El Renacimiento en Alemania
Renacimiento alemán
El renacimiento artístico no fue en Alemania una tentativa de resurrección del arte clásico, sino una renovación intensa del espíritu germánico, motivado por la Reforma protestante
Durero fue una figura dominante del Renacimiento alemán. Su obra universal, que ya en vida fue reconocida y admirada en toda Europa, impuso la impronta del artista moderno, uniendo la reflexión teórica con la transición decisiva entre la práctica medieval y el idealismo renacentista.
Alberto Durero es el artista más famoso del Renacimiento alemán conocido en todo el mundo por sus pinturas, dibujos, grabados y escritos teóricos sobre arte, que ejercieron una profunda influencia en los artistas del siglo XVI de su propio país y de los Países Bajos. Durero comprendió la imperiosidad de adquirir un conocimiento racional de la producción artística.
Tras la Reforma el mecenazgo de la nobleza alemana se centró en primer lugar en la arquitectura, por la capacidad de ésta para mostrar el poder y prestigio de los gobernantes.
Así a mediados del siglo XVI se amplia el castillo de Heidelberg, siguiendo las directrices clásicas. Sin embargo, la mayoría de los príncipes alemanes prefirieron conservar las obras góticas, limitándose a decorarlas con ornamentación renacentista.
Dürer
Dürer (Durero en español) es uno de los individuos más interesantes que produjo el renacimiento. La diferencia con otros artistas renacentistas radica en la conciencia histórica e intelectual que caracteriza el arte y la vida de Durero. En la necesidad de ir más allá del repertorio figurativo consolidado en los países del área germánica.
En la Alemanía todavía feudal con un emperador universal y una red de pequeños vasallos, cada uno en su terreno, en su jurisdicción, el artista no es tan siquiera un cortesano del tipo de las cortes del Renacimiento italiano y menos aún un emprendedor libre como en la burguesía holandesa. Aquí es un paje, un doméstico sin mucho lugar para la investigación o la expresión individual.
Los ojos de Durero captan este mundo todavía sumergido en la religiosidad gótica, la fe mezclada con miedo y resignación. Sus criaturas son frágiles, de vida difícil.
Los santos y demonios de Pacher, las estampas amenazadoras de Shongauer, las imágenes agitadas y visionarias de Grünewald, los bosques y las selvas sombrías de Altdorfer son la traducción en imágenes de esa condición humana espiritualmente encerrada en sí misma.
Es esta prisión la que rechaza Dürer. Su rebeldía le llevará más allá del paraíso renacentista. Será una insatisfacción constante.
Retrato del padre del Artista

Es evidente el afecto del artista por el retratado. El realismo minucioso revela la influencia flamenca de su primera época de formación: limpieza del arte de buril, energia del contorno, introspección carácter humano.
El rostro visto de tres cuartos, el estudio cuidadoso de las manos, la concordancia de tonos, marrones del traje y el sombrero y las sombras de las manos, con el fondo verde con manchas azules y los matices de la tez, la habilidad de captación del detalle - cejas, cabello, barba- preludían el gran Durero del futuro.
Autorretrato con flor de cardo

El cuadro lleva la incripción "las cosas me van como lo han ordenado allá arriba" Una declaración de fe y resignación de un joven Durero.
La rama del cardo es el símbolo de la fidelidad conyugal. Probablemente fue un regalo para su prometida Agnes Frey. O quizá sea un testimonio de fidelidad a Cristo ( L.Grote)
Sea como fuere el retrato es magnífico. Eso es lo que importa. Durero anima los tonos que viéramos en el retrato de su padre. Introduce un color nuevo, hace resurgir los rosados y los rojos, el amarillo de su cabellera, los bordados del vestido mezclados con una fría gama de verdes.
El contorno es lineal. Neto. Casi cortante, con precisión de grabador.
Virgen adorando al Niño

Durero pintó dos polípticos par ala capilla palatina de Wittenberg, uno de ellos se componía de una tabla central con la virgen adorando al niño, y dos paneles laterales con San Antonio y San Sebastián.
La dureza relativa del trazado, los elemetnos de la naturaleza muerta en el priemr plano y la perspectiva interior recuerdan las pinturas de Mantegna. Pero si se estudia la expresión tan especial, casi de sufrimiento, de la Virgen, resulta todavía más chocante el Niño que no parece dormido sino moribundo. La imagen no es sorprendente si se piensa en los numerosos textos teológicos relativos a la Pasión de Cristo en los que el sueño de la infancia se compara al sueño del amuerte. La construcciónd e laperspectiva es notable; dos muros laterales delimitan el espacio de la habitación, espacio al que se accede a través del escorzo del atril, con el libro abierto que aumenta la impersión de espacialidad. La perspectiva interior se continúa a la izquierda con otra habitación en la que se ve a San José trabajando, y a la derecha al fondo de la ventana con una búsqueda de multiplicación del espacio.
Retrato de Oswolt Krel


