UNIDAD 18: RAICES HISTÓRICAS ORDENACIÓN TERRITORIAL: HASTA SIGLO XIX
1.-RAICES HISTÓRICAS DE LA ORDENACIÓN TERRITORIAL DE ESPAÑA
HASTA SIGLO XIX
Hispania romana
Desde el tiempo de los romanos se identifica a la península ibérica como Hispania: todo lo que está más allá de los Pirineos. Pero también desde entonces existen grandes diferencias entre el levante y el sur, donde están los pueblos en contacto con las grandes potencias comerciales de la época, y que poseen una economía agrícola; y los pueblos del interior y el norte, con una cultura ganadera y sin esa relación con las grandes civilizaciones de la Antigüedad.
Tras la llegada de los romanos se hace una primera división de Hispania, en el año 197a.C.: la Hispania Citerior y la Hispania Ulterior; cuyos límites no están perfectamente definidos. La capital de la Hispania Citerior será Cartago Nova (Cartagena) y la de la Ulterior Córduba (Córdoba). Esta división está en vigor hasta el siglo I, en el que Augusto hace una nueva división de sus provincias. Hispania se divide en tres provincias: Bética, Tarraconense y Lusitana. La Bética será una provincia senatorial y las otras dos imperiales.
Hacia el año 200, el emperador Caracalla divide la amplia provincia Tarraconense y crea la provincia Gallaecia-Astúrica.
Entre 284 y 305 el emperador Diocleciano vuelve a dividir Hispania. Ahora tendrá seis provincias: Tarraconense, Cartaginense, Bética, Lusitana y Gallaecia, más Nova Hispania Ulterior o Mauritana, con capital en Tingis (Tánger). Las provincias estarán divididas en conventos jurídicos. Además se crean diócesis, supraprovinciales. La península se convertirá en la Diócesis Hispaniórum, con capital en Emérita Augusta (Mérida). Esta división tendrá una notable estabilidad, ya que perdurará hasta la llegada de los musulmanes en el 711. Los conventos jurídicos fueron las divisiones territoriales más cercanas al ciudadano. Hubo cuatro en la Bética: Gades (Cádiz), Híspalis (Sevilla), Córduba (Córdoba) y Ástigi (Écija); tres en Lusitania: Emérita Augusta (Mérida), Praesídium Júlium (Santarem) y Pax Julia (Beja); y siete en la Tarraconense: Bracara Augusta (Braga), Lucus Augusti (Lugo), Astúrica Augusta (Astorga), Clunia(Coruña del Conde), Caesaraugusta (Zaragoza), Cartago Nova (Cartagena) y Tarraco (Tarragona). Por debajo, Augusto instituyó las civitates, bajo el dominio de una urbs. Esto contribuyó a hacer desaparecer las diferencias entre indígenas y romanos, sobre todo tras la concesión de la ciudadanía a todos los habitantes del Imperio en el año 70.
La división provincial afecta al gobierno y a la administración de justicia, al reclutamiento militar, y a la recaudación de tributos. Las provincias se gobernaban a través de las asambleas (Concilia Provinciae) a las que acudían representantes de todas las ciudades. A partir del año 318 el modelo municipal entra en crisis y aparece el modelo señorial típico de la Edad Media.
Además, los romanos dotaron a Hispania de una tupida red de vías y ciudades que hicieron de la península una de las regiones más civilizadas de la época. Las principales vías fueron: la vía Augusta, que comunicaba Gades con Roma a través de Iuncaria (La Junquera); la vía Emérita-Caesaraugustam; la vía Astúrica-Tarraconem; y la vía Emérita-Astúrica o vía de la Plata. Pero fueron innumerables las vías menores, muchas de ellas construidas para la conquista del territorio. Los romanos construyeron muchas ciudades de nueva planta como: Itálica, Corduba, Emérita Augusta, Legio VII (León), Caesaraugusta, etc., pero también aprovecharon las ciudades anteriores, como Cartago, Gades, Emporio (Ampurias), etc.
