El renacimiento fuera de Italia: España
Renacimiento en España
Arquitectura
En el siglo XVI España es la primera potencia mundial. Carlos V es el emperador y Felipe II el rey con el reino más grande del mundo. La nueva estética renacentista prende en España con fuerza, sobre todo en las ciudades más dinámicas, como Sevilla, Madrid, Salamanca, Granada, Alcalá de Henares, Valladolid, Barcelona, Valencia y Toledo. Todo ello gracias a la masiva presencia de artistas italianos en la península, y los frecuentes viajes de los artistas españoles a Italia. Gran parte de Italia pertenece a la corona española. Además, se importan, o se copian, las mejores obras de arte italianas y flamencas.
En España, el Renacimiento no fue visto como una ruptura con el mundo medieval sino como su continuación natural. En arquitectura nos pervive el estilo isabelino, que se transforma en plateresco. Distinguimos tres periodos: plateresco, purismo y herreriano.
El primer período corresponde al plateresco, de tradición gótica y mudéjar. Se caracteriza por sus fachadas, que se tratan como si fueran retablos de plateros. Son característicos los paramentos almohadillados, las columnas abalaustradas con capiteles corintios, las pilastras recubiertas de una rica decoración con grutescos, los medallones con cabezas clásicas o de fantasía y, los escudos colocados en las enjutas de los arcos y en los frisos. Las bóvedas son, generalmente, de crucería, aunque también las hay de cañón. Las claves de las bóvedas se decoran con medallones, escudos o rosetones. Los edificios se rematan con cresterías o candelabros. La decoración recubre por entero las superficies, sobre todo en el exterior.
Salamanca es el centro neurálgico en donde se encuentran el mayor número, y de mejor calidad, de obras, pero existen tres escuelas: las de Salamanca, Toledo y Burgos.
Los arquitectos más importantes son Lorenzo Vázquez:

Palacio de Medinaceli en Cogolludo

Colegio de Santa Cruz en Valladolid,
Enrique Egas:

Hospital de Santa Cruz en Toledo

Hospital Real en Santiago

se le atribuye la portada de la Universidad de Salamanca
Alonso de Covarrubias:

catedral de Sigüenza
Francisco de Colonia:

Puerta de la Pellejería en la catedral de Burgos
Diego de Siloé:

Escalera dorada de la catedral de Burgos
Pedro Gumiel:

Vestíbulo de la Sala Capitular de la catedral de Toledo
Juan de Álava:

Iglesia de San Esteban en Salamanca
Juan de Horozco:

San Marcos de León.
Hay una segunda etapa, en la segunda mitad del siglo XVI, que se conoce como purismo. Se caracteriza por una mayor austeridad decorativa, que se limita a algunos elementos concretos, generalmente de inspiración clásica. Hay un cierto cansancio de la exuberancia decorativa. Además, ahora se conoce mejor la arquitectura italiana y las formas clásicas. El purismo se libera de los últimos convencionalismos góticos, para entrar en el Renacimiento pleno. Se imponen los arcos de medio punto, los almohadillados en los muros, y la decoración se reduce a las puertas y las ventanas. Los edificios adquieren un aspecto más sereno, armónico y equilibrado. Muchos de los arquitectos que destacaron en la etapa anterior lo hacen en esta.
Alonso de Covarrubias:

Fachada del alcázar de Toledo
Hospital de Tavera

Puerta de la Bisagra en Toledo
Rodrigo Gil de Hontañón:

Fachada de la Universidad de Alcalá de Henares

Palacio de Monterrey en Salamanca
Palacio de los Guzmanes en León.
Pero el centro más importante es Andalucía, donde se encuentran
Diego Siloé:
Puerta del Perdón de la catedral de Granada
Pedro Machuca:

Palacio de Carlos V en Granada, que es el arquitecto más decididamente clásico,
Andrés de Vandelvira:

catedrales de Jaén

y Baeza
Hospital de Santiago en Úbeda,
Martín de Gaínza:

Capilla Real de la catedral de Sevilla,
Pedro de Ibarra:

Casa de las Muertes en Salamanca,
Diego de Riaño:
Ayuntamiento de Sevilla.
La tercera etapa corresponde al estilo herreriano o escurialense, que se manifiesta en su mayor pureza en El Escorial.

