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TEMARIO ENSEÑANZAS MEDIAS: GEOGRAFÍA, HISTORIA Y ARTE
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  • 19/04/2009 GMT 1

    Tema 62: Velázquez

    mdn @ 14:46

    Qui¿Quén fue Diego Rodríguez de Silva y Velázquez?

    Este hombre fue un genio, un auténtico genio de la pintura. Andaluz de nacimiento, de Sevilla por más señas, nace el 6 de junio de 1.599. A partir de aquí se difuminan los datos que existen sobre su historia personal. Parece seguro que su madre era sevillana, Jerónima Velázquez, de la que tomó su nombre artístico (no por feminista sino por ser propio de la época), y su padre un judío convertido al cristianismo y de origen portugués. Contaba con cinco hermanos menores que él –también propio de la época-. Cuentan los entendidos que la familia pertenecía a la clase social de la burguesía, afirmación lógica si pensamos que cuando Dieguito contaba con 10 años ya estaba estudiando pintura en un famoso taller de Sevilla, el de Francisco Herrera “El Viejo”. Poco estudió con “El Viejo” porque el siguiente año ingresó en el Taller de Francisco Pacheco cuya fama de buen pintor y hombre de cultura superaba a la del anterior maestro. Mientras él estudiaba pintura, aprendía a leer y escribir y se codeaba gracias a D. Francisco Pacheco con los intelectuales y aristócratas de ideas avanzadas de Sevilla, los demás niños, niñas y jóvenes del “populacho” luchaban por sobrevivir trabajando desde temprana edad, la inmensa mayoría de ellos analfabetos, sin cultura ni educación.

     Así que esto es lo que conocemos de su niñez, que ya desde una edad muy temprana apuntaba excelentes trazos de artista, imagínate, con 21 años pintó un cuadro que luego fue muy famoso y que se titula El aguador de Sevilla. Desde luego se sabe que con esta edad ya estaba casado con una hija de su maestro Pacheco, Juana, de la que no se conoce a penas nada, más que le siguió a todas partes como una sombra y que murió siete días después de que lo hiciera él.

     Velázquez fue el pintor de la corte cuando reinaba Felipe IV, siendo además cortesano, o sea ayudaba a otras tareas propias de los reyes y su entorno, y el encargado de proyectos decorativos y artísticos en esta misma corte. Además y gracias a las influencias del rey consiguió diversos títulos nobiliarios que desataron envidias y venganzas a su muerte.

     Poco más sabemos de su vida como persona. Si fue buen esposo, buen padre, buen amigo…se desconoce. También desconocemos su personalidad, si era tacaño o soberbio o tímido, o si por el contrario era atrevido, solidario, amigable… Algunos de estos rasgos podemos adivinarlos por su pintura. La forma de romper moldes, la manera desordenada en la que daba sus pinceladas que componían figuras y colores perfectos…Era un adelantado de su tiempo. Nos tenemos que parar casi 300 años para poder ver algún movimiento en pintura que se asemeje a lo que Velázquez comenzó.
    Por lo demás intentaremos navegar por su vida recorriendo las distintas etapas en las que los “entendidos” dividen su pintura.






     




     


     

     


    Etapa de Sevilla. 

    Ya hemos contado que en 1.609 cuando contaba con 10 años entra a aprender el oficio de pintor en el taller de Francisco Herrera, el Viejo. En 1.610 cambia formando parte del taller de Francisco Pacheco. Aquí conoce las novedades artísticas que llegan de Italia. Se deja atrapar por la corriente tenebrista (colores oscuros, sobre todo en los fondos de las pinturas, la pintura tiene apariencia “tenebrosa”), naturalista y costumbrista (pinta objetos y situaciones muy naturales, como de la vida diaria y de costumbres de aquellos tiempos). En esta época se deja influenciar sobre todo por un pintor italiano llamado Caravaggio. Son de estos años pinturas como: La mulata, El aguador, la Adoración de los Reyes, Mujer friendo huevos  y otras representaciones religiosas y bodegones.

