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TEMARIO ENSEÑANZAS MEDIAS: GEOGRAFÍA, HISTORIA Y ARTE
EMARIO PARA PROFESORES DE E.S.O Y B.A.T

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  • Archivo: Marzo 2009

    30/03/2009 GMT 1

    TEMA 62. Velázquez y Goya en su contexto artístico.

    mdn @ 15:35

     iNTRODUCCIÓN

    En este tema hablamos de dos grandes genios de la pintura española, probablemente los más grandes pintores españoles junto a Picasso.

    Y antes de empezar a estudiar a cada pintor en su contexto histórico artístico me gustaria mostrar dos cuadros.

    Dos retratos de grupo. Dos familias reales. Dos èpocas de la historia de España a través de los ojos de dos genios: Las Meninas y la familia de Carlos IV.

    Más tarde, en esta introducción me gustaría mencionar un punto de contacto entre ambos pintores. Los aguafuertes que Goya hiciera sobre cuadros de Velázquez.

    Las Meninas

    El siglo XVI fue el siglo de la unificación, de la irrupción de América en el mundo europeo, de los Austrias mayores, Carlos V y Felipe II. El siglo Imperial, cuando en la monarquia española no se ponía el sol.

    No parecía haber límite para el avance y las posibilidades del Nuevo Estado. La toma de Granada, supuso la unificación territorial de España; la expulsión de los judios, la religiosa; la publicacion de la gramática de Nebrija, supuso la unificación cultural (Cuando la reina Isabel preguntó al Arzobispo de Talavera para qué servía esa gramática, respondió "Para enseñar castellano a los súbditos del imperio")

    Fue el siglo de la mayor batalla naval del mundo moderno: la Batalla de Lepanto. La gran victoria de la cristiandad contra el turco. El fin de la expansión musulmana por el Mediterráneo.

    Entre este siglo XVI de los Austrias Mayores y el siglo XVII de los Menores las letras españolas recibieron la mejor novela escrita en lengua castellana " El Quijote"  Donde se refleja esta España de trancisión, ni siquiera Cervantes pudo ver la carga de decadencia que llevaba su loco escudero,  porque sólo será visible con el paso de los tiempos y los acontecimientos posteriores.

    Otro gran artista nos ofrece esa España oscilante entre los grandes años Imperiales y el principio de su final como gran potencia:

    Velázquez ofrecerá la visión de una España cerca del abismo. En temas convencionales el autor nos ofrece un valor simbólico. Un último fulgor de la historia se asoma a las lanzas entre un pueblo de borrachos, mendigos, herreros, hilanderas. Baco y Apolo conversan con un labriego andaluz. El arte bebe de la fuente clásica pero también de lo popular.

    Pero la inquietud está presente. La degeneración de los de arriba. Unos reyes que ya no son el centro del retrato. Unos reyes que se asoman a un pequeño espejo al fondo, para observar una escena de corona sin heredero, unas criadas, unos bufones y un pintor que los observa y no los retrata a ellos.

    La degeneración de los de abajo. Pícaros y bobos pueblan sus telas.

    Lo que está en crisis es el imperialismo español, y lo que lo sustentaba: el orden feudal. La conquista se hizo con tierras, tesoros y hombres; pero ahora llegaban tiempos nuevos y este sistema ya no podía lanzar una economía moderna.

    Los hidalgos castellanos no invirtieron los beneficios de América en el sentido capitalista del término, los bendecidos por la fortuna soñaban con comprar tierras , el gran símbolo de la nobleza; no con levantar industrias más propio de mercaderes y judios, mal vistos en la pirámide del orgullo social.

    Qué otra cosa se ve si no en las Meninas. El reflejo del poder, un hombre alejándose en una escalera, la iglesia custodiando, unas niñas con sus bufonas.

    La tragicomedia barroca de luces y sombras se refleja como nunca en el mundo del arte.

