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TEMARIO ENSEÑANZAS MEDIAS: GEOGRAFÍA, HISTORIA Y ARTE
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  • Archivo: Diciembre 2008

    18/12/2008 GMT 1

    Michelangelo Buonarotti

    mdn @ 13:38

    Junto a Leonardo y Raffaello dominaron la pintura del siglo XV italiano, y su influencia trasciende más allá de las fronteras italianas y más allá de su tiempo.

     "Expresó todo lo que el arte de la pintura puede expresar de un cuerpo humano, sin omitir un gesto o un movimiento"

      Ascanio Condivi

    Como pintor sólo nos ha dejado cuatro obras, aunque de proporciones colosales.

       Negó y rechazó su pertenencia al universo de la pintura, proclamándose escultor y arquitecto. Pero con él muere la pintura renacentista y comienza la era de la pintura moderna, dramática e intensa. Nace con él una concepción del artista como genio creador de mundos y conceptos y empieza el declive de la época fecunda de los talleres de arte en los que el artista no era ni creía diferente del artesano, en los que la educación y la colaboración con los aprendices eran esenciales, en los que la calidad se medía según la capacidad de aproximarse en lo máximo a la realidad y la naturaleza y la finalidad consistía en la conformidad del producto con las exigencias del cliente y con las reglas del "decoro", es decir las conveniencias artísticas y sociales.

      Miguel Angel nunca tuvo ayudantes ni aprendices y su manera hizo escuela y llegó a ser una corriente estilística que se extendió por Europa.

       Hay que buscar las raíces de este fenómeno en primer lugar en la personalidad del artista, compleja y contradictoria, y en su formación cultural, moral y religiosa, que fue muy distinta de la de sus grandes contemporáneos Leonardo y Rafael o Tiziano.

      Esta formación fue alimentada, aunque también frenada, por los trágicos acontecimientos que se sucedieron con una rapidez acelerada en el transcurso de su vida.

     Pérdida de la independencia de los estados italianos, portesta de Lutero y la división de la Cristiandad, inicio de una crisis Europea de la que nacerá el Estado Moderno de estados nacionales y hegemonías imperiales.

         Después de la Capilla Sixtina, su gran obra pictórica, no tocará el pincel en mucho tiempo. En este tiempo morirán Leonardo y Raffaello.

      Comenzará El juicio Final. Justo 20 años después de haber acabado la bóveda.  Aquí hay más concepto que estética. Una gran reflexión sobre la vida y la muerte. Sobre la salvación y la condena. Describe el momento en el que Cristo vendrá a juzgar vivos y muertos.   Así visto es un tema recurrente.

     Pero desde el punto de vista formal es escandaloso, novedoso, provocador. Un torbellino de cuerpos desnudos en un espacio abstracto, sin orden ni perspectiva, girando alrededor del gesto terrible de un Cristo apocalíptico.La carne es miserable. Un memento mori que desconcierta e irrita.

     Su última obra, la decoración de la capilla Paulina no es menos desgarradora. La conversión de San Pablo y la Crucifixión de San Pedro son los momentos de fundación de la Iglesia, que el artista pinta como episodios de una sombría tragedia, paisajes lúgubres, atravesados por unos nubarrones y un Dios encolerizado.  Este es su testamento como pintor, igual que la Piedad Rondanini lo será 14 años más tarde como escultor.

     

    LA SAGRADA FAMILIA

     Michelangelo ejecuta esta obra de juventud conocida como Tondo Doni, con ocasión de las bodas de Agnolo Doni y Maddalena Strozzi. En este gran medallón el artista no sólo intenta demostrar que la pintura es más bella cuanto más se parece a la escultura, sino también y sobre todo que es una fuerza capaz de dominar a la materia e intepretar de una manera simbólica y conceptual tres temas diferentes:

     1- La Sagrada Familia

     2- Sucesión de generaciones

     3- Relación con el mundo pagano

      Así por un lado trabaja sobre el tema religioso y por el otro sobre los medios pictóricos, la forma, las imágenes y el color.

      La Virgen y San José representan el mundo del Antigüo Testamento, el Niño el mundo del futuro del Nuevo Testamento; los desnudos, el mundo pagano (situados detrás del muro que separa el mundo judeo-cristiano del de los paganos), mientras que el San Juan Niño, a la derecha, es el lazo de unión entre los dos mundos.

      Las imágenes que constituyen la forma de los conceptos, no se hallan sumergidas en la atmósfera que las rodea, en el aire y en la luz: estamos lejos de las imágenes difuminadas de Leonardo. Aquí los contornos son precisos, los colores fríos, el dibujo en relieve. Los movimientos se suceden como para simbolizar el transcurso del tiempo, en un ritmo en espiral de brazos y piernas que forman como una cadena formada por las rodillas de la virgen y san José, el brazo de la Virgen, el brazo del Niño que repite la flexión del brazo de su madre...

      Los brazos musculados de la Madona revelan el ideal de la belleza masculina del artista. Sin duda Miguel Angel ha utilizado un modelo masculino, y ésta es la primera vez que traslada el idial masculino a una figura femenina. Lo hará nuevamente nuevamente en las Sibilas de la Capilla de la Capilla Sixtina. Los colores corresponden a las formas: las tonalidades amarillas, rojas y azules son puras y absolutas, aunque presenten variaciones con el aire y con la luz.

     Esta obra revela la voluntad de Miguel Angel de expresar a través de la forma y el color la fuerza de una idea.

       Las asociaciones de color son complicadas, rojo claro carmín del vestido de la Virgen, rojo anaranjado del manto de San José, azul violeta del vestido de San José y azul metálico del manto de la Virgen, que contrastan con el tono ocre verde del suelo y el color de las carnes.

      La composición es en espiral, la posición de los personajes, el dominio del uso del claroscuro y la asociación de los tonos de los colores proporcionan a este cuadro un sorprendente relieve, hasta el punto que parece que los personajes estén contenidos en una esfera.

     

     FRESCOS DE LA BÓVEDA DE LA CAPILLA SIXTINA

       "Estando Miguel Angel de vuleta en Roma y opinando el Papa que no debía terminar por el momento su sepultura, le mandó llamar para que pintara la bóveda de la Capilla Sixtina. Miguel Angel, que quería cabar la sepultura, estimando que pintar la bóveda de dicha capilla sería un trabajo largo y difícil y considerando su poca práctica con los colores, buscó por todos los medios descargarse de este peso, reomencando a Raffaello di Sanzio, pero cuanto más lo rehuía, el papa más lo deseaba .." ( Vasari "vidas")

       El primer proyecto de Miguel Ángel estaba impregnado de la misma austeridad, pero luego realiza un segundo proyecto mucho más ambicioso, trabajado, amplio en temática y la concepción figurativa. Por primera vez es él quien decide la concepción doctrinal que emanará de la representación, uan concepción neoplatónica en la qu eel alma liberada del cuerpo vuelve a la esencia, a Dios, y concibe una estructura de conjunto enl a que la pintura y arquitectura se encuentran inseparablemente unidas.

      En la capilla Sixtina la arquitectura no sirve solamente de marco a la superficie de las pinturas, sino que se trata d eun "sistema" que une la bóveda a las paredes mediante la sucesiónd e los arcos y de las lunetas, ylos relieves de las molduras determinan la profundidad de las pinturas al fresco.

    La Capilla Sixtina fue levantada durante el pontificado de Sixto IV (1471-1484) de donde recibe su nombre. Tenía dos funciones: religiosa como Capilla Palatina y defensiva como puesto avanzado fortificado del conjunto de edificios colocados alrededor del patio del Papagayo que constituían el núcleo más antiguo de los palacios apostólicos. Fue erigida en el lugar que se levantaba la "Capilla Magna" del palacio construido por Nicolás III. El edificio actual comprende un sótano, un entresuelo y la capilla, encima de la cual se extiende una espaciosa buhardilla. La capilla tiene planta rectángular, sin ábside, midiendo 40´94 m. de largo por 13´41 m. de ancho siendo su altura de 20´70 m.; está cubierta por una bóveda de cañón truncada con bovedillas laterales que corresponden a las ventanas que iluminan la estancia. La decoración original constaba de una bóveda cubierta por un cielo estrellado decorada por Piero Matteo d´Amelia mientras en las paredes laterales se ubicarían frescos de los maestros más importantes de la época. En la década de 1480 se llamaría a Perugino para decorar la pared tras el altar -perdida hoy por la ubicación del Juicio Final - ; más tarde fueron llegando Botticelli, Ghirlandaio, Signorelli y Cosimo Rosselli con sus respectivos talleres para ejecutar los frescos dedicados a Cristo y Moisés. Los trabajos se desarrollaron con extrema rapidez y parecen concluidos a mitad de la década completándose con unos cortinajes fingidos y una galería de retratos de pontífices. Cuando Julio II accedió al trono papal en 1503 decidió enriquecer la decoración de la bóveda, encargando seis años más tarde los trabajos a Miguel Ángel quien empleó tres años en la realización. Buonarroti elaboró en tres periodos sus frescos; el primero entre enero y septiembre de 1509; el segundo entre septiembre de 1509 y septiembre de 1510; y el tercero y último entre enero y agosto de 1511. Trabajaría sólo, sin ninguna colaboración de ayudantes, sin permitir ningún acceso a la capilla durante su labor. Parece ser que Julio II había pensado en una serie de doce Apóstoles como temática de la bóveda pero fue cambiada para representar diversos asuntos del Antiguo Testamento junto a una serie de sibilas y profetas que hablaron de la llegada de Cristo. En los lunetos sobre las ventanas y en los triángulos por encima de éstos se situarían los antepasados de Cristo mientras en las pechinas de la bóveda se narrarían cuatro historias de la salvación del pueblo de Israel. La bóveda fue dividida en nueve compartimentos que narrando una escena bíblica cada uno, alternando grandes espacios con otros más menudos que se acompañan de ignudis.  jóvenes desnudos en sintonía con la estatuaria clásica. La Creación de la Luz, la Creación de las plantas y los astros, la Creación del mundo, la Creación de Adán, la Creación de Eva, el Pecado Original y la Expulsión del Paraíso, el Sacrificio de Noé, el Diluvio Universal y la Embriaguez de Noé son las diferentes escenas que van de pared a pared de la bóveda, distribuidos en una decoración arquitectónica de pilastras y entablamentos fingida. Miguel Ángel siguió de esta manera las bóvedas de los monumentos romanos, cubriendo con su pintura todo el espacio, tratando de engañar al espectador. Los trabajos se iniciaron desde el muro situado frente al altar mayor que más tarde sería decorado con el Juicio, apreciándose en el sentido inverso al que aparecen en el Génesis. Esto ha sido interpretado por algunos especialistas como el retorno del alma hacia Dios, relacionándose con la filosofía neoplatónica que Buonarroti conoció en el palacio de los Medici. El programa iconográfico que observamos en la decoración no surgió del pintor ya que debió ser consensuado con el pontífice y asesorado por alguna autoridad teológica, sometiéndose de nuevo a la aprobación definitiva del papa. El resultado es una de las obras maestras de la pintura, recientemente restaurada y limpiada para ofrecer a los espectadores la maravilla y la fuerza del color en la obra de Miguel Ángel, sin olvidar su admiración por la anatomía humana desnuda presente en todo el proyecto.

    ESQUEMA DE LOS FRESCOS DE LA CAPILLA SIXTINA 

    micheldeflood1.jpg

    El DILUVIO UNIVERSAL

      Las historias del génesis son nueve:

    La embriaguez de Noé, el sacrificio de Noé, la Creación de Eva, la Separación de la luz y las sombras; las cuales se encuetran entre las dos parejas de Desnudos; las otras cuatro más grandes que las anteriores se extienden en toda la longitud de la franja central, en correspondencia con las parejas de las bovedillas - el diluvio, el pecado original, la creación de Adán y creación de los astros.

     En este fresco de gran dramatismo sorprende la falta de unidad del espacio. La composición se divide en una serie de episodios que corresponden a unos grupos destacados en los que el color de los cuerpos, los violentos escorzos y los extraños mantos resaltan sobre los tonos cárdenos y grises de las aguas y del c ielo.

       El drama de la humanidad, la desesperanza y el dolor, y , sobre todo, la separación de Dios, no sólo están presentes en las actitudes y las expresiones: el conjunto de la representación, la fragmentación en episodios, la falta de unidad entre las figuras y la naturaleza, el contraste de colores - verde, naranja, azul, violeta, rojo- da a la escena una fuerza trágica.