     La mulata

    Este cuadro parece ser uno de los más antiguos atribuidos a Velázquez, pintado alrededor de 1617 cuando el pintor contaba con tan sólo 18 años de edad.
        En él podemos ver una muchacha de color que esta preparando la cena. En el ángulo superior izquierdo se observa una escena a través de una ventana, esta parte se descubrió en 1933 al someter a una limpieza el lienzo. En ella vemos una mesa de comer con Cristo de frente y un hombre con barba a su izquierda, iconografía que representa la cena de Emaus, aunque parece que falta otro personaje a la derecha de Cristo como corresponde a este pasaje, por lo que se piensa que el cuadro se prolongaría hacia la izquierda.
        Velázquez convierte esta escena en algo más que un bodegón, representando en un segundo plano parte de la historia sagrada, recurso que utilizaría también en el cuadro de

    Cristo en casa de Marta y María

        Como en otras obras de esta primera etapa Velázquez nos muestra en este cuadro una escena cotidiana, a la vez que en un segundo plano un pasaje religioso visto  a través de una ventana o reflejado en un espejo. Esta escena representa a Jesús cuando fue recibido en casa de Marta y mientras ésta se dedicaba a las tareas de la casa, su hermana María centraba su atención en Jesús. Dicha escena religiosa de fondo sirve para explicar la primera.
        El personaje de la mujer de mayor edad parece ser la  misma modelo  que  utilizó en la

     Vieja friendo huevos


     

         Este cuadro es, junto con El aguador de Sevilla,una de las mejores obras de la etapa sevillana de Veláquez. En él podemos ver una especie de inventario de utensilios de cocina, retratando en cada uno de ellos hasta el más mínimo detalle.
       Muy bien dibujado, es una composición de gran equilibrio, ,  empleando una gama de tonos cálidos: los marrones de la sombra, el amarillo del melón, el rojo anaranjado de la cazuela, el ocre de la mesa, todos en una armonía graduada por la luz.

    El aguador de Sevilla

     

       Esta obra es calificada por muchos críticos como la mejor de la etapa sevillana. Como en otras obras de esta fase se sigue viendo el interés de Velázquez por las escenas de la vida popular. Algunos autores ven representado en este cuadro una alegoría a las tres edades del hombre: el hombre maduro ofrece al joven una copa de agua que vendría a representar la sabiduría adquirida con los años y la experiencia. Mientras el más joven la recibe con tranquilidad, el mayor (en la penumbra del fondo) la bebe con avidez.
       En esta obra se utilizan también los tonos cálidos: marrones, ocres, rojos, etc

    La adoración de los Reyes Magos

      Éste es el primer cuadro de Velázquez que aparece con fecha, 1619.  Pintado cuando tenía 20 años, un año después de su boda y el mismo año del nacimiento de su hija. Esto hace pensar a algunos críticos que para la representación de la escena haya utilizado como modelos a su propia familia. La virgen sería su esposa, el niño Jesús su hija, el rey Melchor Pacheco, Gaspar el propio Velázquez y Baltasar un criado de la casa.
        Es un cuadro típico de la primera época destacando la iluminación con fuerte claroscuro.

    Luis de Góngora

     

        Este cuadro lo pintó Velázquez a sus 23 años en un viaje que realizó a Madrid con el propósito de abrirse camino en la corte, propósito que consiguió un año después cuando es requerido por el Conde duque de Olivares, protector de sevillanos, para hacer el retrato del rey.      En esta obra se muestra algo más que un mero retrato,  Velázquez nos pone al descubierto la autentica personalidad del poeta.

    Francisco Pacheco

    .

    Este es un retrato de Francisco Pacheco, maestro y suegro de Velázquez. Nacido en 1564, era un hombre  culto y aunque su pintura no llegó a ser relevante, sí que supo orientar bien a sus alumnos. 
        También fue tratadista y escribió "El arte de la pintura", obra importante dentro de la teoría artística de España, publicada póstumamente en 1649.

    Santo Tomás

        Este cuadro parece pertenecer a una serie que Velázquez pintó de los doce apóstoles.
        Es de destacar la apariencia escultórica de los grandes pliegues del manto, propia de la talla sevillana de esa época.
        Volvemos a observar el uso del claroscuro de clara influencia caravaggiesca.

    En 1.617, con 18 años es examinado por el gremio de pintores de Sevilla, lo que le permite abrir un estudio y ejercer libremente su oficio.
    Sevilla era una ciudad rica y próspera pero el futuro de un pintor estaba limitado porque los principales clientes eran los monjes y además de éstos no había muchos coleccionistas privados para poder vivir digna y desahogadamente de la pintura. Así que el joven Velázquez hizo caso de lo que Pacheco le aconsejaba y marchó a Madrid, al corazón del reino donde desde 1.621 reinaba Felipe IV y era ministro omnipotente un ilustrísimo andaluz y sevillano también, el conde-duque de Olivares Don Gaspar de Guzmán.