     

    La familia de Carlos IV " el retrato de todos juntos"

     

    Durante la estancia de la familia Real en Aranjuez el pintor fue encargado de pintar un retrato de grupo.

    Si en las Meninas se establecía que fuera del cuadro estaban los Reyes, reflejados en el espejo, y un punto más atrás el espectador; aquí se siente un visitante invisible, no presente, hacia el cual todos vuelven los ojos. Un Godoy omnipresente también en su ausencia, comentan algunos.

    Goya consideraba a Rembrandt y a Velálzquez sus maestros, ante los cuales se rinde; pero él no capta el movimiento, esa instantánea fotográfica en que todo se congela, hasta la mano del pintor con el pincel; como captara Velázquez, Goya insiste en pintar una familia rígida, un grupo de personas como un cuadro corporativo de Rembrandt.

    Un grupo de personas aisladas, rígidas, sin conexión unas con otras, que más parece una caricatura que un retrato, nos habla de los últimos días de una monarquía a punto de caer por el impulso de las  nuevas ideas napoleónicas y por sus tropas:

    La infanta María Josefa muestra toda su fealdad, con cierto aire brujesco. Un personaje gris, alimentado por la sombra del rey.

    La reina muestra una pose nada aristocrática, protegiendo a sus hijos, y concentrando en sus vestidos casi toda la luz del cuadro.

    La estructuración espacial nos muestra a María Luisa como la gran matriarca,

      No concedió Goya el halo inmortal a los reyes. Los mostró como personas de la calle, con más joyas y mejores vestidos, pero sus rostros y sus ademanes eran iguales a cualquier ciudadano, sin majestuosidad. Acaso nos está contando que lo único que diferencia esa familia de una familia normal es el boato y las condecoraciones, que su situación de poder no es divina, no es lícita.

    El Antiguo Régimen comenzaba su agonía en España.

    Un gran pintor no sólo hace un cuadro, nos ofrece una radiografía de su mundo, desnuda la realidad y la exhibe sin compasión.

     

     

     

     

    Aguafuertes de Goya sobre cuadros de Velázquez.
    Goya realizo una serie de grabados sobre obras de Velazquez., aunque en España, al contrario que en otros países, no era corriente la utilización del grabado para la difusión de las grandes obras maestras de la pintura; según apunta Rosé de Viejo, hubo un proyecto para grabar los cuadros reales auspiciado por el conde de Floridablanca y en el que al menos participó Juan Antonio Salvador Carmona con doce grabados, pero dificultades económicas habrían impedido su ejecución. Esta misma autora supone que Goya realizó las copias de Velázquez como parte de este proyecto global y que cuando se frustró puso a la venta sus estampas, al contrario que Carmona que no las comercializó. En cualquier caso, Goya fue uno de los primeros grabadores que empezaron a reproducir los cuadros de la colección del rey, eligiendo para ello las obras de Velázquez, en general los cuadros relacionados con la familia real y los bufones de la corte, iniciativa que fue alabada por Ponz en el volumen VIII de su Viage de España, obra publicada en 1778.

    Las dieciséis estampas de Goya según Velázquez han sido consideradas las piezas menos significativas dentro de la producción gráfica del artista, pero gracias a ellas pudo experimentar con diferentes procedimientos técnicos y, aunque son palpables los errores en la aplicación del aguatinta en algunas ocasiones, le sirvieron como aprendizaje previo a la realización de las siguientes series, que ya sin duda han de conceptuarse como obras maestras.

    Sebastián de Morra

    0_enano_de_morra_velazquez.jpgretrato_sebastian_morra.jpg

    En la Gazeta de Madrid el 28 de julio de 1778 se anunciaban los primeros grabados a partir de los cuadros de Velázquez: los retratos ecuestres de Felipe III, Felipe IV, Margarita de Austria, Isabel de Borbón, y el Conde Duque de Olivares, los filósofos Menipo y Esopo y los enanos Sebastián de Morra y El Primo. El 22 de diciembre de 1778 se pusieron a la venta más a través de otro anuncio en el mismo medio: el retrato de Baltasar Carlos a caballo y Los Borrachos.