     Alrededor de las figuras que avanzan hacia nosotros buscando la salvación de la ira divina, en el silencio de los rostros mudos, que no gritan,  como si  aceptasen el desprecio divino sin rebelarse, sopla un viento irreal que sacude las ramas de los árboles, las capas de los hombres y mujeres desnudos y sobre todo el cabello de la mujer que vuelve la cara sin esperanza. Y es ese viento el que hace sentir la terrible presencia del desprecio de Dios.

     diluvio.jpg

      La escena del Diluvio se articula en una serie de episodios.

    Primer plano vemos un grupo de refugiados que ha encontrado un promontorio al que se aferra en un último intento de salvación.

      Detrás el arca se desliza sobre las aguas. Una tienda emerge de las aguas con otro grupo de refugiados.

     Entre el primer grupo del promontorio que parece avanzar hacia el espectador y el grupo del a tienda una figura de un anciano sostiene ya sin fuerzas a un compañero.

     Los rostros, los escorzos, el hombre que se abraza al árbol, la mujer que abraza a su hijo, el hijo que abraza a su madre, la pareja abrazada de espaldas. la mujer abrazada al hombre que avanza, la mujer del primer plano que ha dejado de luchar, los ojos de la mujer que mira hacia atrás, los brazos extendidos de los hombres de la tienda para ayudar al anciano que pretende salvar a un compañero... todo habla de una humanidad abandonada por Dios.

    Sibila de Libia

    Los siete profetas de la Capilla Sixtina son los de la tradición hebrea: Zacarías, Joel, Isaías, Ezequiel, Daniel, Jeremías y Jonás.

     Las cinco sibilas son: La Sibila de Delfos, la Sibila de Eritrea, la Sibila de Cumas, la Sibila de Persia y la Sibila de Libia.

     Cada Sibila presenta una actitud diferente. La de Libia trás haber acabado de escribir devuelve el libro a  su sitio según Vasari, o va a coger el libro según interpretaciones más modernas.

      Pero el detalle no explicado es secundario en esta maravillosa pintura, detallista al máximo, atendiendo a esa gran masa que debería contemplarse a distancia y en la que debía hallarse la posición justa.

      El peinado de los cabellos, los detalles de las ropas y el corpiño desatado son sorprendentes, así como la armonia de colores entre el amarillo, violeta, verde agua y rosado de la carne.

       Se repite el bulto escultórico, el gusto por el escorzo complicado que conlleva un exhaustivo análisis del cuerpo humano.

      las figuras de pinturas y profetas fueron pintadas ne proporciones gigantescas que van aumentado a medida que se avanza desde la entrada hacia el altar, probablemente para corregir la disminución de tamaño que la perspectiva provocaría en las figuras del fondo. El grosor de los volúmenes, la amplitud de las masas y el contraste del claroscuro atienden al objeto de mantener la proporcion cuando sean contemplandas desde el suelo.

     Sibila de DelfosSibila de Eritrea

    Sibila de Cumas

    Sibila de Persia

     la creación

    la creación de los astros

    la separación de las aguas

    Creación de Adán

     Las escenas de la creación son las últimas que llevó a cabo el artista en la bóveda. Su disposición es más amplia, la intesidad del tono de los colores es mayor y la búsqueda de un efecto de bulto redondo y del espacio es también mayor.

     En la creación de Adán el cuerpo se abandona de modo sensual esperando el contacto de Dios Padre, parece que va a moverse para contactar con la mano que le dará la vida.

      La carne luminosa de Dios emerge entre una masa de cuerpos oscuros en violento escorzo y extiende el brazo para insuflar con su dedo índice la vida al hombre creado.

     Los ángeles que rodean al creador -once- lo sostienen como ayudando al esfuerzo de la creación, formando una corona alrededor.

      Entre la creación de Adán y la creación de los astros encontramos la Separación de las Aguas. Una escena ocupada por la figura de dios representado de frente con los  brazos extendidos hacia adelante y las palmas abiertas, rodeado de un manto que cotinene ángeles.

      En la creación de los Astros el Creador aparece en dos imágenes diferentes aunque relacionadas, la una de frente con los brazos extendidso en gesto de autoridad rodeado de ángeles. En la otra, envuelto en un manto que agita el viento.

      Parece ser que pintó dos figuras de la misma entidad refiriéndose a las dos jornadas de la creación, la tercerea alumbró el sol on la mano derecha y la luna con la izquierda; en la cuarta creo la vida vegetal y la noche.

      Los colores de la creación de Adán resaltan por las armonías que establece entre los tonos cálidos y los tonos fríos: los rosados y marrones del desnudo reslatan sobre el verde azulado del suelo sobre el que yace Adán; mientras que en al figura del Creador predominan los tonos rosa- violáceo de la ropa que resaltan sobre el fondo oscuro y la profundidad del manto.

      En la escena de la Separación de las aguas, los tonos rosas del manto que envuelve a la figura parecen más oscuros gracias al contraste que se establece con los grises azulados del aire y del agua.

     En la creación de los Astros finalmetne a los rosas y los azules seañaden el amarillo brillante del disco solar y el verde de la espesura que aparece a la izquierda. En todas las imágenes el drapeado el juego de los pliegues del manto envuelve a la figura dle Creador y proporciona una mayor intensidad a su movimiento están estudiados atentamente. El claroscuro está conseguido mediante la degradación de lso tonos y la variación de la intesidad de los colores.

      El esquema de la Creación de Adán evidencia las curvas generadoras. Las líneas de fuerza de la composición: a la líena curva que soporta el abandono de la figura de Adán corresponden las líneas curvas que envuelven al Creador con el manto y las figuras de los ángeles.

     El punto fuerte de la escena el contacto entre la mano de dios y la del hombre, en una composición que se ve en movimiento, no tiene lugar justo en el centro sino que se desplaza hacia la izquierda.

     La composición que se basa en la diagonal del suelo sobre el que yace Adán y sobre las líneas curvas que intrínsecamente son de movimiento, permite dar este empuje recíproco a los dos figuras, dejando al observador a la espera del chispazo del que brotará la creación.

       La separación de las aguas comprende la figura de Dios en una elípse que parece albergar todo el poder del creador, reforzado por el gesto de los brazos que se extienden hacia adelante, con las palmas abiertas. La ancha curva del mando contrasta con la línea recta del horizonte que se encuentra debajo.

      La creación de los astros presenta una figura vista de espaldas y otra de frente. La de frente tiene los brazos extendidos y la de espaldas parece haber realizado un arco de círculo en relación al espectador inmóvil, alejándose de él.

      El croquis es un juego de líneas curvas y giros, jugando con las formas de los astros.

     

    El Juicio Final

      Estamos tan habituados al espectáculo de este Juicio  pintado al fresco sobre la pared de fondo de la Capilla Sixtina que no nos damos cuenta de la  enormidad y la fuerza de este trabajo.

    No prestamos demasiada atención al hecho de que la pared se encuentra totalmente cubierta por una muchedumbre de más de cuatrocientos personajes que se mueven, se reúnen, luchan, suben, se precipitan y gritan.

     Cuando el Papa Pablo III encargó los frescos al artista, éste atravesaba una profunda crisis espiritual y religiosa después del fracaso de la ideología humanista de la libertada, del saqueo de Roma y de la dsetrucción del mito de la inmunidad de la Ciudad Santa. El Juicio es el fruto de esta crisis.

     El motivo central es el drama de la humanidad, el destino del hombre siempre alejado de Dios, pecador a pesar de ser destinado a ser salvado.

     Miguel Angel con todas sus pasiones, forma  parte de esta humanidad gigantesca, heroica y soberbia, sumergida en la desgracia y en el pecado. Así decide pintar el Juicio Final contra un cielo plano, sobre la enorme superficie de la pared del fondo de la capiello. Pero ¿Cómo va a sostener en este espacio vacío las masa de los cuatrocientos personajes?

     Tendrá que encontrar una fuerza que los sostenga, en una especie de de torbellino centrípeto, así la composición se basa en una complicada estructura, que se articula en unos registros horizontales y verticales. POr un lado, el rectángulo de la escena delimitada en la parte superior por dos arcos rebajados, se divide en bandas horizontales que se van estrechando de abajo hacia arriba.

     Por el otro lado tenemos dos ritmos verticales, al a ilquierda el de la ascensión duramente ganada, a la derecha el de una caída destructora.

     De los dos registros, horizontal y vertical, nace y se dearrolla un movimiento giratorio que une las asencisones y las cañidas alrededor del espacio central donde se encuentra la figura de Cristo Juez.

     A los problemas de composición propiamente dicha se añaden los de las dimensiones y los de la visión que el espectador debe tener de los personajes. Miguel Angel define las dimensiones de sus figuras teniendo en cuenta el escorzo y la distancia más o menos grande, desde donde van a ser observados.

      En lugar de respetar la disminución gradual impuesta por uan perspectiva que tiene un punto de fuga común, prefiere situar a las figuras en un mismo plano de manera que puedan verse sin que se falseen las dimensiones. En la masa densa de los personajes y en el juego de los claroscuros y de los tonos más oscuros de lso registros inferiores, las dimensiones de las figuras están calculadas según módulos decrecientes de arriba abajo que compensan el efecto de fuga y modifican el equilibrio entre los diferentes grupos.

     juicio_finall.JPG

     " Me resuena en los oídos la fama del Juicio Final, creo que, a causa de su belleza, el día en que Cristo venga con toda su divinidad impondrá que todos adopten las mismas actitudes, muestren esa belleza y el infierno tenga esas tinieblas que habéis pintado, porque no se pueden mejorar..."

      Carta de A. Doni a Michelangelo

    En las dos lunetas superiores grupos de ángeles llevan los instrumentos de pasión

     En el centro, parte superior, se despliega la el mundo celestial, que gira alrededor de la imagen de Cristo Juez.

     Debajo, a la izquierda,  están los que suben al cielo y a la derecha los condenados que se precipitan al infierno.

     En el centro un grupo de ángeles resucita a los muertos.

     En la parte inferior a la izquierda la resurreción de los muertos, al aderecah los condenados en la barca de Caronte.

    Cristo Juez

     La figura de Cristo se encuentra en el centro del complejo movimiento alrededor del cual gira toda la composición del Juicio Final. Sin duda su actitud es un poco retórica, pero en comparación más dramática que la de la madre, encerrada en la intimidad del drama, símbolo de piedad y misericordia.

      Miguel Angel rompe con la tradición iconográfica del Cristo Juez, hierático y distante, y nos muestra un cristo humano, desnudo, apenas cubierto por un ligero manto. La perfecta musculatura, detallada mediante un dominio absoluto del claroscuro, reslata sobre el halo luminoso que se encuentra a su alrededor.

     El tono amarillo de la luz está acentuado por contraste con el zaul del fondo, mientras que los tonos de la piel y el gris violáceo del manto de Cristo conjugan con el rosado violáceo y el azul de los vestidos de María.

     Las proporciones de la madre, mucho más pequeñas, acentúan la monumentalidad de Jesús, la tragedia del jucio.

      ¿Cúales son los elementos que dan a Jesús ese aspecto humano y divino, terrible y poderoso?

      La anatomía y belleza del cuerpo y del rostro, la perfección de la musculatura se conjugan con un gesto terrible, con ese brazo levantado dispuesto a juzgar: la mirada baja, la mano alzada. Ahí solo cabe una palabra: sublime.

     Un sentimiento entre atracción y temor invade al observador, quien siente que aunque está ante un cuadro de figuras humanas algo sobrepasa lo humano y deja entrever la furia divina.

    San Bartolomé

     San Bartolomé se encuentra a la derecha, a los pies del Cristo Juez, mientras que San Lorenzo, a la izquierda, se sienta a los pies de la Virgen. La presencia de estos dos santos se debe al hecho de que la Capilla Sixtina está consagrada a ellos.  San Bartolomé se encuentra a caballo de una nube y en su mano derecha sujeta el instrumento de tortura con el que fue despellejado vivo, mientras que en la izquierda sujeta a la piel, y en los pliegues piel de su rostro desfigurado en el que es fácil reconocer los rasgos Miguel Angel.

      ¿Por qué Miguel Angel quiso firmar su obra de esta manera? Más que una firma, es una "presencia" un acto de humildad y de arrepentimiento; una presencia que no es triunfante, que no es la del autor d euna gran obra de envergadura, sino solamente la de un hombre con sus pecados, con su conciencia del mal y sobre todo su arrepentimiento.

      ¿Qué mejor que una piel muerta, a los pies del Cristo Juez, testimonio de martirio, donde los rasgos el rostro están desfigurados para expresar todas estas cosas?