    Primera Etapa de Madrid 

    En 1.621 Velázquez realiza su primer viaje a Madrid buscando, además de poder contemplar y aprender de las colecciones de pintura reales, establecerse como pintor de la corte. No lo consigue y regresa a Sevilla. De este viaje se lleva la influencia de la pintura flamenca e italiana de las colecciones reales, que plasmará con maestría en el retrato a Góngora famoso escritor andaluz y cordobés que conoció en esta aventura

    Autorretrato

        En un principio algunos autores no atribuían a Velázquez este lienzo, debido a la dureza de su factura. Aunque, recientemente sí lo han hecho,  no está claro que sea su  autorretrato sino el retrato de un hermano que le sirvió de modelo también para otros cuadros.
        Es una pintura donde el dibujo está muy cuidado, mostrando el autor gran destreza en el modelado de la figura.

    El conde-duque de Olivares

        Don Gaspar de Guzmán, Conde Duque de Olivares, fue valido del rey Felipe IV, cuando éste a sus 16 años,  tras la muerte de su padre, comenzó su reinado.  Velázquez realiza este retrato tras el que le hace a Felipe IV, que quedó maravillado por el resultado obtenido por el maestro. 
          En este lienzo representa al Conde Duque de olivares con la llave de mayordomo o camarero real en el cinturón, las espuelas de oro de caballerizo mayor, la cruz de Calatrava bordada en el pecho y la gran cadena que a modo de bandolera nos desvela su posición social en la corte.

    El geógrafo

    Esta obra fue en un principio atribuida a José Ribera, pero en base a estudios de otros cuadros muy parecidos parece claro que pertenece a Velázquez. 
        El geógrafo es un personaje con aire chistoso, que nos muestra la Tierra como un objeto de locura o disparate, mirándonos a los ojos para atraer nuestra atención.

    Retrato

     

       Este cuadro parece pertenecer a una serie que Velázquez realizó a amigos suyos en periodos de poca actividad. El traje y las manos están inacabados centrándonos la atención en la cabeza, en la que Veláquez nos demuestra una vez más su habilidad para captar el sentimiento y la personalidad del retratado. 

    En 1.623 vuelve a Madrid, reclamado por el conde-duque de Olivares para pintar un retrato del rey Felipe IV y el monarca le nombra pintor de cámara.

     

      Este es un retrato oficial del rey Felipe IV cuando todavía era muy joven. Va de negro y se observan las normas de la "pragmática austeridad" que él mismo había dictado para la corte, donde prohibía trajes ostentosos y joyas excesivas. En las manos podemos verle los dos símbolos de su misión de rey: un papel o memorial en la derecha, relativo a sus obligaciones burocráticas y  la izquierda apoyada en una espada, instrumento de su papel de defensor del país.

    Desde entonces Velázquez, con 24 años, se convierte en pintor de un único cliente, su rey, y funcionario responsable de la imagen del soberano y de su familia, encargado, además, de la conservación y valorización de los bienes artísticos y arquitectónicos de la corona.
    En esta etapa se dedica sobre todo a retratar al rey y a la familia real, resaltamos las obras: El infante Don Carlos,

        Éste es un retrato del hermano del rey Felipe IV, muerto a los 21 años de edad.
        El infante se sitúa en una habitación definida por las líneas que marcan el nivel del suelo, sobre el que se ve la sombra arrojada del modelo. Está representado con traje negro, llama la atención la definición de los efectos de luz sobre el negro, creando diferentes tonos y texturas descritas por la manera de incidir esta luz sobre la tela.

    Busto de Felipe IV

    Existen dudas sobre la fecha de realización de este cuadro, ya que algunos autores piensan que es un fragmento del retrato ecuestre que Velázquez pintó cuando llegó a la corte y que fue víctima del incendio del Alcázar en 1734. Si se trata de este cuadro puede remontarse a la fecha a 1623.
        En este retrato llama la atención la colocación de la cabeza, que parece estar separada del cuerpo por la gola, suponiendo que Velázquez la pintara del natural para posteriormente añadirle el cuerpo.
         En el cuadro la pincelada ya va siendo menos cargada apareciendo cada vez más las trasparencias, sin tantos contrastes de luz y sombra.

     pero además aborda temas de la mitología clásica como El triunfo de Baco  popularmente conocido como “Los borrachos”.

       En este cuadro representa al Dios del vino, Baco, rodeado de personajes variopintos. Velázquez hace una interpretación del mito con un toque de ironía, Baco aparece sentado sobre un tonel coronando a un muchacho, mientras él mismo es coronado por otro muchacho semidesnudo. Los demás personajes que aparecen junto a Baco parecen mendigos o pícaros de taberna.
        En el colorido predominan lo tonos cálidos destacando la iluminación del Dios del vino sobre los demás personajes.


    El depender exclusivamente del rey le dio una posición de privilegio que le permitió viajar a Italia para conocer “in situ” el arte contemporáneo y el clásico.


