manera hubiera permanecido invisible: la camarera, aunque aparentemente sola, es objeto de las lascivas proposiciones de un caballero. El hombre del sombrero de copa es uno más de los incontables dandys, "boulevardiers" y playboys: al igual que las seductoras parisinas, es un estereotípico habitante de la vida nocturna parisina.
El cuadro proporciona al espectador la extraña sensación de ser parte de la escena: como si, en la imagen del dandy reflejado por el espejo de las Folies Bergère, estuviera viéndose a sí mismo. Es una ilusión óptica y la marca de un genio: Manet desprecia a propósito las reglas de la óptica y de la perspectiva, y pinta el espejo tras el mostrador como si estuviera colgando oblicuamente con el plano del cuadro. Sin embargo, esta impresión es simultáneamente refutada por el hecho de que el marco del espejo corre paralelo con el mostrador de mármol.
La imagen frontal de Suzon hubiera excluído normalmente cualquier reflejo de su espalda, y el cliente únicamente hubiera sido visible si hubiera estado entre el bar y el espectador.
El espejo posterior ocupa más de la mitad del lienzo; aparte de la real, viva, figura de Suzon, practicamente todo es irreal, reflejo e ilusión - un símbolo apropiado de la vida nocturna y de sus variados artificios.
Otras obras de Manet
Ciruela con Brandy

Pareja en Pere Lauille

Boceto para la obra Folies Bergere

Parisienne

Baile en la ópera

Café concert



interior de un café




Claude Monet
Otro de los pintores que se unieron a Manet y contribuyeron a desarrollar estas ideas fue un joven pobre y obstinado de El Havre, Claude Monet (1840-1926) Fue Monet el que impulsó a sus amigos a abandonar el estudio y a no dar ni una sola pincelada sino delante del natural. Tuvo una barca equipada como un estudio para poder observar las variaciones y los efectos del panorama del río. Manet, fue a visitarle, y quedó convencido de la honradez del sistema del joven y le rindió tributo pintando su retrato mientras trabajaba en un cuadro al aire libre.
Manet: Retrato de Claude Monet.
Este retrato constituye al propio tiempo un ejercicio según la nueva modalidad defendida por Monet. La idea de éste, según la cual toda reproducción de la naturaleza debía necesariamente construirse sobre el terreno no sólo exigía un cambio de costumbres y un menosprecio a la comodidad del estudio, sino que conducia a nuevos procedimientos técnicos. La naturaleza o el motivo cambian a cada minuto, al pasar una nube ante el sol o al provocar un reflejo sobre el agua una ráfaga de viento.
Cuando se quiere captar algo así fugaz no tiene tiempo para mezclar y unir los colores aplicándolos en capas sobre una preparación oscura, como habían hecho los viejos maestros; debe mezclarlos directamente sobre la tela en rápidas pinceladas, preocupándose menos de los detalles que del efecto general del conjunto. Fue esta falta de acabamiento, esta aparentemente rápida disposición la que enfureció a los críticos. Los jovenes paisajistas en torno a Monet encontraba dificil que sus cuadros se expusieran. Para luchar contra esto organizaron una exposición en el estudio de un fotógrafo, donde había un cuadro de una bahí vista a través de la neblina del amanecer, al que su autor, Claude Monet, le llamó "Impresión. Sol naciente" Un crítico encontró el título risible y llamó a la exposición "impresionista" y de su inicio burlesco pasó a ser uno de los grandes movimientos de la historia del arte. Pero también tuvo un carácter peyorativo el adjetivo "gótico" "barroco" "manierista" en su inicio.
He aquí un artículo de un periódico de Paris de 1876
" La rue le Peletier es un lugar de desastres. Después del incendio de la Òpera ha ocurrido otro accidente en ella. Acaba de inaugurarse una exposición en el estudio de Durand-Ruel, según se dice, se compone de cuadros. Ingresé en ella y mis ojos horrorizados contemplaron algo espantoso. Cinco o seis lunáticos, entre ellos una mujer, se han reunido y han expuesto allí sus obras. He visto personas desternilla´ndose de risa frente a estos cuadros, pero yo me descorazoné al verlos. Estos pretendidos artistas se consideran revolucionarios, "impresionistas". Cogen un pedazo de tela, color y pinceles., lo embardurnan al azar con unas cuantas manchas de pintura y firman con su nombre. Resulta una desilusión de la misma índole que si los locos del manicomio recogieran piedras de la margen del río y creyeran que habían encontrado diamantes"
También los temas indignaron. En el pasado se solicitaban rincones originales de la naturaleza. Algo llamativo, pintoresco. La solicitud era algo absurda, pues se consideraba pintorescos aquellos temas que se veían contínuamente en los cuadros. Claude Lorrain convirtió en "pintorescas" las ruinas romanas; Jan van Goyen convirtió en temas los molinos de viento holandeses; Constable y Turner en Inglaterrra, cada uno en su propio estilo, descubrieron nuevos temas para el arte: Tormeta de nieve: Un vapor a la entrada del puerto de Turner fue un asunto tan nuevo como la manera de tratarlo.
Monet conoció las obras de Turner, las había visto en Londres, donde residió durante la guerra francoprusiana y ellas le confirmaron en su convicción de que los mágicos efectos de la luz y el aire importaban más qu eel tema de un cuadro. Sin embargo, una obra como La gare de Saint-Lazare