    Príncipe Baltasar Carlos

    princ.gif483px-principe_baltasar_carlos_caballo_velazquez_lou.jpg

    Estos primeros grabados están realizados al aguafuerte, al contrario que otras estampas de reproducción de la época que se hicieron a buril. Goya, pintor por excelencia, consideró más adecuado utilizar el aguafuerte para las copias de Velázquez, reforzando, en algunas ocasiones, con toques de punta seca o buril.

    Los borrachos

    borri.gifborrachos_o_el_triunfo_de_baco_1629_velazquez.jpg

    Goya continuó trabajando en esta serie abriendo cinco planchas más en las que el aguafuerte se completaba mediante la aplicación de nuevos procesos: aguatinta, a veces bruñida, ruleta, y en ocasiones toques de punta seca y buril. Las del Infante don Fernando y Barbarroja pasarían a la Calcografla Nacional en 1792, siendo editadas con posterioridad. Las tres restantes, Las Meninas, El bufón don Juan de Austria y Ochoa o el alcalde Ronquillo, serían desechadas por el artista debido a errores técnicos. goya-las-meninas.jpg

    Todos los estudiosos de Goya hasta Harris habían considerado estas cinco estampas inmediatamente posteriores a las anunciadas en 1778, pero las últimas investigaciones de Vega apuntan la posibilidad de que estén realizaclas hacia mediados de los años ochenta, época en la que ya se había difundido en Madrid el uso del aguatinta y la ruleta. Se conservan distintos dibujos preparatorios o relacionados con las estampas a partir de cuadros de Velázquez. Los hay a tinta, a lápiz, entre estos un ligero apunte del Príncipe Baltasar Carlos recientemente descubierto en el verso de la prueba única de San Isidro de la Biblioteca Nacional. Con todo ello, el conjunto más significativo de dibujos es el realizado a sanguina, que se corresponde con las estampas trabajadas con aguatinta en las que Goya introdujo tal complejidad técnica que algunas de ellas se echaron a perder. Existen dibujos en sanguina para el Infante don Fernando, el Barbarroja, Las Meninas y El bufón don Juan de Austria. Además se conocen otros dibujos en la misma técnica probablemente preparatorios para estampas que no se llegaron a realizar: El niño de Vallecas Francisco Lezcano, Felipe IV cazador, el Infante Don Carlos, el Príncipe Baltasar Carlos cazador y el Aguador de Sevilla. Este último conserva la huella de la plancha dejada en el papel al pasar por el tórculo junto al cobre.

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    Harris estableció las ediciones de las estampas de Goya a partir de la distinción de papeles, tintas, biselado de las planchas y desgaste de las mismas. Este autor identificó tres ediciones para las planchas conservadas en la Calcografía Nacional. Harris pensaba que la primera (1778-1779) se había realizado en la Calcografía Nacional, algo imposible pues en estas fechas no se había creado esta institución, la sitúa la segunda entre 1815 y 1820, y la tercera en 1868 ya que aparecieron anunciados formando dos grupos en Los Caprichos publicados ese mismo año. Finalmente, establece una cuarta edición (1920-1930) para el conjunto constituido por cinco retratos reales a caballo y el del Conde Duque de Olivares. Recientemente Nigel Glendinning ha publicado la documentación conservada en la Calcografía Nacional sobre los grabados de Goya, relacionando nueve tiradas para el grupo denominado Caballos y ocho para las estampas más pequeñas conocidas como Láminas Chicas. "

    Si quieren ver los dieciséis grabados que Goya hizo sobre la obra de Velázquez hagan clik aquí

    26/03/2009 GMT 1

    La pintura Barroca en España

    mdn @ 18:52

    Aunque el gran pintor del Barroco español fue Diego Velázquez, en este apartado nos limitaremos a mencionarlo, ya que el siguiente tema será un monográfico sobre su obra y la de Goya, cada uno en su contexto artístico histórico.