- Visigodos
Durante el tiempo en que los visigodos controlaron la península (466-711), lo que no lo llegaron a hacer del todo, se mantuvieron las divisiones territoriales romanas. Los godos controlaron políticamente Hispania, en el 466, desde su capital en el sur de Francia: Toulouse (reino de Tolosa). Pero no tienen la suficiente fuerza política para imponer otra división territorial, a pesar de que en el 507 fijan su capital en Toledo. A fin de cuentas, su dominio se basaba en las relaciones de vasallaje. Desde el 554 los bizantinos controlan parte de la franja costera mediterránea, y los suevos la Gallaecia.
Será Leovigildo quien intente hacer un reino territorial, acaba con el reino suevo y echa a los bizantinos en el 622. Se forma así la idea de una comunidad histórica de origen romano: Hispania. Suíntila logrará la territorialización del derecho a través del Fuero Juzgo, creándose así el reino godo de España. Pero se mantiene la división territorial imperial, las cinco provincias romanas de la península, a la que se añade la provincia romana de la Narbonense, que también controlan. Al frente de cada provincia se pone un rector provinciae, más tarde sustituidos por los duques, con funciones civiles y militares. Pero como no se dominaba todo el territorio fue necesario crear las marcas de Astúrica, Cantabria y Vasconia, como provincias independientes.
Por debajo de esta partición se encuentra la antigua división por ciudades, al frente de las cuales se pone a un conde, dependiente de un duque.
La organización de la Iglesia también es deudora, incluso en la actualidad, de las antiguas divisiones romanas. Los arzobispos residían en Braga, Mérida, Sevilla, Toledo, Tarragona y Narbona.
De todas formas, el control del territorio nunca fue muy eficaz. La ruralización de la sociedad, y la feudalización que permitió la formación de grandes señoríos territoriales, dieron al traste con ella. En el 711 el reino visigodo se desmorona ante la invasión musulmana.
- Musulmanes
A partir del 711 la península es dominada por los musulmanes, que imponen una nueva regionalización, sin tener en cuenta la romana, sobre todo en el sur.
La península queda dividida en dos: al norte los reinos cristianos y al sur los musulmanes, que llamarán a España al-Ándalus , desde el 717. En el 756 al-Ándalus se convierte en un reino autónomo, con la proclamación del emirato en Córdoba. En el 929 el emirato se convierte en califato, ya totalmente independiente, incluso en lo religioso. Estos gobernantes terminan construyendo un auténtico Estado en España.
Los musulmanes organizan el territorio sobre la base de los condados y obispados visigodos. El número de provincias de la España musulmana es variable, pero, en general, hay más de 20 provincias: a las que hay que llamar coras. La extensión de las coras es desigual, así como su población, y son gobernadas por un valí. Siete coras tienen el nombre de un territorio: Santaver (Uclés), Reiyo (Málaga), Takorona (Ronda), Sidona (Calsena), Ocsonoba (Silves), Tudmir (Murcia) y Fash al-Balut (Belalcázar); el resto se denomina por sus capitales: Córdoba, Cabra, Játiva, Niebla, Valencia, Toledo, etc. En las coras se recaudan los impuestos, se reclutan las milicias y se nombran funcionarios.
Las coras se dividen en distritos, o iqlims, y en comarcas. Pero, en general, el Estado musulmán fue muy centralizado: su poder se fundamentaba en las relaciones de vasallaje.
A parte de las coras, al-Ándalus se divide en tres fronteras o trag. La frontera superior, la media y la inferior.
Pero esta división es la que corresponde a la organización del Emirato y el Califato; sin embargo, algunas coras, o grupos de coras, son más o menos independientes, y en la época de los reinos de taifas con más razón. Los límites de las coras no son claros, y son cambiantes. Toledo, Mérida y Zaragoza tuvieron siempre un alto grado de independencia. El avance de la Reconquista supone una continua modificación de las coras, su número y sus límites.
- Reinos cristianos
En el norte peninsular se crean una serie de reinos cristianos que se irán consolidando independientemente hasta el siglo XIII.
En el 722 se asientan los reinos de Asturias, y en el Pirineo: Vasconia y la marca hispánica: Pamplona, Aragón, Sobrarbe, Ribagorza, Pallars, Urgel, Cerdaña, Berga, Osona, Barcelona, Gerona, Besalú, Ampurias, Perelada, Rosellón, Vallespir y Conflent, en la parte sur del Pirineo. De todas ellas Asturias es la más activa en la Reconquista: controlará toda la franja cantábrica y el territorio al norte del Duero. En el 914 Ordoño II traslada la capital a León. El territorio controlado por León es muy grande, y no es fácil gobernarlo, ni siquiera por medio del vasallaje, por lo que aparecen tendencias separatistas. En el 960 el condado de Castilla se hace independiente, aunque no definitivamente, ya que tras varias uniones y desuniones los reinos de León y Castilla quedan unidos definitivamente en 1230.
