Cinquecento: las escuela veneciana
Los dos aspectos que definen la escuela veneciana son el color y la luz. No solo son elementos esenciales en el modo de pintar, sino que nacen, también, de un modo de ver. La relevancia de la luz y el color suponen la primacía de lo visual sobre lo intelectual, definido por el dibujo y la composición de las escuelas florentina y romana.
Pero, ni mucho menos, color y luz son cualidades meramente sensoriales, sino que se utilizan como elementos de enriquecimiento expresivo y narrativo. Son recursos pictóricos cuyas posibilidades específicas serán ampliamente desarrolladas.
En todos se dejará sentir la presencia del maestro, el gran pintor del quatroccento veneciano: Bellini
Giorgio de Castelfranco (c. 1477-1510), más conocido como Giorgione, es una enigmática personalidad, humanista y sensible, cuya actividad coincide con los pintores del pleno Renacimiento, a los que, por su singularidad y genio, merece unirse.
Dentro de un lenguaje clásico, que conocería a través de Leonardo y Rafael, utiliza una luz cristalina, radiante de color, resultado de emplear el color directamente sobre la tela, sin la reflexión cerrada que implica el boceto o el dibujo previos. Eso supone una frescura y espontaneidad desconocidas en la pintura coetánea.
Entre su escasa producción, dada su corta vida, figuran obras como la titulada La tempestad (c. 1508), el Concierto campestre (1510) o el supuesto retrato de César Borgia. En ellas establece una nueva relación entre la figura y la naturaleza, que deja de ser un fondo complementario para convertirse en espacio esencial, que interfiere en la acción de los personajes.

Tiziano Vecellio (c. 1490-1576) es uno de los grandes pintores de todos los tiempos, cuya longevidad, abundancia, diversidad y difusión de su obra le han convertido en un mito de la historia del arte.
Formado junto a Giorgione, se caracteriza por las composiciones complejas, refinadas y opulentas, y los colores suntuosos y brillantes, con gran riqueza cromática y una ejecución fresca, de gran soltura, llegando, en los últimos años, a una singular libertad y disolución de la pincelada, fruto de un sentido puramente pictórico de la representación.
En cuanto a los temas, abordó una inimaginable cantidad de asuntos: trató distintos pasajes de la mitología, con un extraordinario tratamiento sensual de los desnudos, como la famosísima Venus de Urbino (1538)

o la Danae recibiendo la lluvia de oro (1553),

desnudo cálido y vital, con delicadas transparencias, que trasmite un sentido gozoso de la existencia; concibió complejas alegorías, como el Amor sagrado y Amor profano (1515)

; enriqueció la iconografía cristiana con cuadros de altar para las iglesias venecianas, con cuadros de devoción, adquiridos tanto por el emperador Carlos V como por su hijo Felipe II, admiradores y coleccionistas de su obra; por esta razón se conserva una buena parte en el Museo del Prado.
Tiziano fue, además, un excelente retratista, especialidad a la que pertenecen algunas de sus obras maestras, como el sobrecogedor El emperador Carlos V en Mühlberg (1548),
solemne imagen imperial, lo que no impide una expresión melancólica en la figura, llena de intensidad dramática, a lo que contribuyen las luces del paisaje del atardecer.
Otros pintores venecianos
Veronés, Marte y Venus unidos por el Amor (c. 1580). Nueva York, Metropolitan Museum
La nómina de artistas venecianos del siglo XVI con relevancia y personalidad es amplia. A la difusión de las peculiaridades venecianas contribuyeron especialmente Caliari y Tintoretto.
Paolo Caliari, conocido como el Veronés (1528-1588), es un pintor de enormes lienzos, donde despliega escenarios fabulosos, con decoraciones monumentales, cuyas figuras, vestidas con ricas y fastuosas telas, contribuyen a acentuar la brillantez pictórica, refinada y exquisita, de los detalles; las pinturas poseen un desbordante sentido espectacular, alejado de cualquier arqueologismo.
Giacoppo Robusti (1518-1594), conocido como Tintoretto (1519-1594), cuyo sentido escenográfico está muy emparentado con el de Veronés y, en última instancia, con el de Tiziano, pero, frente al sentido vitalista de éstos, opone un mundo tenebroso y dramático, alejado ya de la calma rítmica del mundo clásico y más próximo a la inquietud del Miguel Ángel maduro, dentro de una personal interpretación manierista.
También merecen citarse, por su importante incidencia en España, los Bassano, cuya dinastía encabeza Jacopo da Ponte (c. 1510-1592), que pinta composiciones religiosas en ambientes rústicos, donde empieza a tener cabida

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