    Primer viaje a Italia. 

    Lo realiza en 1.629. Visita Venecia, Ferrara, Bolonia y Roma. Se da cuenta de que la “moda Caravaggio” está decayendo y empieza a emerger una nueva tendencia a la que se le llamará Barroco.
    En Roma permaneció durante un año. Muestra de este periodo son dos pinturas de paisaje El jardín de la Villa de Los Médicis.

     Después viaja a Nápoles, donde conoce a Ribera, un importante pintor.
    En este viaje estudió el arte del renacimiento y de la pintura italiana de su tiempo. Influenciado por estos estilos pinta

     La túnica de José

     

       Este cuadro, junto con La Fragua de Vulcano  lo  trajo Velázquez tras su viaje a italia y en ellos reflejó todo el conocimiento adquirido en ese viaje. Se puede ver la influencia del academicismo romano de moda en Roma por esa época. Velázquez abandona el Barroco caravaggiesco decantándose por una tendencia más clásica.
         El tema de este cuadro hace referencia a una escena bíblica en la que se narra cómo los hermanos de José le venden, a una caravana de ismaelitas, por envidia. Para engañar a su padre matan un carnero y con su sangre manchan la túnica de José para hacerle creer que había muerto despedazado por una fiera. 

    La Fragua de Vulcano.


        Realizado como su compañero, La túnica de José, durante el primer viaje a Italia, se puede observar la influencia del clasicismo sobre todo en la pose de la figura de espaldas.
        Trata un tema mitológico, el momento en el que Apolo aparece en la fragua de Vulcano para comunicarle que su esposa le es infiel con Marte.
         Como en sus obras anteriores los tonos utilizados por Velázquez  van desde los ocres claros a los marrones oscuros, destacando las tonalidades encendidas del manto de Apolo y del trozo de metal incandescente sobre el yunque.

     Doña María, reina de Hungría

     Este cuadro lo pintó Velázquez en Nápoles, durante su primer viaje a Italia,  para llevárselo al rey a su vuelta.
        En él vemos a la reina de Hungría, hermana de Felipe IV, con su rostro enmarcado con una gola de tono gris. El cuadro tiene un aire de calidez y delicadeza acentuados por los tonos ocres utilizados por el pintor en su realización.


    Segunda Etapa de Madrid. 

    Tres años después regresa a Madrid, en 1.631 donde la primera obra que realizó fue la del retrato del hijo y heredero de Carlos IV, Baltasar Carlos, que nació en su ausencia y que el rey no quiso que fuese pintado por ningún otro artista.
    Se compromete a la decoración del palacio del Buen Retiro, que era la residencia del Conde-duque de Olivares. Para este menester fue ayudado por otros pintores, aunque fue Velázquez el que realizó las obras más importantes, los retratos ecuestres del rey y del pequeño príncipe y La Rendición de Breda, grandiosa obra donde se sintetiza todo lo aprendido en Italia.

    Cristo Crucificado

        Este cuadro fue pintado para el convento de Benedictinas de San Plácido, y forma parte de un grupo de obras de tema religioso que Velázquez pinta a comienzos de los treinta: Cristo en la cruz, la Tentación de Santo Tomás y el Cristo tras la flagelación.
        Se vuelve a ver en esta obra un marcado clasicismo romano en la manera de resolver la anatomía del cuerpo de Cristo.
        Velázquez conjuga en este cuadro el clasicismo descrito y la tradición española, colocando la figura sobre un fondo oscuro como lo están los Cristos de Zurbarán, incluso queda algo del claroscuro de la corriente tenebrista.

    Cristo en la Cruz

     Este cuadro es de los pocos que aparecen firmados por el autor dejando fuera de dudas su autoría. Fue descubierto después de la guerra civil en el convento del Sacramento de Madrid, las monjas se lo ofrecieron al Estado a cambio de la restauración de su templo.
        Esta obra, de marcado carácter dramático, contrasta con la serenidad del otro Cristo crucificado realizado en las mismas fechas por Velázquez.

    El principe Baltasar Carlso con un enano

         El Príncipe Baltasar Carlos, hijo de Felipe IV y de Isabel de Borbón, nació en Madrid en 17 de octubre de 1629. En esta fecha Velázquez se encontraba de viaje por Italia por lo que a su regreso tras un año y medio de ausencia lo primero que hace es el retrato del príncipe, ya que el rey no había querido que lo retratase ningún otro pintor.
        Aparece el príncipe en este pintura con traje verde bordado en oro, su mano izquierda esta apoyada en el pomo de la espada y la derecha sostiene el bastón de mando, todo ello emblemas de su condición de general en jefe.
        La figura del enano, es distinta, esta tratada con un trazo más libre. Su actitud despreocupada y relajada contrasta con la encorsetada del príncipe que ya desde pequeño parece aguantar el peso de su cargo.