En el este las condiciones para la Reconquista son menos favorables, ya que el valle del Ebro es un territorio muy poblado e islamizado. Además están bajo el vasallaje del emperador Carlomagno. Pero a su muerte en la marca hispánica aparecerán tendencias independentistas. Vifredo el Velloso independiza el condado de Barcelona en el 878, y con el tiempo conseguirá que los condados limítrofes le presten vasallaje, creando el territorio de Cataluña.
Por el contrario, Navarra consigue anexionarse Aragón, pero en el 1035 se separan. Aragón y Cataluña se acercarán por motivos dinásticos, y en 1170 formarán una sola corona. Los límites entre los distintos reinos varían continuamente. Álava, Logroño, etc., pasan de unos reinos a otros.
En el siglo XI hay un intento de unir todos los reinos y restaurar el Impérium Toletánum. Los reyes leoneses se consideran descendientes de los visigodos. Sancho el Mayor de Navarra (1005-1035) usará el título de emperador, al igual que Alfonso VI de León y Castilla, que será rey-emperador de todas las Españas, avalado por la conquista de Toledo en el 1085. En 1135 los reyes de Navarra, Aragón, Barcelona y Portugal se avasallan con Alfonso VII. Curiosamente se deja de hablar del Imperio. Es esta concepción la que dará contenido a la idea medieval de España, y a la pérdida y reconquista de España con la que sueñan los mozárabes. Pero al mismo tiempo eran reyes de España todos los de la península.
El siglo XII es la España de los cinco reinos cristianos: Portugal, Castilla, León, Navarra y la Corona de Aragón, que tienden a la unificación (1157-1196). Portugal consolida su independencia en 1143. Castilla y León se unen definitivamente en 1230. La Reconquista avanza, y cada reino invadido tiende a conservar sus peculiaridades. En Aragón cada reino tendrá sus Cortes, y en Castilla sólo habrá unas Cortes para todos. Pero todas estas uniones son fruto de las relaciones vasalláticas feudales y las herencias dinásticas.
Aragón tratará de crear un reino en el Pirineo extendiendo sus dominios sobre el sur de Francia y en el Mediterráneo. Castilla continúa la reconquista en el sur. En 1212 tiene lugar la batalla en las Navas de Tolosa. A partir de entonces se conquista todo el valle del Guadalquivir, y sólo quedará en la península el reino de Granada como único territorio musulmán, que durará hasta 1492. Navarra quedará aislada de la Reconquista tras el tratado de Tudillén (1151) en el que las coronas de Castilla y Aragón se reparten las zonas de expansión. Este tratado se modificará en 1179 en Cazorla para suprimir el homenaje de los reyes aragoneses a los castellanos. Navarra entroncará con los reyes de Francia, la casa navarra reinará en Francia hasta 1328. Isabel de Castilla es nombrada heredera al trono de Castilla en 1468. Fernando de Aragón era el heredero de la Corona de Aragón. En 1469 se casan en Valladolid. En 1474 Isabel se convierte en reina de Castilla. Ambos esposos serán reyes de Castilla. En 1479 Fernando II hereda la Corona de Aragón, con lo que se unen, al fin, las dos coronas en una misma familia y con un sólo heredero. En 1512 Fernando V el Católico conquistará Navarra, culminado así la unificación de España, ratificada por las Cortes en 1515. Carlos I ya utilizará el título de rey de España, y ambas coronas serán un mismo reino. Canarias no se conquista hasta 1402-1496.