      

    El siglo de Oro de la pintura en España es el XVII y corresponde el movimiento pleno de la pintura barroca. Se da la circunstancia de que este momento dulce y prolífico de la pintura coincide también con el de la literatura.

    En la pintura barroca española hay una serie de elementos comunes que son fruto del momento político y religioso que vive España. Por un lado se percibe el pesimismo del decaimiento del gran Imperio Español del siglo anterior. Por otro lado, España está a la cabeza del movimiento de la Contrarreforma católica y la sociedad vive en el rigor impuesto en muchas áreas de la vida cotidiana por la Inquisición, por lo que van a predominar los temas religiosos, representados de manera dramática, apoyados por el tenebrismo italiano implantado por Caravaggio, corriente que al final terminaría por ser abandonada.

    Los temas profanos y mitológicos, aunque existen, se dan mucho menos que los religiosos (puesto que, además es la Iglesia el principal cliente) y cuando se pintan se hacen sin sensualidad.

    En la pintura barroca del siglo XVII existen tres escuelas a la que pertenecen la mayoría de los grandes artistas de la época. A la Escuela Valenciana perteneces artistas destacados como Ribalta y José de Ribera el Españoleto.

    Por su parte, en la Escuela Andaluza se encuentran Murillo, Zurbarán y Valdés Leal, entre otros.




     


    A la Escuela Madrileña corresponde la figura principal de la pintura barroca que no es otro que Diego Veláquez, además de otras figuras tan relevantes como Claudio Coello y Carreño.

    Principales artistas de la Pintura Barroca en España

    José de Ribera es el principal representante de pintura barroca de la Escuela Valenciana. Aunque inició su obra en Valencia, será en Italia donde terminará su formación y se verá afectado por la corriente tenebrista de Caravaggio, estilo que irá abandonando en los últimos años de su vida.

     

    Algunas obras fundamentales de José de Ribera son

     

    el Martirio de San Bartolomé

     

    Santísima Trinidad

    San Jerónimo penitente.


    Zurbarán, sin ser un virtuoso de en las composiciones donde acusa problemas para representar la perspectiva, es un pintor minucioso que representa magistralmente los volúmenes. Apegado a tenebrismo son famosas sus pinturas de temas religiosos.

    Fray Pedro Machado

     Tentación de San Jerónimo

     San Hugo en el refectorio

     

    son algunas de las obras más conocidas y tienen como protagonistas temas religiosos y conventuales, al ser éstos -conventos y monasterios- sus principales clientes.

     



    Murillo pinta temas religiosos y escenas con niños y aunque su primera etapa es tenebrista, lo hace de manera dulce y cercana a la cotidianidad, lo que hace de sus obras, pinturas muy agradables de contemplar. Un claro ejemplo lo tenemos en su más importante pintura,

    Sagrada Familia del Pajarito

    . Aunque es un cuadro tenebrista, no hay dramatismo en él por la cotidianidad de la escena y la amabilidad con que trata a los personajes, eliminando todo rastro de grandilocuencia o exageración.




     


    Caso contrario es el de Valdés Leal

     

    conocido especialmente por sus

    "Alegorías de la muerte".


    Alonso Cano fue arquitecto, escultor y pintor, aunque fue en el campo de la pintura donde fue más prolífico.

     Alonso Cano trató en sus obras conjugar un clasicista anhelo de la belleza con el realismo propio de la pintura barroca de su tiempo.

     

    Dejamos a Diego Velázquez para el final, por ser el pintor más importante y genial, no sólo del arte barroco español, sino una de las grandes figuras de la pintura de todos los tiempos.