    La tentación de Santo Tomás

    Este cuadro ha sido atribuido a varios pintores, entre ellos Nicolás de Villacis y Alonso Cano.
        El lienzo representa una escena en la que se ve a Santo Tomás caer extenuado tras luchar para vencer la tentación, ya que los hermanos de su congregación habían introducido una prostituta en su habitación para apartarlo de la vida religiosa. Santo Tomás hace huir a la muchacha amenazandola con un madero ardiendo. Tras esto cae extenuado y es ayudado por dos ángeles, uno le recoge y el otro le pone la cinta blanca símbolo de castidad.
        El tema del cuadro es atípico en la obra de Velázquez poco dado a pintar vLa flagelación de Cristoidas de Santos.

     Representa este cuadro a Cristo tras la flagelación contemplado por una niña acompañada de un ángel, símbolo del alma cristiana a la que Cristo dirige la mirada con expresión de dolor.
        Destaca en este cuadro la composición, la armonía de colores y la influencia italiana reflejada en la perfecta anatomía del cuerpo de Cristo.

    El bufón Pablo de Valladolid

    En este cuadro aparece un bufón de palacio, Pablo o Pablillos de Valladolid. Viste todo negro y su  silueta se recorta sobre un fondo liso de color claro, adivinándose el nivel del suelo sólo por la sombra que arroja la figura.
        Velázquez introduce una nueva visión del espacio, un espacio neutro, sin referencias, que cautivaría transcurridos más de 200 años a pintores como Manet.La rendición de Breda

     Este cuadro conmemora el décimo aniversario de la rendición de la plaza fortificada de Breda al ejercito español de Ambrosio de Spínola. Representa el momento en que Justino Nassau entregan las llaves de la ciudad al general victorioso.
        Es de destacar las grandes dimensiones del lienzo y la composición que divide al cuadro en dos partes, en un lado los vencedores y en el otro los vencidos quedandose la llave  justo en el centro.
        Algunos autores piensan que la cabeza que aparece con sombrero de plumas en el borde derecho del cuadro era un autorretrato de Velázquez.

    El conde-duque de Olivares

       Este lienzo representa a Don Gaspar de Guzmán, conde-duque de Olivares a caballo en posición de corveta queriéndose equiparar a los retratos del rey,  ya que ésta era la posición reservada para ellos, mientras que para las reinas la pose era al paso.
       Este retrato se corresponde con el momento de mayor apogeo para el conde.

    Felipe IV de caza

    Este retrato pertenece a una serie de cuadros que le encargan a Velázquez para la Torre de Parada en el Pardo, en la que los miembros de la familia Real aparecen vestidos de acuerdo con esta actividad.
        El rey aparece con una pose elegante, ataviado con un traje de caza sencillo sin más detalle de riqueza que el cuello de encaje. La elegante sencillez de Felipe IV contrasta con los aires de majestad de su ministro Olivares.

    Felipe III a caballo

        Este lienzo forma parte de un grupo de cinco retratos ecuestres de la familia real española: Felipe III  y su esposa, Margarita de Austria, Felipe IV, su esposa Isabel de Francia y el hijo de ambos Baltasar Carlos , destinados a la decoración del Salón de Reinos del palacio del Buen Retiro.
        Felipe III aparece a caballo, en posición de corveta, tocado con las joyas de la familia real de Austria entre las que se encuentra una gruesa perla que adorna su sombrero llamada "la Peregrina".

    Margarita de Austria a caballo

     Retrato ecuestre de Doña Margarita de Austria, pintado para el Palacio del Buen Retiro, al igual que el de su esposo el rey Felipe III.   

    Baltasar Carlos a caballo

     Vemos en este retrato ecuestre al príncipe Batasar Carlos, hijo de Felipe IV y de su primera esposa la reina Isabel de Francia. Al igual que los otros retratos ecuestres fue realizado para el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro.
        Aparece en este retrato con las insignias de general que llevaba también en el retrato que Velázquez le hizo cuando tenía año y medio. Cuenta ahora con unos seis años de edad y  ya demuestra la responsabilidad de educarse para la guerra y el gobierno.

    El niño de VAllecas

       Este lienzo representa a un enano llamado Francisco Lezcano, conocido como "El Vizcaíno" que fue bufón del príncipe.
        Al igual que los demás retratos de bufones, Velázquez hace un verdadero estudio de la psicología del personaje mostrándonoslo tal y como es, sin complacerse de su deformidad física.
         Los ocres y los verdes son los tonos predominantes, destacandose la firmeza y la pastosidad de la pincelada.