      La presencia de la imagen del autor en su obra no es nueva. Son numerosos los artistas que aparecen en su propia obra entre personajes como voluntad de participación en el grupo, pero ninguno hizo jamás una representación tan cruda y tan desnuda de su alma.

    miguel.bmp

    Los condenados

     ¿Qué es lo que sorprende en estas figuras que se aprietan las unas a las otras replegadas sobre sí mismas, desesperadas y suplicantes? Sin lugar a duda, su plasticidad. Parecen esculturas. Se siente el peso de su volumen contra un cielo lívido, sin luz. Figuras intemporales, en un espacio vacío, sumergidas en el torbellino que proyecta unas hacia arriba y otras hacia abajo hacia el abismo.

      ES la tragedia humana. Las pasiones, la fe, la esperanza de la salvación ya perdida. La angustia de la condena.

     Figuras agitadas, rostros despavoridos, más allá de todo bien o mal, el hombre culpable no existe: También los condenados quizá deben salvarse.

     Los racimos humanos se precipitan al infierno en un claroscuro  sobre los azules del cielo que se aleja para siempre. Casi parece un bajorrelieve.

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    La resurreción de los muertos

      En el registro situado enla parte superior del fresco vemos el embarque de lso condenados en la barca de Caronte. A la izquierda vemos la resurreción de los muertos.

     Miguel Angel en su infierno imita la iconografía medieval, al igual que en la resurrección. Muertos que salen de las tumbas, en un tumulto de cuerpos y velos.

     Sobre ellos el grupo de los que ya han sido juzgados y suben al cielo. Un beato o un ángel eleva a dos hombres.

      Entre la masa homigueante de los muertos que resucitan todavía yacentes y las figuras que van a subir al cielo, M.A. pinta dos grupos de personajes que sirven de unión entre los dos registros de la composición.

      El primer grupo, un difunto todavía envuelto en el lienzo fúnebre que levanta una figura celestial, está apenas subiendo. En la composición apenas pertenece todavía al registro inferior, el manto rojo del ángel se destaca del ocre del suelopero la parte superior del pecho y las cabeza se rcortan en el blanco azul del cielo.

     El otro grupo constituido por tres figuras, el ángel y los dos difuntos, en el que se introduce una nueva figura, ya está volando hacia el cielo. El manto rojo del ágnel flota sobre el luminoso fondo y contrasta con el tono verde del vdestido que cubre una de las figuras que se elevan. El el ritmo ascendente de la parte izquierda del Juicio la tierras se une al cielo en dos saltos sucesivos qu eno se encuetnran solamente en los dos anillos de la composición sino que representan dos episodios pictóricos extraordinarios entre los muchos que cubren la pared.

      Los rostros de los personajes que surgen de las tumbas refleman al mismo tiempo el estupor y el terror que sienten ange el poderío de la voluntad divina.

      M.A. no pasa por alto ningún detalle y da a cada figura unas características propias, incluida la imagen del cráneo envuelto todavía en el lienzo, que parece ocultar sentimientos humanos. Hallaremos esta expresión aterrorizada, esos ojos desorbitados, estas bocas gritando, unos siglos más tarde en las pinturas negras de Goya.

    La conversión de San Pablo

    Habían pasado casi diez años desde el inicio del Juicio Final, cuando Michelangelo comenzó su trabajo en el interior de la Capilla Paulina y pintó la Crucifixión de San Pablo y San Pedro.

    En estos dos frescos se tratan con mayor lucidez y quizá mayor amargura los problemas espirituales que expresó con tanta pasión y dramatismo en el Juicio Final.

      Los aborda desde un incipiente manierismo, desde una perspectiva  a vista de pájaro que abraza toda la historia más allá del episodio aislado.

     Esta rebuscada composición le obliga a situar en primer plano unas figuras cortadas por la mitad, soldados que huyen o ángeles que vuelan.

      Al propio tiempo, en esta obra de madurez se afinan tanto su paleta como su sensibilidad, utiliza colores delicados, violetas, grises perlados, rosados, ocres, blancos, a veces demasiado pálidos, a veces ásperos y estridentes, siguiendo un ritmo irregular y discontínuo, como el de las figuras que se ordenan según diagonales o arcos de círculo, que finalmente se funden en el claroscuro y se conjugan con el fondo. Aparecen aquí personajes solitarios, imbuidos de una melancolía nueva, cosa muy rara en el artista, quien básicamente se interesaba por figuras y no el color. Un nuevo estilo nos hace evocar las representaciones medievales y se pierden en otra atmósfera, un lugar donde frente al horror del Juicio Final, se aprecia el tema esencial de la composición: la piedad.

    El esquema del fresco evidencia la división en dos zonas: terrestre y celestial, con la figura del caballo en perspectiva y el grupo circular en el centro, alrededor de San Pablo, cegado por la luz de la revelación. Es notable el escorzo de la figura de Cristo, en alto, con el brazo extendido. A través de la llama de la luz se une a la figura del santo.

     

    La crucifixión de San Pedro

     Al representar el símbolo del Martirio, símbolo de la renuncia a las vanidades  de este mundo, Michelangelo renuncia a todo elemento formal o natural que pueda interponerse en la relación directa, en el diálogo inmediato entre el alma y Dios. Por esta razón la Crucifixión se basa esencialmente en los gestos de las figuras, a menudo vistas desde en escorzo, comprimidas en los contornos que las encierran, en un espacio que está muy lejos de ser natural.

      El episodio que ilustra Michelangelo hace referencia a la tradición según la cual San Pedro, condenado a ser crucificado como Jesucristo, pide humildemente que lo crucifiquen con la cabeza hacia abajo.

     Los soldados se mezclan con los discípulos en la muchedumbre que rodea el suplicio. Casi todas las figuras están representadas enteras, en un encuadre de plano general que disminuye los efectos de la perspectiva. La única excepción la constituye un grupo de devotos que loran por el mártir, en el primer plano a la derecha.

     La composición se articula alrededor del grupo central constituido por la figura del santo, la cabeza paenas levantada, la espalda arqueada contra la madera de la cruz, y las de sus verdugos, dispuestos a su alrededor según una precisa escenificación.

     Cabe señalar al hombre encorvado debajo de la cruz, dibujado con audaz escorzo; las dos figuras próximas al brazo izquierdo de la cruz, de movimientos coordinados , los otros dos verdugos, encuadrando al santo a la derecha y a la izquierda a la altura d ela piernasy el otro levantando la cruz - años más tarde veremos una nueva crucifixión de manos del genial Caravaggio, inspirada en esta composición.

      Los colores parecen transparentes acentuando un espacio atemporal.

    La composición se basa claramente en la diagonal de la cruz, que resalta contra la colina desnuda y el motivo circular de la figura de Pedro, en el centro conlos brazos abiertos, y los personajes que lo rodean.

    15/12/2008 GMT 1

    DIAPOSITIVAS PINTURA RENACENTISTA

    mdn @ 13:01

    COLECCIÓN DIAPOSITIVAS PINTURA DEL RENACIMIENTO 

    14/12/2008 GMT 1

    Comentarios obra de Raffaello di Sanzio

    mdn @ 20:13

    Archivo:Raffael 098.jpg

    Desposorio de la Virgen

     En el Desposorio de la Virgen, Raffaello retomó los motivos de la Etnrega de las llaves de Perugino, transformándolos de acuerdo con el nuevo concepto renacentista de espacio y por lo tanto de la participación.

     ¿Cómo lo hizo? En la Entrega de las llaves, Perugino colocó sus personajes linealmente, con una disposición frontal, de izquierda a derecha, de los personajes centrales, subrayada por la presencia del templete, en la parte superior de la planta octotonal, con cuatro pronaos y por la perspectiva central. En definitiva, es uan especie de procesión, a la que se asiste desde fuera, que va de ambos lados hacia adentro.

     

    Entrega de las llaves de Perugino

     En el Desposorio de la Virgen el joven alumno Raffaello da un gran paso adelante en la figuración del espacio pictórico, del cual hace partícipe, además de a los personajes, al observador. La fila de las damas y de los caballeros a derecha e izquierda de José, María y el sacerdote, está dispuesta en un amplio arco de círuclo, en parte contenido en el espacio del cuadro, que sale al encuetnro de lso espectadores, esta circularidad deespacio queda acentuada por la forma misma del templete superior, construida con una planta facetada que parece circular.

     El espacio sugerido es un espacio envolvente en el cual se nos inivta a entrar, a actuar sobre la perspectiva perfectamente dibujada del enlosado, para unirnos y confundirnos con los protagonistas.

     Es extraordinario cómo el joven alumno de Perugino, en su primera experiencia independiente, supo usar con éxito la construcción geométrica y la composición persepctiva para involucrar al espectador transformándolo sabiamente en protagonista.

      El elegante edificio octogonal de palnta central, que ocupa con su volumen casi la mitad de la escena, no es ólo un elemento arquitectónico tomado de las obras del maestro Perugino. ES un organismo aéreo y armonioso, casi circular, con sus dieciséis lados, situado en una alta escalinata que hace de fondo a la perspectiva dibujada del pavimento. El templete viene a ser el centro de la composición del espacio circular, cuya investigación, conducida por Leonardo y Bramante, Raffaello, desvinculado del Perugino, observa con inteligencia crítica.

     El esquema destaca la construcción en perspectiva convergente en el centro de la puerta de entrada del edificio. Este centro coincide con el vértice del triángulo perfecto que encierra las figuras principales. El esquema muestra la disposición circular de los personajes en la compsoción constituyen la invitación a entrar en la escena.

     

    Las tres gracias

      La espontaneidad y la simplicidad de la composición, en las que se basa el extraño encanto de la obra, nacen de un delicado, estudiado y sutil equilibrio de ritmos en la superposición y el reflejo especular de los cuerpos y del movimiento de las Tres Gracias, que ocupan todo el espacio del a escena sobre un fondo desnudo que sirve sobre todo, cons sus tonos de tierra tostada y con tono del cielo , para realzar el color carne de los desnudos.

     En las Gracias de Raffaello se "siente" que el espcio gira en torno a las figuras femeninas, y uno, girando en torno a ellas, percibe la perfección y la rotundidad de los cuerpo como si se tratara de un grupo escultórico. La pintura tiene el mismo formato que el Sueño del Caballero de aquellos mismos años, 1504-1505, que representa al joven héroe Escipión enfrentado a la elección enter venus y Palas, esto es, entre placeres terrenales y superiores del espíritu. Las referencias a obras con un tema análogo son numerosas, desde aquellas sobre el grupo romano de las Tres Gracias de Federeighi - enviado a Siena en 1502- hasta aquellas sobre el reverso de una medalla de Niccolo di Forzore Spinelli que lleva la leyenda "Castitas, Pulchritudo, Amor"

     Pero la pequeña pintura de Raffaello logra alcanzar valores y dimensiones especiales gracias a la construcción geométrica basada en la "simetría contrapuesta" típica del arte renacentista, pero sobre todo por el excepcional y totalmente original equilibrio y la compensación de los cuerpos de las Tres Gracias, con la perfecta proporción de su disposición, con los velos transparentes y con los tonos ocres del encarnado - preciosamente resaltado por el coral de los collares- consiguen evocar a la vez sugestiones de castidad y de sensualidad.

      Los esquema muestra la construcción simétrica y el contrapunto de la escena: la figura central , vista de espaldas con los brazos abiertos, sosteniendo con la mano izquierda una manzana parece reflejar las dos figuras de frente, que están en posiciones simétricas, una con la manzana en la mano derecha y otra en la izquierda. ES probable que como ayuda para la construcción de este contrapunto Raffaello y los discípulos de su floreciente taller recurrieran al a inversión mecánica del perfil de la figura central, un procedimiento que podemos reconstruir y verificar:

    a- Dibujar el perfil de las tres figuaras en papel transparente

    b- Invertir el dibujo, o mejor invertir la figura central según el eje indicado en el esquema, superponiéndola con la figura de la izquierda

    c- Comprobar como las dos figuras casi coinciden contribuyendo a crear el equilibrio y la perfección de la composición.

     

     El sueño del Caballero es un pequeño cuadro que junto a las Tres Gracias formaba un dìptico y a peser de la diferente composición, sugieren la misma sensación de espontaneidad y equilibrio, en la figura del caballero y en las dos que están  de pie a su lado se retoman los tres desnudos femeninos del otro cuadro.

    Archivo:Raphael - Saint George Fighting the Dragon.jpg

    San Jorge y el Dragón

     Raffaello realizó dos cuadros que representan la lucha de San Jorge contra el dragón, ambos para Guidobaldo de Montefeltro, quien agraciado con la orden de la Jarretera, quería enviar uno al rey de Inglaterra.

     La versión de la primera pintura que se muestra en esta exposición, por la impetuosidad del movimiento, por el sobresalto del caballo, dotado de un gran dramatismo, revela también mayor contacto con el ambiente florentino, y en particular con Leonardo Da Vinci.

