INTRODUCCIÓN AL ARTE BARROCO
El estilo Barroco se constituye en Italia durante el último tercio del siglo XVI. El término "Barroco" fue empleado por los comentaristas de una época posterior que combatieron las tendencias del siglo XVII y quisieron ridiculizarlas: A la palabra barroco se le atribuyó un sentido peyorativo, (procede de la voz portuguesa barrueco, perla irregular, o del modo del silogismo barroco caracterizado por lo artificioso, lo absurdo, lo grotesco) . A lo largo de mucho tiempo se le consideró deshonroso y una simple degeneración del Renacimiento.
En la segunda mitad del siglo XIX el crítico suizo Heinrich Wölfflim dieron a la palabra un significado más objetivo, refiriéndose al arte del siglo XVII y principios del XVIII y definieron como barrocas determinadas características como: búsqueda del movimiento, gusto por lo ondulado, lo sugerido, lo infinito, los juegos de luz y espejos, los efectos luminosos. En resumen lo teatral y escenográfico, lo fastuoso.
Si bien el Barroco conserva, en principio, las formas propias del Renacimiento, estas fueron modificadas con aportaciones de arte medieval y con aportaciones nuevas, modificandolas hasta hacerlas más flexibles e imprimirles una movilidad y un sentimiento desbordante, hasta alejarlas del equilibrio y del clasicismo renacentistas.
Lo Barroco abarca todo el siglo XVII y se prolonga durante los dos primeros tercios del siglo XVIII, en algunos países incluso se prolonga todo este siglo.
Para comprender este estilo es preciso ponerlo en relación con la sociedad y el ambiente espiritual de su época.
La geografía del siglo XVII no es difícil de definir. Uno de los centros más influyentes es la Roma papal, centro de un arte contrarreformista que deriva hacia un barroco exuberante. Cercana ideológicamente a Roma está la Corte española de los Austria, con centros neurálgicos como Sevilla, Toledo y Madrid, en la península Ibérica, y Nápoles, Lombardía y Flandes, en el exterior.
A causa de la eclosión del protestantismo, la cristiandad europea había atravesado una profunda crisis. La Iglesia Católica tardó en reaccionar, lo hizo con el Concilio de Trento (1545-1563). Con él llegó un periodo de renovación, que se animó con la creación de numerosas órdenes religiosas, reconquista de territorios espiritualmente perdidos, y el desarrollo de una importante actividad cultural.
Es en este contexto es donde surge un arte adecuado a la renovación religiosa, especialmente apto para transmitir al pueblo el contenido de los dogmas y propiciar la difusión del culto a los santos y a la Virgen. La época del Barroco ‘triunfalista’ fue también la de los grandes santos y místicos.
Pero el Barroco no fue un arte exclusivamente religioso, también tuvo en seguida una vertiente secular muy importante.
Los siglos XVI y XVII fueron época de afianzamiento de las monarquías europeas, y donde se pusieron los cimientos del Estado moderno, burocrático y centralizado. El Barroco convenía mejor que ningún otro estilo a estas necesidades de lujo y boato, y su difusión concordaba bien con los gustos de la opinión general de aquella época, en la que entraban a la vez el gusto popular por el espectáculo, y la convicción de los teóricos políticos de que el poder sólo se realza adecuadamente si se manifiesta a los ojos de todos por un brillo fastuoso.

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