    Menipo

    Este cuadro representa al filósofo griego Menipo, que llegó como esclavo a Fenicia y se enriqueció con la usura, pero perdió toda su fortuna y cayó en la más absoluta desesperación.
        Velázquez lo representa con aire de mendigo, tapado con una capa vieja y con una mirada desafiante.
        A los pies del personaje el autor ha pintado un libro encuadernado en pergamino apoyado en un rollo de papel, emblemas de una filosofía que no sirve para vivir y que el personaje abandona.
        Este cuadro forma pareja con el del también filósofo Esopo, que

    Velázquez pintó para decorar la Torre de Parada.

    Esopo

    Velázquez representa aquí a Esopo, fabulista griego. Y al igual que a Menipo lo representa como si fuera un vagabundo, con ropas harapientas y desaliñado. La utilización como modelos de personajes de este tipo es una constante en la pintura de Velázquez, y se aprecia en obras como El triunfo de Baco, El Aguador de Sevilla, etc.

    Marte

     En este lienzo Velázquez sigue con su interpretación irónica de las divinidades mitológicas, representando aquí a un Dios de la guerra totalmente desmitificado.
        Este dios forma parte de una serie de figuras irónicas de personajes de la tradición clásica, como Menipo y Esopo y también fue destinado a la decoración de la Torre de Parada.autorretrato

    Éste es un autorretrato de Velázquez cuando contaba con unos 40 años de edad. Es de los pocos retratos que quedan del autor junto al que parece ser también su autorretrato cuando tenía unos veinte años y el indiscutible de Las Meninas con aproximadamente unos 50.

    La coronación de la Virgen

        Este cuadro fue pintado para el oratorio privado de la reina en el Álcazar madrileño. 
        La composición se parece mucho a otra obra del mismo tema de El Greco, pero Velázquez la dota de una humildad que no logra reflejar la obra de éste. La escena es difícil de imaginar con otro orden, con el Padre a la derecha, el Hijo a la izquierda y el Espíritu Santo en forma de paloma volando sobre la cabeza de la Virgen.  Velázquez le ha sabido dar su toque de originalidad, dotando a los personajes de una pose de Don Sebastián de Morraincreíble naturalidad

       Don Sebastián de Morra fue bufón del infante D. Fernando y posteriormente entra al servicio del príncipe Baltasar Carlos, con el que estuvo hasta su muerte.
        Destaca de este cuadro el bello colorido utilizado por Velázquez: los carmesíes, dorados, verdes, blancos y azules lo hacen comparable a las mejores obras de la última etapa del pintor.

    Sibila

    Según los atributos con que Velázquez representó a esta mujer parece que representa a una Sibila (figura de la mitología griega que tenía el poder de profetizar acontecimientos en estado de trance inspiradas por el Dios Apolo).
        Es de destacar la frescura y espontaneidad de la pincelada con que Velázquez resuelve este retrato.



    Segundo viaje a Italia. 

    Lo realizó en 1649, con 50 años, ya en plena madurez, y su misión era la de adquirir cuadros para coleccionistas reales. Adquiere varias obras, de Tintoretto, de Veronese…e intercambia obras suyas por otras. Así deja en Italia su Retrato del Siervo Juan Pareja y El retrato de Inocencio X, que pronto se convierten en ejemplos a seguir por los artistas italianos de la época. Conocemos la anécdota de que tras posar su siervo Juan Pareja para que Velázquez se familiarizara de nuevo con los pinceles en este viaje, éste le concedió la libertad absoluta en diciembre de 1650.
    Junto a la adquisición de obras de arte tenía otro encargo que era el de llevar pintores de frescos para terminar de decorar el Alcázar. Así, entre diligencias para solventar estos menesteres y algún que otro escarceo amoroso documentado, Velázquez permanece dos años y medio en este adorado país.

    Villa Médicis

    Este es un paisaje que Velázquez pintó del natural en uno de sus viajes a Italia por lo que no está claro la fecha de su realización. Existe otro paisaje del mismo lugar al que se le llama El mediodía para distinguirlo de éste al que se le conoce como La tarde.
        En este cuadro y en su compañero, El mediodía,  sorprende la visión que Velázquez refleja del paisaje. Un instante recogido fugazmente, como lo harían los pintores Impresionistas 2 00 años más tarde

    Cardenal Camillo Astalli

      Este es uno de los retratos realizados durante el segundo viaje a Italia. Podemos ver al cardenal con el tocado propio de su cargo, con una expresión sumamente reservada que no llega a comunicar  apenas nada.