      En la escena, la lucha está en pleno desarrollo, san Jorge ha aflojado las riendas sobre el cuello del caballo y con el amplio movimiento del brazo armado con la espada se dispone a descargar un golpe final sobre el dragón, en cuyo cuerpo ha quedado inscrustada la punta de lanza; los trozos esparcidos de ésta son el testimonio de la dureza y de la ferocidad de la lucha. A la derecha, la doncella liberada huye despavorida a través del paisaje rocoso que la rodea. Los gracíles troncos de los árboles, a la izquierda, parecen destacar la figura del dragón, ya vencido, sobre un paisaje que se prolonga en la perspectiva de las colinas y los lagos.

      Los tonos de los colores empleados por Raffaello se basan en el contraste del blanco del caballo con el oscuro-negro del dragón, contraste realzado por la mancha roja de la gualdrapa de la silla, mientras el fondo está realizado con la tonalidad verde-marrón de las colinas, que va degradando en el azul de la profundidad de la perspectiva del cielo.

      En esta versión vemos una disposición triangular que enlaza las figuras del caballo, el caballero y el dragón, dejando sobre el fondo de las rocas a la doncella que huye. El ritmo de la composición está acentuado por el cruce de las líneas que prolongan los trozos de la lanza.

      Paolo Ucello también realizó un gran cuadro sobre el mismo tema, donde la lanza atraviesa la escena para trapasar la cabeza del dragón. A la izquierda aparece una ruta fantástica y una princesa, mientras el caballero destaca en la parte derecha del cuadro, siendo la lanza el elemento de unión entre ambas partes.  La línea de perspectiva se dibuja sobre la hierba que se degrada hacia el fondo con diversas direcciones terminando en la convergencia de dos líneas distintas en el horizonte.

     

     ( San Jorge y el Dragón de Paolo Uccello)

      Algunos elementos, como el mando, las manos, la rueda y la palma, símbolos de la pasión, agregados a la figura d ela mujer por una mano diferente a la que había realizado la pintura , habían hecho pensar, antes de la restauración de la tabla, en la representación de Santa Catalina. Sólo después de ser restaurada, y tras un examen radiográfico que había aclarado cuál era el aspecto original del cuadro con el unicornio, se pudo atribuir la obra a Raffaello, como representación de una figura femenina que sostiene en la falda un unicornio, símbolo de la castidad, contra el fondo de un amplio paisaje que se abre a su espalda, en la ventana entre dos columnas.

     El esquema, como es evidente, está inspirado en la Gioconda, pero se aleja por completo de los tonos y del ambiente cargado de sombras y de misterio de ésta, por la luminosidad y delicadeza de los tonos, que recuerdan bien las experiencias juveniles de Raffaello, inclinado a las trasnparencias de Pietro de la Francesca.

       Probablmente, la joven pintada sea Maddalena Doni, que según Vasari "mientras que en otras cosas era comedido, en lo tocante a las de escultura y pintura, que tanto le gustaban, gastaba de buena gana, aunque ahorrando, todo lo que podía. Le encargó el retrato y el de su esposa Angolo Doni, para colgarlos junto a su hijo Giovan Battista, en la casa que edifició en la calle Tintori de Florencia, cerca de la esquina de los Alberti.

      Un retrato justamente célebre por la concordancia entre la forma y el color, por la conjunción de los tonos- el verde pálido del corpiño ribeteado de terciopelo oscuro y la amplia manga roja con abullonados blancos- por la originalidad el animal en la falda de la mujer, por la complementariedad de la figura con las colinas azules que se pierden en la atmósfera del cielo transparente, en el paisaje al fondo de la ventana, sobre un horizonte que divide el cuadro en dos mitades.

     Encuadre, perspectiva, armonía de los colores, las figuras y la arquitectura, pero es difícil, apesar de la perfección desviar la mirada de los ojos de la Dama del Unicornio, que parece mirar al observador en un silencioso coloquio.

    La fornarina

     Un retrato famoso, quizá tanto como el de la dama del velo - probablemente la Fornarina- cuya sutil fascinación proviene del juego y de la armonía de los tonos claros, de los ricos pliegues de la blanca camisa bordada en oro, del amarillo dorado del corpiño, del ocre claro del velo, que enmarca el rostro, realzado por los ojos y los cabellos oscuros.

    La Deposizione

      En esta pintura del retablo Baglioni, la composición basada en el triángulo resulta fundamental y particularmente significativa.

     Aquí, en efecto, la matriz de la composición geométrica muestra su forma original, que comprende solamente el traslado del cuerpo de Cristo.

      El Retablo Baglioni fue encargado a Rafael por Atalanta Baglioni en memoria del hijo asesinado, quería que en el rostro de la Virgen se reflejara su propio dolor.

     Se puede seguir la acidentadas elaboración del retablo, a través de  uno de los dieciséis dibujos preparatorios, hasta el deesarrollo final, fruto del acoplamiento de dos cartone; éstos muestran una clara discordancia, tanto en la composición como en las proporciones de las figuras y una evidente repetición de la composiución triangular, que encontramos, al menos parcialmente, en la escena agregada, la del dolor de la Virgen.

      Así, obligado, en cierto modo, a insertar el episodio del desmayo de la Virgen, Rafael pasó del enfoque primitivo del Lameto por el Cristo Muerto al del Traslado, pero no obstante la tentativa de reducir la fractura entre ambos episodios, con la figura del atlético portador de la derecha, que aunqeu participa del movimiento del grupo principal se inclina hacia el lado contrario, a pesar del cuidado de los detalles y la belleza del paisaje, la obra no logra una verdadera unidad conceptual. Pero queda la monumentalidad del conjunto y la expresió0n de las caras.

      El dibujo preparatorio , en la fascinación del esquema que expresa con espontaneidad y fidelidad la idea primitiva, confirma la inspiración original de Rafael, así como su instintiva capacidad  para la composición que encuetnra en el rigor geométrico el orden y la perfección que logran fijar el evento para siempre.

     Lo que más llama la atención de la Deposizione son las caras de los personajes. Es difícil olvidar la expresión doliente , de un furimiento profundamente humano de la cara de Cristo, la desesperación de una de las mujeres, los rostros convulsos y absortos.

    La madonna del jilguero

      Cada historia, cada acontecimiento son cotnados por Rafael por emdio de imágenes del hombre y del ambiente, calificados con perfección y amor. El uno por los afectos, por las expresiones, por las características de la posición y del vestido; el otro por la perspectiva, por las variaciones de luz y color según la hora y la estación.

      Todo esto mediante una fusión extraordinaria del dibujo y el color, del contorno y el modelado que no sólo producen la forma y el volumen, el claroscuro y las variaciones de matiz, sino que también logran infundir a los hombres y a la naturaleza el soplo de la vida; a los personajes, en especial, la emoción del afecto.

       En el conjunto de la construcción unitaria y concisa, que nace d los estudios que preceden a cada obra se descubren y se entienden los detalles que junto con la expresión y la pose, revelen y destacan los afectos.

     Así en la Madonna del Jilguero notamos principalmente la inspiración, la composición piramidal, la atmófera en la que parecen moverse la Madonna con el Hijo y el amigo de éste. El paisaje envuelve las figuras, pero luego la atención se centra en los detalles de afecto: el jilguero que al posarse sobre la rodilla de la Virgen es acariciado por las manos de los pequeños Jesús y Juan, casi un pretexto natural por encontrarse en el regazo de la Madona; en el librito de plegarias que la Virgen, apenas distraída de la lectura por los niños, sostiene en su mano izquierda; y sobre todo en el gesto, extraordinario y por cierto signo de un sentido particular d ehumanidad y de calor familiar, del pie del Niño que se apoya amorosamente en su madre, en un contacto hmano y conmovedor. Un detalle, un gesto, que hace familiar, de un modo distinto e inmediato una imagen que la repetición iconográfica podía volver fríamente racional.

      La composición está comprendida según la iconografía tradicional en un triángulo cuyo vértice es la cabeza de la virgen. El triángulo encierra a los 3 personajes en una nuidad geométrica y conceptual.

     

    La Disputa del Sacramento

     Esta obra, que simboliza el Triunfo de la Teología, se encuentra en una de las paredes de la estancia de la signatura, frente a la Escuela de Atenas, y forma parte del ciclo que tiende a exaltar los ideales de la verdad, el bien y la belleza.

     La verdad encarnada en la Disputa del Sacramento y en la Escuela de Atenas. El bien en las Virtudes Cardinales y en las leyes canónicas y civiles. La belleza en la poesía del Parnaso.

     Y mientras sobre las pareces  se mueven personajes históricos, sobre la bóveda celeste  están representadas personificaciones de los principios mismos de la verdad, el bien y la belleza.

      El pontífice que encargó la decoración de la Estancia fue Julio II, quien encontró en Rafael un colaborador convencido de los nuevos conceptos renacentistas de un mundo renovado bajo el signo de la Iglesia Romana.

     Las obras de la Estancia representan la conclusión de una intensa meditación y de un estudio demostrado por numerosísimos dibujos y cartones.

     Vasari describe la pintura en la Vida de Rafael así: " HIzo en otra pared un cielo con Cristo y Nuestra Señora, San Juan Bautista, los apóstoles y los Evangelistas y los Mártires sobre las nubes, con Dios Padre que manda sobre todos y el Espíritu Santo; todos sobre un número infinito de santos, que abajo escriben la misa y discuten sobre la Hostia que está sobre el Altar, entre los cuales están los cuatro Doctores de la Iglesia, que tienen a su alrededor infinitos santos: Domingo, Francisco, Tomás de Aquino, Beunaventura, Escoto, Nicolás della Lira, Dante, fra Girolamo Savonarola de Ferrara y todos los teólogos cristianos e infinitos retratos del natural y en el aire hay cuatro niños que sostienen abiertos los evangelios.

    Con estas figuras no podría ningún pintor forma algo más hermoso ni de mayor perfección.

       Hay en la Disputa una profunda diferencia de distribución respecto a la Escuela de Atenas. Mientras en la Escuela la estructura es un auténtico montaje arquitectónico, un espacio cubierto  por una amplia cúpula bajo la cual se desarrolla la escena, en la Disputa la"arquitectura" está representada por la serie ordenada de personajes, dispuestos según una simetría precisa y significativa, buscando una espacialidad que será el símbolo de un universo espiritual. Los círculos concéntricos y paralelos de la estructura de la Disputa resultan el símbolo de la Ciudad de Dios en una unidad de composición y conceptual que no renuncia a la precisión de los detalles, de las fisonomías y las posturas.

      

    La escuela de Atenas

     En la Escuela de Atenas, son evidentes el papel y la importancia fundamentales que tienen la construcción arquitectónica y la perspectiva por dos razones:

      Por la ambientación, es decir, la definición del espacio en el que se desarrolla la escena - o, mejor, por la construcción en perspectiva de la bóveda bajo la cual tiene lugar la acción-

       Y por el esquema de la composición que guía a los numerosos personajes y los organiza en diferentes grupos.

      Colocada en la Estancia de la Signatura, engrente de la Disputa del Sacramento, que exalta la verdad revelada, la EScuela de Atenas, en espíritu de la cultura del Renacimiento, pretende celebrar la búsqueda racional de la verdad.

      Los personajes, sabios, artistas y filósofos, están colocados en el interior de un grandioso edificio decorado con columnas, nichos, estatuas y bajorrelieves que recuerda el proyecto de Bramante para San Pedro, reslatando el significado simbólico y arquitectónico de la monumental bóveda - que evoca la idea del Templo de la Filosofía sugerida por Ficino-

     En el centro de la escena están las figuras de Platón, con el Timeo bajo el brazo, que eleva simbólicamente el índice hacia el cielo, y de Aristóteles sosteniendo la Etica, que extiende hacia adelante el brazo y la mano.

     Rafael logró una vez más materializar en imágenes simples las ideas más complejas.

      A la izquierda de las dos figuras centrales está Sócrates con un grupo de jóvenes. Abajo Epicuro coronado con pámpanos. Pitágoras, sentado, anota en un grueso volumen mientras un joven le sostiene la famosa tablilla que contiene las normas de las proporciones musicales.

     Detrás, Averroes, caracterizado con turbante blanco, se inclina hacia él, mientras Heráclito escribe con el codo apoyado eun un gra bloque cúbico de piedra.

      Más allá, a la derecha, Diógenes, reclinado en la escalinata, mientras en primer plano Euclides se inclina para medir con compñas una figura geométrica; a su espalda, Zoroastro frente a Ptolome, con la esfera ceslete y el globo terráqueo en las manos.

      El pasado con su ciencia se relaciona con el presente por una genial perspectiva histórica, pues RAfael dio a aalgunos de los personajes de la Escuela el aspecto de artistas y otras personalidades de la época, sin renunciar a estar presente él también. Se representó como un joven atento en el extremo derecho de la composición.