    18/03/2009 GMT 1

    WOLFFLIN, Heinrich: “Conceptos fundamentales de la Historia del Arte

    mdn @ 19:54

    PRINCIPLES OF ART HISTORY

     

    CONCEPTOS FUNDAMENTALES DE LA HISTORIA DEL ARTE responde a la necesidad de ordenar y conceptuar la gran cantidad de hechos y datos que surgen en el estudio del arte y su evolución histórica.

    A través de un rico análisis comparativo entre obras del Renacimiento y del Barroco, el crítico suizo Heinrich Wölfflin llega a la caracterización de los dos estilos por la generalización de sus diferencias, que formula por pares de conceptos contrapuestos.

      Comienza con una introducción en la que Wolfflïn  nos explica la doble raíz del estilo: la personal por un lado y las normas generales de la representación por otro.

     Continua con los cinco capítulos del libro:

    1.- Lo lineal y lo pictórico

    2.- Superficie y profundidad

    3.- Forma cerrada y forma abierta

    4.-Pluralidad y unidad

    5.- Lo claro y lo indistinto

     Termina con una interesante conclusión

     

    1.- La doble raíz del estilo y la representación de las formas generales

       Comienza hablando de un libro interesante "Recuerdos" de Richter, y  una anécdota sucedida en Tívoli, donde tres pintores y el mismo autor se pusieron a pintar un trozo de paisaje tratando de ser lo más fieles posibles a la naturaleza

      A pesar del propósito y de que el modelo era el mismo para los cuatro surgieron cuatro cuadros tan diferentes entre sí como eran las personalidades de los tres pintores.

     Aquí  aparece el primer elemento de diferenciación de una pintura y otra, aunque sean de la misma época: la personalidad, la genialidad del artista.

      Utiliza para demostrarlo dos modelos excelentes de gran parecido, dos Venus, representadas por dos artistas renacentistas: Botticcelli y Credi

     

      Ambos artistas son renacentistas, ambos florentinos, contemporáneos. Pero cuando Botticelli dibuja un cuerpo femenino, lo que resulta es tan suyo y tan peculiar que se diferencia totalmente del desnudo de Credi, como un árbol de otro.  Botticelli es vehemente, vivaz, mientras que Credi acaba dando al modelo una apariencia más pesada, menos ligera.

      El brazo aparece doblado en ambos pero en Botticelli el codo es afilado, el antebrazo presenta un diseño huido, los dedos se abren radiantes sobre el pecho, todo cargado de energía. Credi es más parado, modela de un modo más convincente, sintiendo el volumen como tal, pero ha perdido esa fuerza arrebatadora de Botticelli.

     

      Lo mismo que en un desnudo en el tratado de los pliegues se puede desentrañar el talento de un pintor o su estilo particular. Terboch y Metsu son dos interioristas burgueses, del barroco holandés.

     Terboch, izquierda, tenía predilección por el raso, supo pintarlo como ninguno ( en Holanda había grandes artistas especialistas en aspectos muy concretos de la pintura). La articulación, el brillo, el movimiento de la falda de la mujer que lee la carta en pie nada tiene que ver con la rigidez de los pliegues rojos de la mujer de Metsu. También el doblez del brazo de la mujer que coge la carta aligera la figura, mientras en la mujer sentada parece caer pesado sobre el regazo.

      No es que esté peor dibujada al figura de Metsu. Está interpretada de otro modo.

    Pero también pese a esas diferencias, en todos los artistas que hemos visto encontramos unos rasgos comunes: un estilo propio de una escuela, en el primer caso de la escuela florentina, y de un tiempo: el Renacimiento.

     Continua Wofflim metiéndo al lector de lleno y de manera muy simple en el conocimiento de las diferencias entre una y otra obra de arte, por muy semejantes que nos parezcan. Y nos lleva al Flandes católico y a la Holanda burguesa y protestante. Pero no analizados con una imagen religiosa o de reyes y un retrato corporativo, donde la diferencia es tal que sería gratuito estudiarlo.