ofendió a los críticos. Una estación de ferrocarril como motivo artístico era una insolencia. Monet únicamente captó una escena cotidiana. No tenía interés por la estación en sí, sino por los efectos de la luz filtrándose a través del techo de cristal sobre las nubes de vapor, así como las formas de las máquinas y vagones surgiendo de la confusión. Sin embargo, no hay nada de casual en este testimonio gráfico de un pintor. Monet armonizó sus tonos y colores tan esmeradamente como un paisajista del pasado.
Otras obras de Monet:
La grenouillere

La urraca

Impresión atardecer

Regatas en Argenteuil


Madame Monet

Japonesa

Catedral de Rouen

Waterlilies- Nenúfares



Nympheas

Jardín en Giverny

Los pintores pertenecientes al grupo juvenil de Monet aplicaron sus principios sobre la luz no sólo a los paisajes sino también a cualquier escena callejera o interior.
Pierre Auguste Renoir nos representa un baile en París en su "Baile dle Moulin de la Galette" 
representa un baile al aire libre. Cuando Jan Steen representó una escena de diversión análoga, se esforzó en reproducir los diversos tipos humorísticos del pueblo. Watteau en sus imaginarias escenas de festividades aristocráticas quiso plasmar el modo de ser de una existencia sin cuidados. Hay algo de ambos en Renoir, pues también él tuvo ojos para manifestaciones de una muchedumbre alegre y, a la par, se deleitó creando una belleza gozosa. Pero su interés principal reside en otro aspecto: desea captar la mezcla de brillantes colores y estuidar el efecto producido por la luz del sol sobre el torbellino de la multitud. Incluso comparado con el cuadro en que Manet pintó a Monet en su barca, el de Renoir parece abocetado y sin terminar.
Tan sólo las cabezas del primer término muestran cierta cantidad de detalles, pero incluso éstos están pintados del modo menos convencional y más atrevido. Los ojos y la frente de la mujer sentada están en la sombra mientras que el sol se refleja sobre sus labios y su cutis. Su vistoso traje está pintado conunas cuantas pinceladas sueltas, más audades que las de Frans Hals o Velázquez, pero éstas son las figuras sobre las que se centra nuestra mirada. Más allá, las formas se disuelven cada vez más en la luz del sol y en el aire.
Cuesta entender porqué una obra así despertó tanto desaire en la crítica, pues el aparente abocetamiento no tenía nada que ver con el descuido, sino que era fruto de una gran pericia artística. Si Renoir hubiese pintado cada pormeno, elcuadro hubiera resultado opaco y falto de vida.
Los impresionistas sabían que el ojo humano es un maravilloso instrumento y que sólo había que darle la dirección acertada y él creará la forma total que sabe que debe estar allí. Pero debe saberse como usarlo, como mirar un cuadro. Los cuadros impresionistas no son para hundir la nariz en ellos buscando las pinceladas. El cuadro impresionista toma forma con la distancia. Esa era una lección que los contemporáneos no conocían.
El almuerzo de los remeros