El cuadro se acompaña de dos paneles que forman un tríptico muy interesante:
Un interés debido a la amenaza sorda y a la angustia que emana del personaje de mirada intensa y siniestra. Oswolt Krel, hijo de una importante familia sueca y agente de una rica sociedad comercial, había pasado un mes en la cárcel por una farsa de Carnaval a expensas de un notable de la ciudad. Pero no es el pasado agitado del joven lo que provoca la extraña impresión que emana del cuadro: es el análisis psicológico del personaje, la neurosis que se lee en su rostro y su expresión: los labios apretados, la nariz y la barbilla pronunciadas, la frente demasiado baja, las arrugas marcadas del ceño, la mirada baja, perdida, casi alucinada, la mano apretando el borde de la pelliza.
Detras, en contraste con eltono rojo que llena prácticamente todo el fondo para realzar la figura, se parecia una franja de paisaje que se abre sobre un prado y filas de árboles que flanquean un pequeño río, como atenunando la amenaza persistente y sorda que se desprende del joven Krel.
Las dos tablas que constituían la cubierta del retrato, representana las armas de la rama Lindau de la familia Krel, sostenidas por "salvajes" habitantes de los bosques, tal y como se representaban en aquéllas época.
Retablo Jabach
Job maltratado por su esposa y los dos músicos


Durero se autorretrata en el hombre del tambor, vestido según la moda de la época. Es sabido su gusto por la representación de vestidos por la variedad de tejidos y texturas que le permitían introducir tanto en sus pinturas como grabados.
La expresión y actitud de los dos hombres hacen suponer que tienen intención de consolar al anciano Job con su música antes que burlarse de él.
La composición es sencilla con el juego del hombre en primer plano de espaldas girando la cabeza para representar el perfil, combinando el verde de la blusa con los tonos de ocres y amarillos del gorro y la blusa y el azul de la falda, y el hombre de frente, con la capa roja y las medias marrones y el sombrero que combina con las medias; ambos sobre un fondo en tonos tierra y verdes apenas trabajado contra un cielo azul. La unión con el cuadro de Job se hace a través del rojo del vestido de la esposa que se aprecia en el suelo
Retablo Paumgärtner

El retablo está formado por la Natividad y los paneles de san Jorge y San Eustaquio.
Por herencia de las figuraciones del gótico tardío holandés y alemán encontramos todavía personajes secundarios de tamaño sorprendentemente reducido. Son los miembros de la familia Paumgärtner, de figuras diminutas frente a la grandeza de la virgen y los santos.
Los conocimientos que Durero ha adquirido de la perspectiva en Italia son evidentes en este cuadro, en donde se evidencia el espacio y también la profundidad. La cabaña es situada en un complejo arquitectónico con apoyo en dos pilares de madera y un techo en ruinas sobre el que se abren dos arcos románicos, unido todo ello con una gran arcada a una poderosa construcción de piedra.
Cada uno de los elementos de la escena presenta un significado simólico pese a su realismo. La linterna de san José es una metáfora de la luz que supone el nacimiento; el estilo románico y los muros en ruinas significa que la nueva ley nace d ela cenizas de la antigua.
La perspectiva central de Durero determina, un espacio sagrado, un lugar escénico en el que se desarrolla la representación. Al que hay que añadir el perfecto equilibrio de colores y la transparencia de la atmósfera.
La adoración de los magos

Este cuadro fue encargado por el protector de Durero, el elector Federico el sabio. El artista firma su obra representándose como el mago central.
Hay una perfecta fusión de personajes y una armonía total de colores con un juego calido de luces en la que destaca la figura iluminada del Niño.
El juego de los arcos en la perspectiva salta a la vista, visto de la do o de frente, con todo el detalle de su arquitectura en piedra, y sirven para construir un espacio y para darle ritmo.
Así quedan realzadas las figuras de los personajes construidos en composición piramidal que viene remarcada por el techo inclinado del estable y por el gran pilar que lo sostiene.
Como sus otras obras, la escena es teatral, los personajes se situan en un decorado perfectamente construido, conforme a las reglas de la perspectiva. Los seres y las cosas son percibidas a través de la luz y del espacio.
Hay una armonía perfecta entre los matices del vestido de la virgen y el cielo azul del fondo así como en los tonos ocres y verdes del paisaje en ruinas y el de los vestidos de los demás personajes, perfectamente conjugados con el oro, rojo y verde de los mantos.
Destacaremos las figuras de animales en esta obra: la vaca y el escarabajo del primer plano a la derecha.
La perfección en la pintura de animales sólo es comparable a la de Leonardo da Vinci. Hay en sus figuras una ansia de conocimientos, de captación de todo al detalle, sin sacrificar el efecto global.