      Más que una firma, una presencia que significa convicción y participación.

     ¿Qué quiere decir, más allá de la grandiosidad de la composición arquitectónica y pictórica, esta presencia del pasado y el presente, de sabios antigüos y de artistas y científicos modernos?

     En la Escuela de Atenas, donde quiso estar presente Rafael, se contiene la expresión renacentista del obrar artístico, entendido como discurso mental, reafirmando que no consiste en la traducción de formas visibles, sin en la conquista de la "idea". Con la escuela de Atenas los artista entran  a la Asamblea de los doctos, y las artes figurativas, hasta entonces sólo mecánicas alcanza el nivel de artes liberales.

       Como conclusión de la compleja lectura de la composición, una cita de André Chastel:

     "El dedo de Platón expresa la orientación final, de la ciencia de los números a la música, de la música a la armonía cósmica, de esta al orden divino de las ideas"

     

    Heliodoro expulsado del Templo

      En la estancia de Heliodoro, representa el momento en que Heliodoro, profanador del templo, es arrollado por el caballo medio divino, delante del sacerdote Oria, en el fondo, y del papa Julio II, mientras es portado por los silleteros, a la izquierda.

     La escena trasncurre bajo los arcos de uan arquitectura, que recuerda a la de la Escuela de Atenas, pero aquí el ritmo solemne de la Escuela es reemplazado por un  movimiento vertiginoso de arcadas y cúpulas iluminadas por resplandores imprevistos y ocultos en la sombra misteriosa y profunda.

      A la arquitectura enigmática corresponde la violencia  y el dramatismo de los personajes de la escena.

    El triunfo de Galatea

      El equilibrio, la armonía, la perfección nacen y se afirman en la matriz geométrica, científica, que es a la vez guía y confirmación de la composición.

       La pintura representa la diosa Galatea que avanza sobre las olas, sobre una gran concha tirada por delfines y guiada por el pequeño Polemón. La rodean `parejas de tritones y nereidas en el agua y amorcillos con los arcos tensados en el cielo.

     El cuadro, a pesar de la solución tan pagana, tiene relación evidetne con la Santa Catalina de Alejandría, por el semblante y la posición.

     

     Toda la escena tiene un aire qu eparece inspirarse en la mitología clásica, no sólo los personajes y la composición, también por la ejecución de luces, tonos y colores.

      Inmersos en una nube cristalina, en el esfumando azul, verde , violáceo del fondo del mar y del cielo, resaltan la musculatura oscura de los tritones y el encarnado transparente de los cuerpos femeninos, y sobre todo, el rojo del manto agitado por el viento, que envuelve y enmarca la figura d ela diosa seguida por el ritmo de su cabellera, conjugándose a su vez con el velo al viento de la nereida.

      NO podemos dejar d enotar en esta pintura de notables proporciones cómo dibjo, composiciòn y color, composición y color contribuyen a la perfección de Rafael, que nace precisamente de un rigor y un equilibrio cuánto más ocultos más naturales.

       El esquema que guía la disposiciòn de los personajes es triangular, con galatea en medio ocupando su cabeza la punta del triángulo. Pero también hay otra composición en el cielo. Circular formada por amorcillos, tritones y nereidas en cuyo centro está también la diosa.

     

    La liberación de San Pedro

      El fresco completo, reproducido abajo, se extiende en la Estancia de Heliodoro sobre la pared donde ya había trabajado Piero della Francesca, al lado de la ventana, con las mismas medidas que la pared de enfrente  ( las otras escenas representan Heliodor expulsado del templo, la misa de bolsena, el encuentro de Atila y  León el Magno) la historia de la liberación de San Pedro según el procedimiento de narración continua:

      En el centro, la liberación del santo con la luz brillante del ángel, al otro lado de la reja de la prisión; a la derecha, el ángel que lo conduce de la mano lejos de la cárcel ante los soldados dormidos; a la izqueirda, los mismos soldados delineados por los reflejos en la coraza del resplandor de la antorcha de la fría luz nocturna.

      Porque la protagonista de la escena es la luz.

    No es casual que nos recuerde el Sueño de Constantino de Piero della Francesca en Arezzo, en la increíble transparencia luminosa de la tienda, así como en aquellos efectos nocturnos, cargados de significado para un artista nórdico como Rembrant) y es esta luz lo que da a la escena un valor pictórico y un significado dramático y milagroso a la vez.

      En el esquema de la parte central del fresco encontramos de nuevo la geometría triangular que encierra la figura del ángel y la del santo.

      Sobre este triángulo se superpone otro igual, invertido, que guia la inclinación de los guardianes, apoyados en la pared; de la intersección de los lados del triángulo pende, con genial intuición, la cadena.

    Retrato de León X con dos cardenales

     Un retrato ejemplar, majestuoso, imponente, en el cual las tres figuras parecen aisladas en un mudo coloquio.

      Los cardenales  son Julio de Médicis y Luis de Rossi, en cuyas figuras intervino Giulio Romano.

      Llama la atención en este cuadro la novedad de un retrato triple, con los dos cardenales como para destacar y dar fuerza a la figura central del Papa. Además el carácter histórico del retrato parece nacer de la postura estática del Papa y de los cardenales, fijados por la luz en el equilibrio de la composición.

       Es notable la indidualización de los personajes y la cara del pontífice, hijo de Lorenzo el Magnífico, ennoblecida por una gran dignidad; de sus manos cuidadas afloran objetos preciosos y detallistas relacionados con su labor.

      Hay un libro de pergamino miniado y una campanilla de plata labrada de gran belleza y una lupa para ayudar a leer al viejo pontífice.

      Pero el elemento más importante es esa bola dorada del sillón papal, bruñida que funciona como un espejo en el que se reflejan la luz de las ventanas, la espalda del Papa y las paredes del aposento.

       Es extraordinaria la armonía de los tonos rojos, del bermejo del tapete que cubre la mesa, con las diversas tonalidades de los mantos de los cardenales, del rojo de la silla contrastando con el blanco luminoso del damasco de la ropa

        En esta línea encontramos otro gran retrato pero con juego de ocres y marrones. Baldassare di Castiglione.

     

    La transfiguración

      Esta obra fue encargada a Rafael en competencia con Sebastiano del Piombo, que realizó para la iglesia de San Pedro de Montorio una Resurrección de Lázaro. La restauración realizada en 1981 ha confirmado que el cuadro es íntegramente obra de Rafael.

     Hasta esta fecha gran parte de los estudiosos sostenía que a la muerte del maestro la zona inferior estaba apenas esbozada y fue terminada por Giulio Romano.

        En el cuadro Jesús flota en lo alto entre Moisés y Elías, en presencia de Pedro, Santiago y Juan. Debajo, el muchacho obeso está circundado por los apóstoles y por la loca que quería curarlo, en un auténtico torbellino de brazos y manos.

      La composición, compleja y articulada, sometida la fuerte contraste de la luz y  las sombras, está dividida en dos episodios, uno terrenal y otro celeste, con una clara contraposición. Luminosa la escena arriba, compuesta, simétricamente articulada en su impulso hacia el cielo.

      Abajo se observa una estructura tumultuosa, en un estallido de luces y sombras entre cuerpos situados sin orden. Las posiciones de las manos generan un intenso dramatismo, así como el juego de miradas dramáticas que asemejan una escena de teatro.

       El esquema muestra la escena dividida en dos zonas.

    La inferior ocupa 2/3 de la altura del cuadro, y está destinada a los personajes terrenales agitados en ese torbellino de brazos y manos.

     La parte superior, 1/3, está destinada a seres que flotan en el cielo.

      A los ejes que individualizan las áreas del cuadro ( una cruz centrada por Cristo y cruzada por la oscuridad de la roca)  se agrega el círculo que contiene las figuras superiores  contenido en un círculo mayor que recoge el grupo de viguras de abajo desde la cabeza de la mujer arrodillada.

      En el fondo del cuadro se puede observar otro semicírculo que contiene las figuras de abajo.

    Video obras de Raffaello di Sanzio

    mdn @ 19:55

    RAFFAELLO DI SANZIO

    mdn @ 19:49

    En Urbino, el viernes santo, a las 3 de la madrugada del año 1483 nació Raffaello, hijo de Giovanni di Sante di Pietro ( di Sante, Santius, Sanzio) y de Magia di Battista di Nicola Ciarla.

     

    Gobernaba el duque Guidobaldo de Montefeltro y la duquesa Elisabetta Gonzaga.

     El énfasis sobre el día, viernes santo, y la hora son de Vasari, que con estos datos comenzó a construir la vida de Rafel como una milagrosa imitación de Cristo, para sostener la sublimidad y la divinidad terrenal del pintor.

     Un mito que, a falta de fuentes más próximas, excepto las breves biografías de Giovio y Fornaria, y de cualquier información del propio Raffaello, no tardó en imponerse y que determinó la interpretación de la vida y de la obra del artista.

      De todas las maneras, más allá del mito, el arte de Raffaello tiene de realmente milagroso la precocidad, la progresión y la complejidad.

     Junto a Michelangelo Buonarotti y Leonardo Da Vinci forman esa "delgada cresta" que dijera Wofflim, que vio a este trio indisoluble y determinante no solo de la historia del Arte, sino también de la propia vida de estos grandes que no habrían podido prescindir el uno del otro, en una dialéctica de la cual precisamente, el más joven, Raffaello, constituye la síntesis y el fin.

      Encontramos a Raffaello en Urbino, centro importante para el Arte, pero no esencial, donde el artista más grande era Piero Perugino, que trabajaba en toda la Umbría y tenía también relaciones con Florencia y Roma.

      El padre de Raffaello, pintor mediocre, captó las cualidades de su  hijo y lo envió a Perugino para que lo enseñara.  Justo el año en que Raffaello empezó sus estudios como pintor su padre murió (su madre lo había hecho unos años antes) por lo que crecerá en el estudio del maestro. Fue un gran colaborador en muchas de sus obras.

      En 1500 consiguió con Evangelista dei Pina di Meletto el encargo del Retablo de San Nicolás de Tolentino para la iglesia de San agustín en Cittá del Castello. De esta obra sólo quedan fragmentos y algunso dibujos reveladores del proyecto de Raffaello.

     Independizado de Perugino pintó en varios lugares de Umbría (Coronaciónd e la Virgen en Perugia, Crucifixión Mond en Cittá di Castello)

      En 1504 pinta El desposorio de la Virgen reflejando ya su total maestría.

     Fascinado por Leonardo y Michelangelo se traslada a Florencia con una carta de recomendación del confaloniero Soderini, pero no hubo trabajos públicos para Raffaello.

     Aún así se dedicó a impregnarse de la cultura artística florentina. En aquellos años vivían en esta ciudad Leonardo y Michelangelo además de un importante número de grandes pintores como Ghirlandaio.

      Captó el esfumato de Leonardo y el dinamismo de Michelangelo.

     Píntó algunos retablos para la clientela de Umbría y para la de Florencia algunas de sus madonnas ( la madonna del gran duque, la madonna Belvedere, la madonna del jilguero, la bella jardinera) y retratos como el matrimonio Doni.

     Su fama hizo que el Papa Julio II le llamara a Roma para decorar las Nuevas Estancias de los aposentos papales.

     En la estancia de la Signatura pintó los frescos de la Disputa del Sacramento, la Escuela de Atenas, las Virtudes y el Parnaso.

      Después se encargaría de las estancias de Heliodoro, con la Misa de Bolsena, La liberaciónd e San Pedro, Heliodoro expulsado del templo.

      La ultima estancia fue decorada en 1517 con el Incendio del Borgo.

     Entre 1518 y 1519 realizó la decoración de la Logia de Psique para el Palacio de la Farnesina de Agostino Chigui y de las Logias Vaticanas, en donde no pintó sino que supervisó la labor de sus discípulos.

       Sus últimos años fueron un torbellino de trabajos y relaciones públicas. 

    Escribe Paolo Giovio " La gran intimidad con los poderosos conquistada con una conducta civilizada y cortés, le procuró tanta fama como la excelencia de sus obras"... Intimidad que nunca fue adulación como lo demuestran sus retratos.

      Una mole inmesa de trabajo debió influir en su salud, pero nunca dejó ver esta fatiga en sus obras.  En el autorretrato realizado en 1918 - el Louvre- aparece ya un rafael con barba y largos cabellos con uan expresión dulce y melancólica muy diferente a sus autorretratos juveniles.

     El sueño humanistico de  Raffaello se tornaba ilusión frente a un mundo dominado por la España imperial y por un arte que evolucionaba hacia el manierismo en manos del gran Michelangelo.