     Lo hace mediante la visión de unos paisajes: Ruysdael, Hobbema, Rubens.

     

    HOBBEMA

     

     RUBENS

    El paisaje que circunda Amberes, no ofrece por sí una imagen muy distinta del de las dehesas de Holanda, a las cuales los pintores patrios dieron la expresión de tranquilo y dilatado.

     Ahora bien, si Rubens trata estos motivos, parece que el paisaje, el objeto, se torna otro. La superficie del suelo se levanta en ondas, las ramas de los árboles se retuercen frenéticamente hacia arriba y son trtadas sus copas en masas cerradas, de modo que Ruysdael y Hobbema parecen a su lado finos siluetistas.

     Sutileza holandesa frente a masa flamenca. Comparada con la energía dinámica del dibujo de Rubens toda forma holandesa adquiere el efecto de algo tácito, ya se trate de un collado como de la hoja de una flor.

      No hay en los árboles holandeses el pathos del movimiento flamenco, los robles de Ruysdael son delicados frente a los de Rubens.

      Rubens levanta el horizonte en lo alto y hace pesado el cuadro cargándolo de materia; los holandeses son los grandes pintores de cielos.

       Y aunque en efecto, en el siglo XVII se bifurcan muy claramente lo flamenco y lo holandés, no puede servirnos, aclara el autor, sin más,  un periodo aislado para emitir juicios generales.

      Es arriesgado hablar de un estilo nacional.  A pesar de lo dominante que aparece Rubens dentro del paisaje y de las muchas fuerzas que se orientan hacia su norte,  no es posible conceder que haya sido expresión del carácter nacional "permanente" en igual grado que el arte de los holandeses contemporáneos.

     El pulso de la época se manifiesta poderosamente. Una corriente especial de cultura, la sensibilidad del barroco latino, mediatiza enérgicamente su estilo, y por esto la invitación que nos hace él, más que a los holandeses "sin época" tiene que logremos darnos una idea de lo que ha de llamarse estilo de una época.

    El cambio del Renacimiento a Barroco es el mejor ejemplo de cómo el espíritu de una nueva época desentraña una forma nueva.

      Ciñiéndose a la arquitectura, el autor, expresa como el concepto general del Renacimiento italiano es la proporción perfecta, la imagen de la perfecciòn descansando en sí misma (columnas, entrepaños, articulación espacial, masas ) que nos habla de una existencia elevada y libre.

      El barroco se sirve del mismo sistema de formas; pero ya no da lo completo y perfecto como ideal, sino lo movido y su  génesis, no lo limitado y aprehensible sino lo ilimitado y lo colosal.

     Desaparece el ideal de la proporción bella. El ser pasa al acaecer. Las masas entran en movimiento. La arquitectura deja de ser el ágil arte renacentista.

      Es un ideal nuevo el que habla en el Barroco italiano, la relación entre el individuo y el mundo ha variado, un nuevo reino sensible se ha abierto,  ahora el alma busca lo colosal y lo sublime.

      Ahora toca comparar dos artistas dispares: Bernini y Terboch.

    También contemporáneos.

    Ante el vehemente Bernini se apagan los cuadritos tranquilos de Terboch. Pero si profundizamos y vemos la factura de los cuadros, vemos que hay un parentesco indudable. Ambos ven la realidad como "manchas". El estilo que Wolfflim llamará pictórico y que será el dominante en el siglo XVII frente al lineal del XVI.

    Bernini ha debido usar el estilo pictórico para expresar lo que quería expresar, sería absurdo preguntarnos cómo se habría expresado con el estilo lineal preponderante en el siglo XVI.

      Se puede analizar la línea de Rafael (Raffaello di Sanzio) como expresión de trazo noble y grandioso; en el trazo lineal de la Venus de Giorgone se puede percibir la cercanía de la Madonna de la Sixtina.

    Ninguno de los dos busca la belleza en la línea.