     Venus del Espejo

      Llegamos a uno de los cuadros más conocido de Velázquez. Considerado como una de las obras maestras, no sólo del autor, sino de toda la pintura europea del siglo XVII.
        Parece ser que este cuadro lo hizo para la colección privada del Marqués de Heliche, sobrino del Conde duque de Olivares.
        Velázquez representa a Venus de espaldas y recostada, actitud ésta que ningún otro pintor había usado para representar este  tema mitológico. La figura del niño representa a Cupido, hijo de Venus y que simboliza el Amor, que sostiene un espejo a la Diosa Venus, la Belleza. Llama la atención como el Amor ( el niño) tiene las manos atadas con una cinta, lo que parece aludir a una metáfora por la que el amor sería preso de la belleza, que desdeñosa sólo se contempla a sí misma, símbolo de vanidad.

     Juan Pareja

       En este cuadro Velázquez retrata a su siervo Juan de Pareja durante el segundo viaje a Italia. Lo realiza antes de hacer el retrato del Papa Inocencio X, para practicar y soltar la mano ya que quería que el cuadro del Papa le saliera perfecto para así impresionar al pontífice.
        Se cuenta que Pareja aprendió a pintar viendo a su maestro, llegando incluso a pintar cuadros a escondidas, cuadros que impresionaron al propio rey que llegó a decir que alguien que poseía esa habilidad no debería ser esclavo. Velázquez que parecía estar al tanto de esa habilidad no puso obstáculo para conceder la libertad a su siervo.

     

     Papa Inocencio X

    /

       De este retrato del Papa, pintado inmediatamente después del de Pareja , se ha dicho que es el mejor retrato de toda Roma. Velázquez consigue en este cuadro, sin apartarse de los esquemas tradicionales de retratos pontificios, imponer su personal toque de novedad. Sorprende por su veracidad y el estudio psicológico del personaje, hasta el punto de que el propio retratado exclamó "demasiado real" al verlo.
        En el cuadro dominan los tonos rojos que destacan especialmente en la luz reflejada en la capa que cubre los hombros de Inocencio X.

     


    Tercera etapa madrileña. 

    Velázquez vuelve a Madrid en Junio de 1651 después de innumerables llamamientos por parte del rey. Para decorar una de las salas del Alcázar con motivos mitológicos pintó cuatro obras de las que sólo queda una, Mercurio y Argos.
    En esta etapa se supone que también pintó dos de sus obras más conocidas. Se tienen dudas sobre la fecha de su creación pero la mayoría de los entendidos piensa que fue en estos años. Nos referimos a La Venus del Espejo, pintada para un poderoso noble, en la que el desnudo femenino, del que apenas hay obras en el arte español de la época, se muestra de una manera natural y plena. La otra obra es Las Hilanderas o Fábula de Arácne que nos muestra toda un conglomerado de situaciones mitológicas difíciles de entender.
    En el año 1656 realiza lo que todos están de acuerdo en llamar “su obra maestra”: Las Meninas.
    En esta época sus deberes como cortesano le ocupan tanto tiempo que muchas de las repeticiones de los retratos más o menos oficiales se las encargaba a su yerno, el pintor llamado Mazo.
    En 1659, cuando contaba con 60 años, y después de vencer algunas dificultades con la nobleza de aquel tiempo, Velázquez es nombrado caballero de Santiago, lo que lo encumbra en lo más alto de la vida social española.
    Velázquez muere, tras una corta enfermedad el 6 de agosto de 1660. Tras su muerte, algunos enemigos que se fue haciendo en vida lo acusaron de haberse enriquecido con dinero de la corona. Sus bienes fueron confiscados, pero después de algunas averiguaciones, Velázquez quedó limpio de culpa.
    Como veis, de la vida de Velázquez no queda mucho escrito. Su devoción por Italia hace pensar que estaba algo constreñido ante el modo de vida en la España del siglo XVII, ante las obligaciones palaciegas y de la pintura, que anhelaba algo de libertad. Esta libertad la demostró en los trazos de su pintura. Estudiadla a fondo y comprenderéis su espíritu.

     

    Busto Infanta María Teresa

    En este retrato, realizado por Velázquez a la vuelta del segundo viaje a Italia, podemos ver a la infanta con unos 13 años de edad.
        Esta cabeza parece que perteneció a un lienzo  de tamaño mayor, donde aparecería de cuerpo entero.
        Durante esta época se hicieron varios retratos de la infanta con el propósito de enviarlos a las cortes de Viena, París y Bruselas con el fin de buscar un marido para ésta.  Al final contrajo matrimonio con el rey de Francia Luis XIV.