- Los Austrias
Carlos I es un Habsburgo, heredero del trono imperial. Será el emperador Carlos V desde 1519, y con él llega la dinastía de los Austrias a España, en el año 1516. En 1492 se había descubierto América, y se había iniciado la conquista y colonización del Nuevo Mundo. Carlos I se titulará rey de España, pero mantendrá la estructura de reinos independientes en la península. Se mantendrán las aduanas, las instituciones y la Administración separada de todos los reinos. Castilla tendrá unas Cortes, y Navarra y el reino de Aragón tendrán las suyas por separado. Sólo la Inquisición permite a los reyes tener una jurisdicción uniforme en todo el reino. España es un reino plural en el que están vigentes leyes diferentes para los distintos reinos. Los Habsburgo continúan con el pactismo típico de la Corona de Aragón, a pesar de ser reyes autoritarios. La monarquía hispánica es casi el único elemento de unión y lo que hace la nación española. En la época no se identifica España con Castilla.
Pero los reinos están divididos en provincias, y estas están creadas en virtud de relaciones de vasallaje de origen medieval. Los señores, las órdenes militares y los conventos son los dueños de territorios que les prestan homenaje, y así se constituyen las provincias. De esta manera, es frecuente que las provincias sean territorios fragmentados y de tamaño muy diferente. Esta estructura provincial es muy poco eficaz para el gobierno absoluto.
Las provincias se dividirán entre las de señorío y las de realengo, dependiendo de quién sea el titular de las tierras. La monarquía absoluta tratará de recuperar las tierras de señorío para quitar poder a la nobleza. Para ello intentará extender el fuero de las ciudades a todo el país para que el derecho sea territorial.
Una de las cuestiones de fondo será el concepto de naturaleza y extranjería. Será natural de un sitio aquel que esté vinculado a la tierra y al señor titular, por relaciones de vasallaje. De esta manera, un noble que está avasallado con el rey es natural de su reino, pero si se revela, él y su territorio feudal salen del reino. Es, pues, natural de un lugar quien ha nacido allí y quien vive de manera estable. Ser natural de un lugar es muy importante a la hora de ocupar cargos públicos. Cuando un rey quería nombrar a un extranjero para un cargo debía concederle una Carta de Naturaleza.
Los extranjeros son, pues, quienes viven en un lugar que no es el de su nacimiento, y no están avecindados. Los extranjeros suelen tener estatutos y fueros particulares, como los francos del camino de Santiago, o los genoveses de los puertos marítimos.
Esto implica que los naturales de un reino son extranjeros en otro, aunque ambos reinos pertenezcan a la misma corona.
La conquista de América da a las instituciones castellanas una importancia mayor que a las de los demás reinos, pero los Austrias no tratan de imponerlas en toda la península. Con el tiempo, los particularismos de los distintos reinos se mitifican, y aparecen las reivindicaciones frente a la corona. El reinado de Felipe II es difícil, ya que ha de buscar un equilibrio entre el centralismo autoritario de la monarquía y la tendencia separatista de la periferia. Felipe II había recibido en 1580 la herencia de Portugal, y su imperio. La península está unificada bajo una sola corona, pero esta unión sólo durará hasta 1680, en que Felipe IV pierde Portugal, y mantiene una guerra, por la independencia, con Cataluña.
En este sistema, es Castilla quien se lleva la mejor parte de los beneficios de la conquista de América, pero también los mayores gastos. Cuando caen los beneficios, y comienzan las guerras europeas, la Corona, a través del conde-duque de Olivares, tratará de repartir las cargas entre todos los reinos, y surgirán los conflictos, porque esto suponía terminar con la separación por reinos y mezclar los vasallos, lo que atentaba contra el concepto de naturaleza y extranjería, el nombramiento de cargos públicos, la recaudación de impuestos, el servicio de armas y las leyes tradicionales (fueros). Al final, triunfa el foralismo, impidiendo hacer de España una monarquía eficaz con un gobierno y una administración racional.
En la Corona de Aragón las unidades territoriales fundamentales son: las veguerías en Barcelona, de las que habrá entre 15 y 18 hacia 1630; las sobrecullidas (o distritos) en Aragón, que serán 11, y que en 1610 se convertirán en 13 veredas. En Mallorca habrá dos veguerías, y en Valencia cuatro gobernaciones y once distritos.