     En la Transfiguración se revela este cambio y esta pérdida de confianza. La pinta íntegramente, sin ayudantes. Elimina la perspectiva y la simetría e introduce una nueva luz, violenta, dramática, que da un gran relieve al as figuras y deja mucho en la sombra.."

       Murió en Viernes Santo en el año 1520.

    Video sobre obras de Leonardo Da Vinci

    mdn @ 19:15

    10/12/2008 GMT 1

    LEONARDO DA VINCI

    mdn @ 19:25

    Leonardo da Vinci (1452-1519), artista florentino y uno de los grandes maestros del Renacimiento, famoso pintor, escultor, arquitecto, ingeniero y científico. Su profundo amor por el conocimiento y la investigación fue la clave tanto de su comportamiento artístico como científico. Sus innovaciones en el campo de la pintura determinaron la evolución del arte italiano durante más de un siglo después de su muerte; sus investigaciones científicas, sobre todo en las áreas de anatomía, óptica e hidráulica, anticiparon muchos de los avances de la ciencia moderna.
    Leonardo nació el 15 de abril de1452 en el pueblo Toscano de Vinci próximo a Florencia. Hijo de un rico notario florentino y de una campesina, a mediados de la década de 1460 la familia se instaló en Florencia, donde Leonardo recibió la más exquisita educación que esta ciudad, centro artístico e intelectual de Italia, podía ofrecer. Poseía un gran genio de facultades tan extraordinaria que podía resolver cualquier problema por difícil que fuera; era como si hubiera nacido con algún don, mismo que con el tiempo afloró en su persona. Fue hijo de Piero da Vinci se piensa que de él heredó tantas facultades ya que tanto estaba preparado en ciencias y letras como en música, dibujo y moldeado, lo que más excitaba su fantasía. Era elegante, persuasivo en la conversación y un extraordinario músico e improvisador.
    Su padre pronto se dio cuenta del don de su hijo al hacer algunos dibujos y los llevó con un amigo de nombre Andrea, para hacerle una consulta: quería saber si su hijo tenía posibilidades dentro del mundo del arte. Leonardo acude al taller de Andrea en 1466, figura principal de su época en el campo de la pintura y escultura. Junto a éste, Leonardo se inicia en diversas actividades, desde la pintura de retablos y tablas, hasta la elaboración de grandes proyectos escultóricos en mármol y bronce. En 1472 entra a formar parte del gremio de pintores de Florencia y en 1476 todavía se le menciona como ayudante de Verrocchio, en cuya obra el bautismo de Cristo (c.1470, Florencia), pintó el ángel arrodillado de la izquierda y el paisaje de matices neblinosos. En 1478 Leonardo alcanzó la maestría.
    Su primer encargo, un retablo para la capilla del Palazzo Vecchio, del ayuntamiento florentino, no llegó a ejecutarse. Su primera gran obra, la adoración de los magos (Uffizi),que dejó inconclusa, se la encargaron los monjes de san Donato de Scopeto, cerca de Florencia, hacia 1481. Otras obras de su etapa juvenil son la denominada Madonna Benois (1478, San Petersburgo), el retrato de Ginebra de Benci (1474 Galería Nacional Washington) y el inacabado San Jerónimo (1481, Pinacoteca Vaticana).
    En 1482 Leonardo entra al servicio de Ludovico Sforza, duque de Milán, tras haberle escrito una carta en la que el artista se ofrecía como pintor, escultor, arquitecto; además de ingeniero, inventor de hidráulico y donde afirmaba que podía construir puentes portátiles, que conocía las técnicas para realizar bombarderos y el cañón, que podía hacer barcos así como vehículos acorazados, catapultas y otras máquinas de guerra y que incluso podía realizar esculturas en mármol, bronce y terracota. De hecho sirvió al Duque como ingeniero en sus numerosas empresas militares y también como arquitecto. Además, ayudó al matemático italiano Luca Pacioli en su célebre obra La Divina Proporción (1509).

    Existen evidencias de que Leonardo tenía discípulos en Milán, para los cuales probablemente escribió los textos que más tarde agruparía en sus tratados de pintura (1651). La obra más importante del periodo milanés son las dos versiones de La virgen de las rocas (1483-1485, Louvre, París; década de 1490-1506-1508 National Gallery, Londres), donde aplica el esquema compositivo triangular que encierra la virgen, el niño, San Juan, y el Angel; por otro lado utiliza por primera vez la técnica del esfumado pictórica) de 1495 a 1497 trabaja en su obra maestra "La Ultima Cena" pintura mural para el refectorio del monasterio de Santa María delle Grazie, Milán.
    Desgraciadamente, su empleo experimental del óleo sobre yeso seco provocó problemas técnicos que condujeron a su rápido deterioro hacia el año 1500. Desde 1726 se llevaron a cabo intentos fallidos de restauración y conservación; en 1977 se inició un programa haciendo uso de las más modernas tecnologías, como consecuencia del cual se han experimentado algunas mejoras. Aunque la mayor parte de la superficie original se ha perdido, la grandiosidad de la composición y la penetración fisonómica y psicológica de los personajes dan una vaga visión de su pasado esplendor. Durante su larga estancia en Milán, Leonardo también realizó otras pinturas y dibujos (la mayoría de los cuales no se conservan), escenografías teatrales, dibujos arquitectónicos y modelos para la cúpula de la catedral de Milán. Su mayor encargo fue el monumento ecuestre en bronce a tamaño colosal de Francesco Sforza, padre de Ludovico, para su ubicación en el patio del castillo Sforzesco. Sin embargo, en diciembre de 1499, la familia Sforza fue expulsada de Milán por las tropas francesas. Leonardo dejó la estatua inconclusa (fue destruida por los arqueros franceses que la usaron como diana) y regresó a Florencia en 1500. De esta primera etapa milanesa también cabe citar algunos retratos femeninos como el de La dama del armiño (Museo Czartoryski, Cracovia).

    Durante su estancia en Florencia, viaja un año a Roma. En 1502 Leonardo entra al servicio de Cesar Borgia, duque de Romaña, hijo del papa Alejandro VI. En su cualidad de arquitecto e ingeniero mayor del duque, Leonardo supervisa las obras en las fortalezas de los territorios del centro de Italia. En 1503, ya en Florencia, fue miembro de la comisión de artistas encargados de decidir sobre el adecuado emplazamiento del David de Miguel Angel (1501-1504, Academia Florencia), y también ejerció de ingeniero en la guerra contra Pisa; al final de este año comenzó a planificar la decoración para el gran salón del Palacio de la Cignoria con el tema de la batalla de Anghiari, victoria florentina en la guerra contra Pisa. Realizó numerosos dibujos y completó un cartón en 1505, pero nunca llegó a realizar la pintura en la pared.
    El cartón se destruyó en el siglo XVII conociéndose la composición a través de copias como la que realizó Petrus Paulus Rubens. Durante su segundo periodo florentino, Leonardo pintó varios retratos, pero el único que se ha conservado es el de La Gioconda (1503-1506, Louvre, París), el retrato mas famoso de toda la historia de la pintura, también conocido como La Mona Lisa, al identificarse a la modelo con la esposa de Francesco de Giocondo que llevaba ese nombre, aunque se han barajado varias hipótesis sobre su verdadera identidad. Si algo merece destacar de forma especial es la enigmática sonrisa de la retratada. Parece ser que Leonardo sentía una gran predilección por esta obra ya que la llevaba consigo en sus viajes.
    Leonardo hizo grandes obras en barro, y otras en cera pero casi siempre las dejaba incompletas. Tiempo después se dedicó con ahínco a estudiar la anatomía humana que le sirvió para hacer grandes trabajos. Plasmó en un libro una serie de dibujos anatómicos con grandísimo cuidado. De ellos bosquejó el esqueleto, al que cuidadosamente agregó los nervios y los músculos, pero lo curioso de este trabajo consistió en agregar pequeñas notas, pero elaboradas con la mano izquierda y escritas al revés, las cuales sólo podían leerse en un espejo, se han recopilado 4,200 páginas.
    También realizó pinturas no muy famosas, pintó muchas cabezas tanto de hombres como de mujeres, entre ellas: la cabeza de Américo Vespuccio.
    En 1506 Leonardo regresó a Milán al servicio del gobernador francés Carlos II Chaumont, mariscal de Amboise. Al año siguiente fue nombrado pintor de la corte de Luis XII de Francia, que residía por entonces en la ciudad italiana. Durante los 6 años siguientes Leonardo repartió su tiempo en Milán y Florencia, donde a menudo visitaba a sus hermanastros y hermanastras y cuidaba de su patrimonio. En Milán continuó sus proyectos de ingeniería y trabajo en el monumento ecuestre de Gian Giacomo Trivulizio, comandante de las fuerzas francesas en la ciudad. Aunque el proyecto no se llego a finalizar, se conservan dibujos y estudios sobre el mismo. De esta misma época parece ser la segunda versión de La Virgen De Las Rocas y Santa Ana, la Virgen y el Niño (1506-1513, Louvre, París). Desde 1514 a 1516 Leonardo vivió en Roma bajo el mecenazgo de Giuliano de Medici, hermano del Papa León X. Se alojaba en el palacio de Belverde en el Vaticano, ocupándose fundamentalmente de experimentos científicos y técnicos. En 1516 se traslada a Francia a la corte de Francisco I, donde pasó sus últimos años en el castillo de Cloux, cerca de Amboise.
    Aunque Leonardo dejara gran parte de su producción pictórica inacabada, fue un artista extremadamente innovador e influyente. Al comienzo de su trayectoria su estilo es similar al de Verrocchio, pero poco a poco abandonó la manera del maestro en lo que ésta tenía de rigidez o dureza de líneas en el tratamiento de las figuras y evolucionó hacia un estilo más libre, de modelado más suave en el que incluyó afectos atmosféricos. La temprana adoración de los magos introduce una nueva forma de composición, en la que las figuras principales quedan reagrupadas en el primer plano, mientras que en el fondo un paisaje con ruinas imaginarias y escenas de batalla se diluye en la lejanía.
    Las inovaciones estilísticas de Leonardo se hacen patentes en La Última Cena, en la que recrea un tema tradicional de manera completamente nueva en lugar de mostrar a los doce apóstoles aislados, los presenta agrupados de tres en tres, dentro de una dinámica de composición. Cristo -en el momento de anunciar la traición de uno de ellos- sentado en el centro y teniendo como fondo un triple ventanal en el que un paisaje se difumina; en la distancia representa un núcleo de serenidad, mientras que los rostros y gestos de los discípulos exteriorizan el drama que supone este momento. Leonardo reintroduce, con monumentalidad de la escena y volumen de las figuras un estilo que ya había iniciado 30 años antes -Masaccio.
    Los grandes maestros del Renacimiento en Florencia, como: Rafael, Andrea del Sarto y Fray Bartolommeo, aprendieron técnicas como el sfumato y el claroscuro de Leonardo. Los numerosos dibujos que poseemos de Leonardo, revelan su perfección técnica y su maestría en el estudio de las anatomías humanas, de animales y plantas. Los dibujos se encuentran repartidos por museos y colecciones europeas como la del Castillo de Windsor, Inglatera, que constituyen el grupo más numeroso. Probablemente su dibujo más famoso sea su autorretrato de anciano (1510-1513, Biblioteca Real, Turín).
    A causa de que ninguno de los proyectos escultóricos de Leonardo fue finalizado, el conocimiento de su arte tridimensional sólo puede hacerse a través de sus dibujos. Idéntica consideración puede aplicarse a su arquitectura. Sin embargo, en sus dibujos arquitectónicos, demuestra maestría en la composición de masas, claridad de expresión y fundamental, un profundo conocimiento de la antigüedad romana.
    Leonardo destacó por encima de sus contemporáneos como científico. Sus teorías en este sentido, de igual modo que sus innovaciones artísticas, se basan en una precisa observación y documentación. Comprendió, mejor que nadie en su siglo y aún en el siguiente, la importancia de la observación científica rigurosa. Desgraciadamente, del mismo modo que frecuentemente podía fracasar a la hora de rematar un proyecto artístico, nunca concluyó sus planificados tratados sobre una diversidad de materias científicas, cuyas teorías nos han llegado a través de anotaciones manuscritas.
    Los descubrimientos de Leonardo no se difundieron en su época debido a que suponían un avance tan grande que los hacia indescifrables, hasta tal punto que, de haberse publicado, hubieran revolucionado la ciencia del siglo XVI. De hecho Leonardo anticipa muchos descubrimientos de los tiempos modernos. En el campo de la anatomía estudió la circulación sanguínea y el funcionamiento del ojo; en meteorología y geología, conoció el efecto de la luna sobre las mareas, anticipó las concepciones modernas sobre la formación de los continentes y conjeturó sobre el origen de las conchas fosilizadas. Por otro lado, es uno de los inventores de la hidráulica y probablemente descubrió el hidrómetro; su programa para la canalización de los ríos todavía posee valor práctico. Inventó un gran número de máquinas ingeniosas, entre ellas un traje de buzo, y especialmente sus máquinas voladoras que, aunque sin aplicación práctica inmediata, establecieron algunos principios de la aerodinámica.
    Un creador de todas las ramas del arte, un descubridor en la mayoría de los campos de la ciencia, un innovador en el terreno tecnológico, Leonardo merece por ello, quizá más que ningún otro, el titulo Homo Universalis. Este grandioso artista, a pesar de su fama, era humilde, generoso pero también muy bromista. Se cuenta que cierta vez en la lección de León X, en Roma creó animales huecos, hechos de cera que al soplarlos volaban como si fueran pájaros. Pero también realizó una broma al tomar a un lagarto que se había encontrado; le pegó en todo su cuerpo escamas con mercurio, que temblaban mientras el animal se movía. Hizo un verdadero monstruo ya que le agrego barba, ojos y cuernos, y posteriormente lo domesticó en una jaula grande, todo aquel que lo miraba corría espantado por la impresión y él reía al ver la reacción que provocaba. Para hacer más vivos los colores, desfilaba aceites y hierbas en la elaboración del barniz. Pero nada ni nadie es eterno en la vida y a Leonardo le llegó su turno al estar por varios meses enfermo de una parálisis en la mano y además por su edad muy avanzada.
    Quiso refugiarse en la religión cristiana y arrepentido se confesó. Decía que se sentía culpable por haber ofendido a Dios y a los hombres, por no haber trabajado en el arte como se debiera. El rey que lo visitó frecuentemente en su lecho de muerte, le sostuvo la cabeza cual si fuera un niño y en ese momento al sentir que ya no podía tener mayor honor, muere en sus brazos, tenía 75 años. Muere en el castillo de Cloux el 2 de mayo de 1519. "Florencia" estuvo feliz por tener por hijo a uno de los más grandes artistas existidos en la tierra; este día estaba de luto, sufría la perdida de su Leonardo".
    Bueno, lo que sentimos cuando empezamos a buscar información sobre su vida y pinturas es impresionante, ¿cómo podía crear esas pinturas?. Para nosotros fue uno de los más importantes pintores de la época del Renacimiento.