    Infanta Margarita

     Retrato de la Infanta Margarita, hija del rey Felipe IV y de su segunda esposa y sobrina, doña Mariana de Austria. Contaba con unos tres años de edad cuando Velázquez realizo este retrato. Posteriormente la retrataría unas cuatro veces más entre las que se encuentra el último cuadro que realizó y que terminaría después de su muerte su yerno, Juan Bautista del Mazo. Estamos hablando del retrato de la Infanta Margarita adolescente.

    Felipe IV

      Éste es uno de los últimos retratos que Velázquez pintó del rey Felipe IV (tendría aproximadamente unos 50 años). Después nadie más le retrataría.
        Aparece Felipe IV sin ningún signo de Majestad, ataviado con traje negro y fina golilla reflejo de su carácter austero. En este retrato las facciones reales empiezan a reflejar cierta fatiga y tristeza quizá debido a los problemas políticos que por esa época se multiplican.

    Las Meninas

     Nos hallamos ante el cuadro más famoso de Velázquez, conocido como Las meninas (muchachas que entraban al servicio de la reina o de las infantas como damas de honor).
        La escena representa a Velázquez  mientras está realizando el retrato de la familia real. Además del autor, a la izquierda vemos a doña Angustias de Sarmiento, que ofrece un búcaro a la infanta Margarita. Doña Isabel de Velasco que comienza una reverencia, la enana Mari Bárbola y  a su lado el niño Nicolás Pertusato que molesta con el pie al mastín que está descansando. En segundo plano vemos a dos nobles religiosos, doña Marcela de Ulloa y don Diego Ruiz de Azcona. El el fondo, en el vano de la puerta, podemos ver al mayordomo de palacio Don José Nieto Velázquez.. En el espejo colocado al lado de la puerta se reflejan los bustos de la reina Mariana de Austria y del rey Felipe IV.
        Velázquez consigue, con un uso magistral de la perspectiva, involucrar al propio espectador en la escena incluyéndolo como un personaje más que visita su estudio.
        Velázquez aparece  ataviado con su mejor traje, dejando claro su condición de caballero, dignificando así el arte de pintura que era considerado por sus contemporáneos como un trabajo artesanal impropio de los intelectuales. La pose del pintor  más que de pintar es de reflexionar, demostrando la base intelectual de la pintura.

    Las hilanderas

     Hay varias interpretaciones de lo este cuadro nos viene a contar. Para algunos autores representa la visita de tres damas a la fábrica madrileña de tapices de Santa Isabel, pero para otros representa un episodio de la "Fábula de Aracne". Según cuenta la leyenda las mujeres de toda Lidia acudían a contemplar los tejidos que elaboraba Aracne. La diosa Minerva se molestó al enterarse de que ésta, una doncella de Lidia, presumía de ser la mejor tejedora de tapices y se había permitido representar a Júpiter, padre de Minerva. La diosa castigó a la artesana convirtiéndola en araña, obligándola a tejer eternamente su tela.
        El lienzo contiene detalles de indudable maestría como la representación de la rueda que maneja la vieja, sin radios para dar la impresión de movimiento. El dominio de las gamas cromáticas es pleno y la pincelada es casi etérea.

     

    Mercurio y Argos

        En este cuadro Velázquez vuelve a darnos su visión personal de un pasaje mitológico. Toma un episodio de la Metamorfosis de Ovidio y representa a Mercurio, a quien Zeus ha encargado dar muerte a Argos.
        Destaca la pincelada suelta con poca pintura y la luz homogénea, casi impresionista.

    Infanta Margarita a los ocho años

    Destaca en esta obra el grado de desarrollo técnico que Velázquez adquirió, produciendo la admiración de todos los pintores que le sucedieron. El impresionista Manet quedó admirado de la destreza de su arte y del perfeccionamiento en el trato de la luz.. Velázquez nos lo pone de manifiesto en el trabajo que  hace en el traje de la infanta en el que pincelada tras pincelada la luz va revelando las formas.

    Infanta Margarita adolescente

     Este retrato representa a la hija mayor del rey Felipe IV, que terminaría casandose con el Emperador Leopoldo de Austria, tío suyo y con el que tuvo seis hijos.
        Velázquez representó a la Infanta Margarita en numerosas ocasiones (La Infanta Margarita a los tres años, La Infanta Margarita a los ocho años) ofreciéndonos una visión completa de su crecimiento.
        Este cuadro parece ser el último que pintó Velázquez antes de su muerte y  al no poder ser terminado por el maestro se encargó de hacerlo Mazo, su yerno.

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