La famosa liebre en acuarela y gouache es una de sus obras más conocidas. Si se observa el artista dibuja en el reflejo de la pupila la ventana de la habitación donde está encerrada.
Adán y Eva

Durero realiza estos dos paneles de Adán y Eva tras su segudna estancia en Italia.
Serán sus primeros desnudos de tamaño natural, y los primeros de la pintura alemana, estableciendo así el canon de la perfección de las proporciones del cuerpo humano.
Son dos figuras esbeltas, de contornos suaves y detalles anatómicos menos acentuados. Se aprecia una influencia italiana en la dulcifiación de las duras figuras de estética nórdica.
Adán está en desequilibrio con el peso apoyado sobre la pierna izquierda, y el pie derecho levemente levantado, la mano derecha hace un gesto de equilibrar el cuerpo y la cabeza se inclina hacia el lado del apoyo del pie. Es una postura casi de danza, sútil, femenina, muy delicada. La boca entreabierta, como si fuese a hablar, la suavidad de la mano que sostiene la manzana del pecado, lo caracterizan como dócil pecador, incapaz de anteponer su decisión de no hacerlo ante la presión de Eva.
El estudio del cabello, de la anatomía, de las piedras del suelo sigue en la línea del detallismo de Durero.
Eva, igualmente nos aparece apoyada en un sólo pie, pero no hay desequilibrio en su figura, sino firmeza, . La mano preden con decisión la manzana mientras mira al débil Adán a punto de cometer el primer pecado.
La serpiente sigue en la tradición de las representaciones detallistas de animales que tanto gustaban al pintor alemán.
Adoration

Esta obra fue realizada por encargo del comerciante Matías Landaure de la Casa de los Doce Hermanos, institución de caridad que había fundado en Nuremberg en favor de los ancianos pobres de la ciudad.
La escena se produce entre el cielo y la tierra; los personajes terrestres y angelicales están suspendidos entre las nubes, en una luz limpia y cristalina que realza los rojos y los dorados de los mantos conjugados con los tonos azules del vestido de la virgen y de Jesús, y el verde de la capa del Bautista y del manto que el Padre abre para su hijo sostenido por ángeles.
La composición es muy clara dividida en cuatro zonas. Tres en el cielo y un cuarta en la tierra apenas una franja denaturaleza.
En el centro arriba, Dios Padre, con la paloma del Espíritu Santo sobrevolando su cabeza, sostiene el madero en el que está crucificado Jesús. Dos grupos de ángeles colocados en guirnalda despliegan el amplio manto verde del padre y sujetan los instrumentos de la pasión.
En la zona intermedia las legiones de fieles rodean a la Santísima Trinidad. A la derecha del padre la virgen guía a los mártires, mientras que a la izquierda profetas y sibilas siguen a San Juan Bautista arrodillado.
En la zona inferior la procesión de eclesiásticos se despliega hacia la derecha, mientras que los laicos- notables, nobles y guerreros- siguen a la imponente figura del emperador.
En la estrecha franja de paisaje con dos colinas rodeando un gran lago, que cierra la composición el autor se ha autorretratato.
Esta obra recuerda la Disputa del Sacramento de Raffaello di Sanzio. (ver Raffaello en este mismo blog)
Los cuatro apóstoles

Las dos tablas de los Cuatro Apóstoles son la última obra de gran envergadura de Durero, y es casi un testamento del pintor.
Su forma larga y estrecha hace suponer que formaban parte de un tríptico con una santa conversación en el centro, una crucifixión o un Juicio Final.
Las cuatro figuras monumentales, cuyo poder dramático es típico de la Alemania de entonces, en el ambiente violento y apasionado de la reforma.
Panofsky piensa que esta pintura más que religiosa es un juego de los diferentes temperamentos del hombre identificados con Juan, de mirada viva, leyendo con su amplio manto rojo, el temperamento sanguíneo; Marcos, enojado que parece salir de la sombra sería el colérico; Pedro, viejo y cansado, con la cabeza baja, sería el flemático y Pablo, envuelto en plieques de acero sería el melancólico.
Grabados
Además de su genial labor pictórica los grabados en metal o madera rompieron el aislamiento artístico de Alemania y la proyectaron al ámbito europeo.
Desde 1515 Dürer pinta cada vez menos y se entrega en cuerpo y alma a la técnica al arte gráfico. Sus grabados se centran en sus grandes obsesiones espirituales y mentales.Religión, naturaleza, magia, esoterismo. Temas fuertes, todavía con influencia ideológica gótica.
El caballero, la muerte y el diablo
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nos permite ver el brillo de las armas, se deleita en las luces y las sombras, en la perfección de la representación de lso animales, en el movimiento y el detalle.

En la "Melancolía"refleja la tragedia del fin de la alquimia, el paso a la gloria del conocimiento superior. Obsérvese los pliegues del vestido de la mujer, el brillo de la bola en el suelo. El detallismo del perro enroscado en sí mismo.
Grünewald.

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