     Imagen:Leonardo da Vinci 029.jpg

    VIRGEN DE LAS ROCAS

    La Virgen está en el centro, con la mano derecha sostiene a Juan el Bautista, a quien la Virgen está mirando. A su izquierda hay un ángel sentado más abajo que la Virgen. Más abajo está el niño Jesús sentado,y el también mira a Juan Bautista. La Virgen predomina en la imagen.

    Leonardo eligió pintar un momento apócrifo de la infancia de Cristo, cuando Juan el Bautista niño (San Juanito), huérfano, refugiado dentro de una gruta y protegido por un ángel , encuentra a la Sagrada Familia en su huida a Egipto. De acuerdo con la interpretación tradicional de las pinturas, representan a la Virgen María en el centro, empujando a Juan hacia Jesús, que está sentado con el ángel Uriel. Jesús está bendiciendo a Juan, que extiende su mano en un gesto de oración. En este cuadro, tal como lo pinta Leonardo, Juan reconoce y venera al Niño como Cristo. En la versión del Louvre, Uriel apunta a Juan y, con una leve sonrissa, mira ligeramente hacia el espectador. Este gesto falta en la versión londinense, en la que el ángel mira al niño y no hace ninguna señal con el dedo. Otra diferencia entre la versión de Londres y la de París es que en la de la National Gallery aparecen atributos que faltan en la del Louvre, como los halos y la tradicional vara cruciforme de Juan. Esto clarifica la identificación de los niños Jesús y Juan, y fueron añadidos por otro artista, posiblemente después de la muerte de Leonardo.

    Las figuras de la segunda versión (la londinense) son más grandes, y los drapeados más sencillos, con lo que se obtiene mayor monumentalidad.

     Imagen:Leonardo da Vinci 050.jpg

    La belle ferronière

    La obra fue realizada durante los años de la estancia en Milán del artista, y refleja el intenso estudio de óptica de aquel período, evidente en el bellísimo detalle de la reverberación del vestido rojo en la mejilla del enigmático rostro. El modelado de las carnaciones se consigue gracias al juego de luces y sombras.

    Esta hermosa mujer parece estar en la flor de la juventud. Tiene un listón en la frente al igual que la dama del armiño, y porta un peinado similar a esta última; su pelo es liso y cubre las orejas y la parte lateral de la cara, evidencia de la moda de aquel tiempo.

    Está representada en un busto de tres cuartos. A juzgar por la posición que se puede ver en sus brazos, tiene las manos cogidas entre sí. Gira levemente inclinando su cabeza hacia el espectador, signo de inocencia y curiosidad. Aunque permanece callada, no está del todo seria. Sus ojos muestran gran viveza y la mirada resulta penetrante.

    Su vestido es rojo y tiene pequeños moños y listones grises y transparentes. La riqueza del tejido del vestido es una indicación del elevado estatus social de la retratada. Porta un listón en forma de collar en su cuello.

    Son muchas las características que tiene en común este retrato con La dama del armiño. Inclusive, el fondo es oscuro en las dos obras, pero Leonardo aun no experimenta con el esfumado en estos momentos, una de las razones por la cual este retrato no es tan famoso como la Gioconda.

    El análisis de la obra a través de rayos X ha permitido comprobar que el pelo quedaba más arriba, de forma que se veía la parte inferior de la oreja izquierda de la retratada.

    Imagen:Leonardo da Vinci (1452-1519) - The Last Supper (1495-1498).jpg

     La última Cena

    Leonardo ha escogido representar, puede que a sugerencia de los dominicos, el momento quizá más dramático. Representa la escena de la Última Cena de los últimos días de la vida de Jesús de Nazaret según narra la Biblia. La pintura está basada en Juan 13:21, en la cual Jesús anuncia que uno de sus 12 discípulos le traicionaría.

    La afirmación de Jesús "uno de vosotros me traicionará" causa consternación en los doce seguidores de Jesús, y ese es el momento que Leonardo representa, intentando reflejar "los movimientos del alma", las distintas reacciones individualizadas de cada uno de los doce apóstoles: unos se asombran, otros se levantan porque no han oído bien, otros se espantan y, finalmente, Judas retrocede al sentirse aludido.

    Aunque se basa en las representaciones precedentes de Ghirlandaio y Andrea del Castagno, Leonardo crea una formulación nueva. Como puede verse en el dibujo preparatorio, Leonardo pensó inicialmente en la composición clásica, con Judas delante de la mesa, y los otros once apóstoles en frente, con Jesucristo en el medio como uno más. Leonardo se apartó de esta tradición iconográfica e incluye a Judas entre los demás apóstoles, porque ha elegido otro momento, el posterior a su anuncio de que uno lo traicionará. Leonardo cambió la posición de Jesucristo, que inicialmente estaba de perfil hablando con Juan Evangelista, que parece en pie a su lado, (hay otro apóstol que también estaba de pie), y lo sitúa en el centro, hacia el que convergen todas las líneas de fuga, destacando aún más al perfilarse contra el ventanal del centro, rematado con un arco y separándolo de los apóstoles. A ambos lados de Jesucristo, aislados en forma de triángulo y destacados con colores rojo y azul, están los apóstoles, agrupados de tres en tres.

    La mesa con los trece personajes se enmarca en una arquitectura clásica representada con exactitud a través de la perspectiva lineal,concretamente central, de manera que parece ampliar el espacio del refectorio como si fuera un trampantojo salvo por la diferente altura del punto de vista y el monumental formato de las figuras. Ello se logra a través de la representación del pavimento, de la mesa, los tapices laterales, las tres ventanas del fondo o, en fin, los casetones del techo. Esta construcción en perspectiva es lo más destacado del cuadro.

    La escena parece estar bañada por la luz de las tres ventanas del fondo, en las que se vislumbra un cielo crepuscular, de igual manera que por la luz que entraría a través de la ventana verdadera del refectorio. Dicha luminosidad, así como el fresco colorido, han quedado resaltados a través de la última restauración. Los 12 Apóstoles están distribuidos en cuatro grupos de 3. Ello sigue un esquema de tríades platónicas, de acuerdo a la escuela florentina de Ficino y Mirandola. Analizando de derecha a izquierda, en la segunda tríade se encuentra Judas, cuya traición rompe la tríade, colocándole fuera de ella. La tercera tríade desarrolla la teoría del amor platónico. El amor es el deseo de la belleza, la esencia de Dios es amor y el alma va hacia su amor embriagada de belleza. En la cuarta tríade se observa a Platón, Ficino y quizá el propio Leonardo, trata del diálogo filosófico que lleva a la verdad de Cristo.

    Archivo:Mona Lisa.jpeg

    La Gioconda

     Desde el siglo XVI es propiedad del Estado Francés, y se exhibe en el Museo del Louvre, París.

    Su nombre oficial es Gioconda (que, traducido del italiano al castellano es alegre), en honor a la tesis más aceptada acerca de la identidad de la modelo, apoyada en el hecho de que era esposa de Francesco Bartolomeo del Giocondo y que su nombre era Lisa Gherardini

    Es un óleo sobre tabla de álamo de 77 x 53 cm, pintado entre 1503 y 1506, y retocado varias veces por el autor. La técnica usada fue el sfumato, procedimiento muy característico de Leonardo. El cuadro está protegido por múltiples sistemas de seguridad y ambientado para su preservación óptima. Es revisado constantemente para verificar y prevenir su deterioro.

    Además, se han usado herramientas tecnológicas para la investigación de enigmas que rodean la obra. Por medio de estudios históricos se ha determinado que la modelo podría ser una vecina de Leonardo, que podrían conocerse sus descendientes y que la modelo podría haber estado embarazada. Pese a todas las suposiciones, las respuestas en firme a los varios interrogantes en torno a la obra de arte resultan francamente insuficientes, lo cual genera más curiosidad entre los admiradores del cuadro.

    La fama de esta pintura no se basa únicamente en la técnica empleada o en su belleza, sino en los misterios y enigmas que la rodean. Además, el robo que sufrió en 1911, las reproducciones realizadas, los enigmas como la identidad de la modelo o el secreto de su sonrisa, las múltiples obras de arte que se han inspirado en el cuadro y las parodias existentes contribuyen a convertir a La Gioconda en el cuadro más famoso del mundo, visitado por millones de personas anualmente

    Leonardo dibujó el esbozo del cuadro y después aplicó el óleo diluido en aceite esencial. La técnica se conoce como  Sfumato, la cual consiste en prescindir de los contornos netos y precisos del "Quattrocento" y envolverlo todo en una especie de niebla imprecisa que difumina los perfiles y produce una impresión de inmersión total en la atmósfera, lo cual da una sensación de tres dimensiones a la figura.

    La dama está sentada en un sillón, y posa sus brazos en los apoyos del asiento. En sus manos y sus ojos puede verse un claro ejemplo característico del  esfumado y también puede destacarse el juego que hace con la luz y la sombra para dar sensación de volumen.

    Aparece sentada en una galeria viéndose en el borde izquierdo del cuadro la base de una de las columnillas.



    Detalle del lado izquierdo del paisaje.



    Detalle del lado derecho del paisaje.

    La galería se abre a un paisaje inspirado en las vistas que Leonardo pudo alcanzar a divisar en los Alpes , cuando hizo su viaje a Milán.

    El paisaje posee una atmósfera húmeda y acuosa que parece rodear a la modelo. Se ha intentado localizar el aparente recodo del Arno o una porción del Lago de Como sin haber llegado a conclusiones definitivas. Muchas veces se ha tratado de compaginar uno y otro lado del paisaje tras la modelo, pero la discordancia entre ambos lados no permite que se diseñe un modelo continuado de la imagen.

     Debe tenerse en cuenta que el lado izquierdo parece estar más alto que el derecho, entrando en contraste con la física, puesto que el agua no puede encontrarse estática a desnivel en el terreno.

    Al respecto, el historiador de arte, E.H. Gombrich, expresa que:

    En consecuencia, cuando centramos nuestras miradas sobre el lado izquierdo del cuadro, la mujer parece más alta o más erguida que si tomamos como centro la derecha. Y su rostro, asimismo, parece modificarse con este cambio de posición, porque también en este caso las dos partes no se corresponden con exactitud

    E.H. Gombrich

    Por otro lado, en medio del paisaje aparece un puente, elemento de civilización, que podría estar señalando la importancia de la ingenieria y la arquitectura.



    Detalle de la mirada de la modelo.