Coincide con el reinado de Felipe II, que es su gran inspirador, ya que son sus indicaciones sobre El Escorial lo que termina creando el estilo. El Escorial se inicia en 1563 y se termina en 1584, con el propósito de ser la residencia del rey y el centro de decisión política del imperio. Las obras comienzan bajo la dirección de Juan Bautista de Toledo, pero muere en 1567 y será sustituido por Juan de Herrera, el auténtico artífice de El Escorial y de quien recibe nombre el estilo. El estilo se caracteriza por el predominio de los elementos constructivos, la ausencia decorativa, las líneas rectas y los volúmenes cúbicos. Dominan las formas geométricas simples, pirámides, cubos y esferas. Y predomina la horizontalidad, rota únicamente por las torres de las esquinas y las cúpulas de la basílica. Los tejados se cubren con pizarra, a la manera flamenca. La planta asemeja a una parrilla, aunque en realidad está formada por varios rectángulos. El centro del conjunto está ocupado por la basílica, y formando el ábside de esta se encuentran las dependencias reales. En la fachada predomina el muro sobre el vano, y está estructurada en dos pisos. Es un edificio monumental que representa la grandeza del Imperio español y de su rey. Esté será el arte oficial del reino. Todo esto constituye una auténtica revolución en la arquitectura española, significa la introducción de los postulados manieristas.
Los arquitectos más representativos son Juan de Herrera, que además reformó el alcázar de Toledo y la plaza del Zocodover en Segovia, además de supervisar numerosas obras en toda España; y Francisco de Mora que le sustituye como arquitecto oficial cuando muere: San José de Ávila.
La escultura renacentista en España
La escultura renacentista en España se caracteriza por su religiosidad expresiva y realista. Dominan los retablos, que alcanzan gran perfección, las sillerías, la imaginería y la escultura funeraria. Se utiliza la madera policromada, con la técnica del estofado. Conserva su función didáctica. En España trabajan numerosos artistas extranjeros, sobre todo italianos y flamencos. Se trata de una escultura manierista con mucho movimiento y expresividad, hasta llegar al patetismo.
Los artistas italianos más destacados que trabajaron en España fueron Benvenuto Cellini

: Crucificado, en El Escorial,
Leone Leoni:

Monumentos funerarios de Carlos V
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y Felipe II,

Retablo principal de El Escorial,
Pompeo Leoni:
estatua orante de doña Juana de Austria,
Doménico Fancelli

: sepulcro del príncipe don Juan,
Pietro Torrigiani: San Jerónimo en Sevilla, y Jacobo L’Indaco: catedral de Murcia y Santo Entierro en Granada. Generalmente llegaron a España para trabajar en El Escorial.
En España nos encontramos con cinco escuelas. Las figuras más representativas son; en la escuela de Burgos; Diego de Siloé, de formación italiana:
sepulcro del obispo Acuña, y Bartolomé Ordóñez, también de formación italiana: sepulcros de los reyes Felipe I, Juana y del cardenal Cisneros. En la escuela de Palencia; Juan de Valmaseda: retablo de la catedral de Palencia, y Vasco de la Zarza: sepulcros de don Alonso de Madrigal y don Alonso Carrillo de Albornoz. En la escuela de Valladolid; Alonso Berruguete: retablos de San Benito el Real

, la capilla Real de Granada y el sepulcro del cardenal de Tavera, Juan de Juni: Virgen de las Angustias, retablo de la Antigua en Valladolid, Gaspar Becerra: retablo de la catedral de Astorga y Francisco Giralte: retablo mayor, y sus sepulcros, de la capilla del Obispo en Madrid. En la escuela de la Corona de Aragón; Gil Morales el Viejo, Gabriel Joly, Juan de Moreto, Pedro Moreto: trascoro de la Seo, Juan de Anchieta: retablo de la Trinidad en Jaca, Juan de Salas: coro de la catedral de Palma de Mallorca, y Damián Forment: retablo de la catedral del Pilar en Zaragoza. Y en la escuela andaluza y murciana, además de Diego de Siloé, trabajan Jerónimo Quijano y Juan Giralte.
La pintura renacentista en España
España está profundamente influida por lo italiano. Los pintores viajan a Italia. Podemos distinguir tres escuelas: la valenciana, la andaluza y la castellana.
En la escuela valenciana destacan pintores como Vicente Masip: Bautismo de Cristo, y Juan de Juanes: San Esteban, Inmaculada Concepción, La cena. Esta escuela es la que antes adopta la estética italiana.
En la escuela andaluza destacaron Pedro de Campaña, de origen holandés: Descendimiento, Luis de Vargas: retablo de La generación terrestre de Cristo, Pedro Machuca, conocido arquitecto: Madona del sufragio, y Luis de Morales: Ecce Homo, Virgen con el Niño, que en realidad trabaja en Badajoz. Esta escuela se centra en torno a Sevilla, la ciudad más grande de España y el puerto de América.
En la escuela castellana destacan pintores como Pedro Berruguete, con sus fondos dorados y su detallismo; murales de la capilla de San Pedro en la catedral de Toledo, Juan de Borgoña, de influencia flamenca, sala capitular de la catedral de Toledo, Alonso Sánchez Coello con su frío distanciamiento, pintor de la Corte: Joven desconocida, Juan Fernández de Navarrete, el Mudo, influenciado por Tiziano, con sus efectos dramáticos: El bautismo de Cristo, El martirio de Santiago, Juan Pantoja Cruz: que trabajó en El Escorial, Gaspar Becerra y Antonio Moro.
Pero el pintor más genial del momento es Domenicos Theotocopoulos, el Greco, con sus figuras alargadas, sus imágenes dramáticas, su color luminoso, luz y color, y el espacio antinatural y sin perspectiva, plenamente manierista. Será el primer paladín de la contrarreforma: Los mercaderes expulsados del templo, El martirio de san Mauricio, El caballero de la mano en el pecho, El entierro del conde de Orgaz, Pentecostés, entre otras muchas obras.

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