dos hermanas

El palco

el columpio

El baile

Bañistas

Bañistas

Insertamos esta obra de retorno al clasicismo (Renoir fue el más "clásico" de todos los impresionistas) Aquí las figuras humanas, desnudas, tienen perfectamente definidos los contornos, usándose una suave modulación tonal para dar volumen a las formas. El colorido muestra un contraste entre los tonos fríos del paisaje y los cálidos en los cuerpos de las bañistas
Aún cuando la "Mañana soleada en el boulevard des italiens"

de uno de los más viejos y sistemáticos campeones del movimiento, Camille Pisarro, evoca la impresión de un bulevar de París al sol en pleno movimiento, los críticos se sintieron ofendidos ante la exposición de estos bultos informes. De nuevo lo que se sabe se interpone ante lo que se ve. Pero el arte debe aprenderse. Y el tiempo enseñó a ver el arte impresionista.
Aunque la conciencia de su libertad como artistas debió compensarle de las duras críticas. Todo se abría a la paleta del pintor. Temas anodinos y grandes temas. Las composiciones armónicas y el dibujo correcto no importaban tanto como la captación del momento, la luz, el movimiento, el color. El artista ya no debía responder ante nadie, una vez enfrentado a crítica y público, sólo le quedaba seguir sus propias sensaciones.
Pero el impresionismo triunfó rotundamente. Monet o Renoir vivieron lo suficiente como para recoger los frutos de su victoria. La codicia de los coleccionistas por sus obras. La crítica sufrió un duro golpe del que nunca se recuperaría. El artista se elevó sobre el crítico.
Año tras año, el Salón se negó a exponer la obra de Pisarro. Por lo tanto él fue otro de los impresionistas que decidieron exponer por su cuenta en le Salón de los Rechazados.
Comenzó Pisarro influido por Corot y Courbet, con gamas sobrias de colores, verdes austeros y grises sombríos. Su ascensión progresiva hacia la luz coincidió con su descenso en la valoración de la crítica.
Influido por Monet, trabajó con Vignon y Cézanne, adquiriendo un colorido esplendente y comenzó a exponer en todas las exhibiciones de independientes, ayudando activamente a la manifestación del impresionismo .
Pisarro va a ser el impresionista que captará la naturaleza agreste y la vida rústica. Nunca buscó motivos raros ni horizontes excepcionales, ni embelleció las cosas. Por esto sus obras causaron entonces repugnancia, porque el público los consideraba vulgares y groseras, no pudiendo comprender el encanto de aquella sencillez natural. En 1883 enfermó de la vista yno podía soportar la intemperie. Se trasladó su residencia en Ruán, dedicándose a la pintura de escenas urbanas, interiores domésticos y otros asuntos semejantes, y pasando luego a París, donde aumentó su ya gran producción con admirables vistas de la gran ciudad.
Obras de Pisarro.
Boulevard Monmartre

Boulevard Monmartre de noche

Boulevard Monmartre primavera

Boulevard de Monmartre lloviendo

Nieve en Avenida de la Ópera

Nieve en Louveciennes

Calle con nieve

Escena de nieve

L ermitage con nieve
Fruehling in Pontoise
Primavera

Castaños en Osny

Cosecha


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