En la Corona de Castilla la ordenación del territorio es más racional, aunque Navarra, Vascongadas, Asturias y Galicia tendrán sus Juntas Generales. Navarra es un reino a parte. Vascongadas recibe del rey Felipe III, en 1610, el reconocimiento de hidalguía para todos los guipuzcoanos, de esta época parte la peculiaridad vasca. En Álava, desde 1537, el territorio se divide en seis cuadrillas, repartidas en hermandades. Pero salvo estas excepciones, el resto de la corona tiene una ordenación uniforme. La división en reinos acabó por sucumbir. Había 19 merindades y 17 distritos, cuyos límites coincidían con los de los obispados. Las Cortes se reunían por ciudades. Estas se convocaban para aprobar los impuestos extraordinarios, por lo que había que delimitar las circunscripciones fiscales. En 1556 el territorio se divide en 40 partidos, de los cuales 18 son provincias, las que tienen por capital ciudades con voto en las Cortes. Pero el área que controlaban estos partidos y provincias dependía de los territorios señoriales. En 1691 se ordena que, a efectos fiscales, sólo haya 21 provincias. A efectos gubernativos se afirman los corregimientos, sólo en el realengo. En 1610 hay 68 corregimientos y tres adelantamientos. En 1610 la corona se divide en cinco partidos, que comprenden entre 13 y 18 corregimientos, más los adelantamientos, más los maestrazgos y un priorato. En 1690 los partidos aumentan a nueve, pero esta cifra cambiará muchas más veces.
- Los Borbones
El sistema de ordenación del territorio de los Austrias es demasiado complejo y poco eficaz, para un Estado moderno del siglo XVIII. En 1700 el heredero de la Corona de España es Felipe V, un Borbón, con lo que cambia la dinastía reinante. Los Borbones son más centralistas que los Austrias, y tratan de hacer de su monarquía un Estado absolutista. Para ello necesitarán terminar con las diferentes legislaciones y las peculiaridades de cada reino. Pero no es tarea fácil. Esta labor se hará por medio de los Decretos de Nueva Planta, que se aplican a la Corona de Aragón; en general a todos los territorios que lucharon en contra de Felipe V en la guerra de Sucesión. En 1717 se intentan suprimir las aduanas internas, pero la rebelión en el País Vasco lo impide, por lo que las fronteras volverán al interior.
En 1711 se impone en Aragón el Decreto de Nueva Planta, en 1715 en Mallorca, en 1716 en Cataluña: con ellos desaparecen las instituciones tradicionales y los fueros de los reinos. A pesar de que no hubo grandes resistencias, la corona tuvo de transigir con viejas costumbres, como nombrar para los cargos públicos a naturales. También desaparecieron las Cortes. En 1709 las Cortes de Aragón y Valencia se integran en las Cortes de España, y en 1724 las de Cataluña.
A pesar del esfuerzo uniformador, no se pudo reintegrar a todos los señoríos, por lo que se mantuvieron muchas peculiaridades. Estas peculiaridades tendrán especial importancia en la recaudación de impuestos. Habrá provincias exentas, como Navarra y el País Vasco, y fiscalidad diferenciada para la Corona de Aragón.
El nuevo Estado absoluto necesita una ordenación del territorio diferente, más racional. Los Decretos de Nueva Planta convierten a los reinos de la Corona de Aragón en provincias, gobernadas por un capitán general y un presidente de audiencia. Este es el sistema que se generaliza por toda España. El territorio se divide en 11 capitanías-audiencias, con funciones gubernativas y judiciales. Murcia se integrará en la capitanía de Valencia, con lo que se rompen las antiguas fronteras de los reinos. Se mantienen las 21 provincias castellanas, a las que se añaden otras cuatro de la Corona de Aragón. Las provincias se dividen en 81 corregimientos, agrupados en 10 partidos. Esta es la división provincial que aparece en el nomenclátor de 1789 de Floridablanca. Treinta y ocho provincias muy desequilibradas territorialmente y con muchos enclaves de unas en otras, fruto de la servidumbre de los territorios señoriales. El número de provincias varía entre 21 y 38.
Este sistema es muy irracional y no permite un gobierno eficaz. Los ilustrados tratarán de remediar la situación. En 1799 Miguel C. Soler propondrá la creación de otras 6 provincias para equiparar la extensión de todas. Entre 1801 y 1805 se intenta otra división, para facilitar la recaudación de impuestos. Pero no tiene éxito. La invasión napoleónica detiene el proceso. En 1810 se convocan las Cortes en Cádiz y se llaman a las 28 provincias de 1749.

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