    Dos artistas tan dispares en sus personalidades como Michelagenlo y Hans Holbein sin embargo representan el tipo de dibujo estrictamente lineal.

     Se descubre en la historia del estilo un substrato de conceptos que ser refiere a la representación como tal y puede hacerse una historia evolutiva de la visualidad occidental en la cual las diferencias de los caracteres individuales o nacionales ya no tendrían gran importancia.

     Una fachada barroca tiene el mismo denominador óptico que un paisaje de Van Goyen.

     

    Las formas más generales de la representación:

     

      Si en el siglo XV ha tenido que elaborarse poco a poco el efecto de que dispone ya libremente el XVI, el arte clásico del XVI y el barroco del XVII se hallan en una misma línea en cuanto a valor.

      La palabra "clásico" no indica en este lugar un juicio de valoración pues también hay un clásico barroco. El arte barroco ni es ni una decadencia ni una superación de lo clásico, es otro arte.

       La transición del XVI al XVII se puede condensar en una evolución provisional de cinco pares de conceptos:

    1.- Evolución de lo lineal a lo pictórico. Desarrollo de la línea como cauce y guía de la visión y la paulatina desestima de la línea.

      La aprehensión de los cuerpos según el carácter táctil por un lado, y del otro una interpretación capaz de entregarse a la mera apariencia óptica y de renuncia al dibujo palpable. 

     En la primera el acento carga sobre el límite del objeto, en la segunda el fenómeno se desborda en el campo de lo ilimitado

     El perfilismo aisla, el pictorismo genera conjúnción

    2.- Evolución de lo superficial a lo profundo

      El arte clásico dispone en planos o capas distintas partes que integran el conjunto formal, mientra que el barroco acentúa la relación sucesiva de fondo a prestancia o viceversa. El plano es el elemento propio de la línea; la yuxtaposición plana, la forma de mayor visualidad.

      Con la desvaloración del contorno viene la desvaloración del plano.

    3.- Evolución de la forma cerrada a la forma abierta.

       Toda obra de arte ha de ser un conjunto cerrado y ha de considerarse como un defecto el que no esté limitada en sí misma. Sólo que la interpretación de esta exigencia ha sido tan diferente en los siglos XVI y XVII que frente a la forma suelta del barroco puede calificarse en términos generales la construcción clásica como arte de la forma cerrada.

    4.- La evolución de lo multiple a lo unitario.

     En el sistema de ensasmble clásico cada cocmponente defiende su autonomía a pesar de lo trabado del conjunto. No es la autonomía sin ducción del arte primitivo: lo particular está supeditado al conjunto sin perder por ello su ser propio. para el observador presupone ello una articulacion, un proceso de miembro a miembro, lo cual es algo muy diferente, o la concepción como conjunto que emplea y exige el siglo XVII.

     En ambos estilos  se busca la unidad sólo que enun caso se alcanza la unidad meiante armonía de partes autónoma o libres y en el otro mediante la concentraciòn de partes.

    5.- La claridad absoluta frente a la claridad relativa.

      La representación de las cosas tomadas como ellas son separadamente y asequibles al sentido plástico del tacto, y la representación de las cosas según se presentan, vista en globo, y sobre todo según sus cualidades no plásticas. 

     La época clásica constituye un ejemplo de claridad perfecta que el siglo XV sólo vagamente vislumbró, y el XVII abandonó voluntariamente, negando la composiciòn, la luz y el color al servicio de la forma de modo absoluto.

     

     Imitación y decoración

      La evolución de la visión está condicionada y su condicionamiento interviene en las demás formas del espíritu. No existe un esquema óptico sin otro orgien que el de sus propias premisas que pueda serle impuesto al mundo en cierto modo como un patrón inerte. Pero aún viéndose siempre como se quiere ver no excluye esto la posibilidad de que obre una ley en toda transformación. Dar con esa ley, ese es el problema cardinal de la historia científica del Arte. El problema fundamental. 

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