    La modelo carece de  cejas y pestañas posiblemente por una restauración demasiado agresiva en siglos pasados, en la cual, se habrían barrido las veladuras o leves trazos con que se pintaron. Vasari en efecto, sí habla de cejas: «En las cejas se apreciaba el modo en que los pelos surgen de la carne, más o menos abundantes y, girados según los poros de la carne, no podían ser más reales».[ Según otros expertos, Leonardo nunca le pintó cejas ni pestañas para dejar su expresión más ambigua o porque, realmente, nunca llegó a terminar la obra.

    El personaje dirige la mirada ligeramente a la izquierda y muestra una sonrisa francamente enigmática. Cuenta Vasari que

    Mientras la retrataba, tenía gente cantando o tocando, y bufones que la hacían estar alegre, para rehuir esa melancolía que se suele dar en la pintura de retratos.

    Sin embargo, no existen evidencias de dicha afirmación.

    Sobre la cabeza lleva un velo, signo de castidad y atributo frecuente en los retratos de esposas.

    El brazo izquierdo descansa sobre una butaca. La mano derecha se posa encima de este brazo. Esta postura transmite la impresión de serenidad y de que el personaje retratado domina sus sentimientos.

    La técnica de Leonardo da Vinci se aprecia con más facilidad gracias a la "inmersión" de la modelo en la atmósfera y el paisaje que la rodean, potenciada además por el avance en la "perspectiva atmosférica" del fondo, que sería logro final del Barroco, y en la que los colores tienden al azulado y la transparencia, aumentando la sensación de profundidad.

    En el  siglo XVI Leonardo da Vinci pintó la Mona Lisa dando el efecto de que la sonrisa desaparezca al mirarla directamente y sólo reaparezca cuando la vista se fija en otras partes del cuadro. El juego de sombras potencia la sensación de desconcierto que produce la sonrisa. No se sabe si parece sonreír o si es una sonrisa llena de amargura.



    Detalle de la sonrisa de la Mona Lisa.

     Archivo:Leonardo da Vinci 025.jpg

    San Juan Bautista

    Representa a Juan el Bautista en la  soledad del desierto. Está representado de medio cuerpo, una variación sobre el tema de la figura construida clásica y monumentalmente en el espacio en directa sugestión de los modelos de la estatuaria antigua.
    San Juan viste pieles
    , tiene largo pelo rizado. Sostiene una cruz de junco en su mano izquierda mientras que la derecha apunta hacia el cielo. Se cree que la cruz y las pieles se añadieron más adelante por otro pintor. La figura está envuelta en una mórbida sombra. Mientras que el tronco tiene una cierta solidez y fuerza, el rostro y la expresión tienen una delicadeza y misteriosa suavidad que parecen contradecir la personalidad de Juan, el intransigente y abstemio predicador en el desierto, como lo describe la Biblia. Puede ser que haya escogido retratar al santo en el momento de bautizar a Jesucristo, el momento en el que el  Espíritu Santo desciende sobre Jesús en forma de paloma.

     La expresión del rostro, lánguida y ambigua, es típica de las últimas obras de Leonardo.

    Algunos han indicado, igualmente, que la apariencia de san Juan es andrógina o hermafrodita, una teoría apoyada por un esbozo de Leonardo conocido como "El ángel encarnado".

    El gesto de señalar al cielo sugiere la importancia de la salvación a través del bautismo que san Juan representa. La obra es a menudo repetida por otros pintores posteriores, especialmente aquellos de las escuelas del renacimiento tardío y el manierismo. La inclusión de un gesto similar al de Juan incrementaría la importancia de una obra con un sentido religioso.

    CINQUECENTO Y MANIERISMO: PINTURA

    mdn @ 18:38

     Presentaciones del cinquecento 

    Aunque cronológicamente el término Cinquecento hace referencia a todo el siglo XVI en Italia, en lo artístico solo abarca el primer cuarto de ese siglo. Se denomina también Alto Renacimiento o Renacimiento clásico. Es la época de madurez del estilo y de sus tres artistas más geniales: Leonardo da Vinci, Miguel Ángel y Rafael.

    Está seguido por el Manierismo, que fue un estilo que se caracterizó por el uso de figuras exageradas, a menudo con posturas forzadas, un irreal tratamiento del espacio y con frecuencia de efectos dramáticos; y una aparente elección arbitraria del color. Supone el rechazo del equilibrio y de la claridad del Renacimiento en busca de composiciones más dramáticas y complejas y el deseo de efectos más emotivos

    VIDEOS PINTURA QUATTROCENTO

    mdn @ 18:02

    ESCUELA FLORENTINA QUATTROCENTO: BOTTICELLI

    mdn @ 14:27

    Imagen:Sandro Botticelli 083.jpg

    Autorretrato Botticelli

    Alessandro di Mariano di Vanni Filipepi, mejor conocido como Sandro Botticelli (1445 - 1510). Uno de los pintores más destacados del renacimiento florentino. Desarrolló un estilo personalísimo, caracterizado por la elegancia de su trazo, su carácter melancólico y la fuerza expresiva de sus líneas. Nació en Florencia, hijo de un curtidor, y su verdadero nombre era Alessandro di Mariano Filipepi. El apelativo por el que se le conoce (diminutivo italiano de la palabra botijo) era probablemente el apodo de su hermano mayor o el nombre del orfebre del que fuera aprendiz.

    Más tarde fue discípulo de Fra Filippo Lippi. Trabajó con el pintor y grabador Antonio del Pollaiuolo, del que aprendió el dominio de la línea, y también recibió gran influencia de Andrea del Verrocchio.

    Hacia 1470 Botticelli ya tenía su propio taller. Dedicó casi toda su vida a trabajar para las grandes familias florentinas, especialmente los Medici, para los que pintó retratos, entre los que destaca su Retrato de Giuliano de Medici (1475-1476, Galería Nacional de Arte, Washington, D.C.). La adoración de los Magos (1476-1477, Galería de los Uffizi, Florencia) no fue encargo de los Medici pero en él pintó a los personajes con rasgos muy parecidos a los de dicha familia.

    Como integrante del brillante círculo intelectual y artístico de la corte de Lorenzo de Medici, Botticelli recibió la influencia del neoplatonismo cristiano de ese círculo, que pretendía conciliar las ideas cristianas con las clásicas. Esa síntesis se expresa en La primavera (c. 1478) y en El nacimiento de Venus (posteriores a 1482), dos obras realizadas para una de las villas de la familia Medici, que hoy se hallan en la Galería de los Uffizi y que, probablemente, son las obras más conocidas de Botticelli.Aunque los expertos no han llegado a un acuerdo definitivo sobre la interpretación de estos dos cuadros, sus elegantes personajes, que forman diseños lineales abstractos bañados por una suave luz dorada, podrían representar a Venus como símbolo del amor tanto cristiano como pagano.

    Dentro de este ámbito profano también destaca la serie de cuatro cuadros Nastapio degli Honesti (Museo del Prado, Madrid), donde recrea una de las historias del Decamerón, de Boccaccio.

    Botticelli también pintó temas religiosos, principalmente tablas de Vírgenes, como La Virgen escribiendo el Magnificat (década de 1480), La Virgen de la granada (década de 1480) y La coronación de la Virgen (1490), todas ellas en los Uffizi, y Virgen con el niño y dos santos (1485, Staatliche Museen, Berlín).

    Entre sus otras obras de tema religioso destacan San Sebastián (1473-1474, Staatliche Museen) y un fresco sobre San Agustín (1480, Ognissanti, Florencia).

    En 1481 Botticelli fue uno de los artistas llamados a Roma para trabajar en la decoración de la Capilla Sixtina del Vaticano, donde pintó los frescos Las pruebas de Moisés, El castigo de los rebeldes y La tentación de Cristo.

    En la década de 1490, cuando los Medici fueron expulsados de Florencia y el monje dominico Girolamo Savonarola predicaba la austeridad y la reforma, Botticelli sufrió una crisis religiosa, aunque no abandonó la ciudad, donde moriría el 17 de mayo de 1510.

    Sus obras posteriores, como la Pietà (principios de la década de 1490, Museo Poldi Pezzoli, Milán) y sobre todo la Natividad mística (década de 1490, National Gallery, Londres) y la Crucifixión mística (c. 1496, Fogg Art Museum, Cambridge, Massachusetts) expresan una intensa devoción religiosa y un retroceso en el desarrollo de su estilo.

    OBRA DE SANDRO BOTTICELLI

     

    Se cree que gracias a Adoración de los Magos que pintó en 1475 para Santa María Novella, llamó la atención de los Médicis, que rápidamente emplearon su talento. Comenzó a trabajar para ellos pintando un estandarte para el torneo de Juliano de Médicis, ensalzado por Poliziano en sus Stanze. Sus contactos repetidos con esta familia fueron sin duda alguna útiles para garantizarle protección política y crear las condiciones ideales para la producción de sus numerosas obras maestras.

    La primavera es obra realizada hacia 1478 para la casa de Lorenzo di Pierfrancesco de Médici en la ciudad de Florencia. El nacimiento de Venus fue un encargo posterior, de otra persona para un lugar diferente, aunque a fines de siglo estas dos pinturas estuvieran juntas.

    Se convirtió en el máximo intérprete del neoplatonismo de la época, con su fusión de temas cristianos y paganos y su elevación del esteticismo como un elemento trascendental en el arte. Para dar forma a esta nueva visión del mundo, Botticelli opta por la gracia, esto es, la elegancia intelectual y exquisita representación de los sentimientos.

    En estas obras la influencia del realismo gótico está atemperado por el estudio que Botticelli hace de la Antigüedad. Pero aunque pueda comprenderse desde el punto de vista pictórico, los temas en sí siguen siendo fascinantes por su ambigüedad. Los complejos significados de estas pinturas siguen recibiendo atención de los eruditos, centrándose principalmente en la poesía y la filosofía de los humanistas contemporáneos del artista. Las obras no ilustran un texto en particular; más bien, cada una de ellas se basa en varios textos para su significado. Sobre su belleza, caracterizada por Vasari como ejemplificadora de la "gracia" y por John Ruskin como poseedoras de ritmo lineal, no puede haber dudas.

    En 1478 tuvo lugar la conjura de los Pazzi, en la que murió asesinado el hermano de Lorenzo el Magnífico, Juliano de Médicis. Sandro pintó al fresco sobre la Puerta de la Aduana los retratos de los conjurados Jacopo, Francesco y Renato de Pazzi y del arzobispo Salviati, ahorcados; fueron borradas en 1494. De esta época datan varios retratos conmemorativos del fallecido Juliano.

    En 1481, el Papa Sixto IV llamó a toda una serie de artistas prominentes florentinos y umbríos, entre ellos a Botticelli, para que pintasen frescos en las paredes de la Capilla Sixtina. El programa iconológico era la supremacía del papado. Para realizar la obra, los pintores tuvieron que aceptar unas convenciones representativas comunes a todos, de manera que la obra final resultara homogénea: usaban la misma escala de dimensiones, la misma estructura rítmica y representación paisajística, una sola gama cromática con adornos de oro que hiciera resplandecer las pinturas con la iluminación de las antorchas y las velas. En esta obra común la contribución de Sandro fue moderadamente exitosa, realizando tres recuadros: Castigo de Core, Datan y Abiram, Hechos de la vida de Moisés y La tentación de Cristo.

    Después de su estancia en Roma (1481-1482), Botticelli volvió a Florencia, y «siendo de mente sofisticada, allí escribió un comentario sobre un pasaje de Dante e ilustró el Infierno que él mismo imprimió, dedicándole mucho tiempo, y esta abstención al trabajo condujo a serios desórdenes en su vida». Así hablaba Vasari del primer Dante impreso (1481) con las decoraciones de Botticelli, no imaginándose que el nuevo arte de la impresión pudiera interesarle a un artista.

    A mediados de los años 1480 Botticelli trabajó en un gran ciclo de frescos con Perugino, Ghirlandaio y Filippino Lippi para la villa de Lorenzo el Magnífico cerca de Volterra; además, pintó muchos frescos en iglesias florentinas.

    En 1491 Botticelli formó parte de un comité para decidir la fachada de la catedral de Florencia.

    A finales del siglo XV, el ambiente florentino cambió. Savonarola es la mejor personificación de este cambio en el ambiente de la época. Este predicador, que en una estancia anterior no había hecho mella en los florentinos, regresó a la ciudad en 1490, y esta vez sus tremendas predicaciones sobre el Juicio Final tuvieron éxito debido a una serie de circunstancias, como la pérdida de poder que sufrieron los Médicis debido a las guerras franco-italianas, la expansión de la sífilis, llamado «mal francés» y el ambiente de milenarismo conforme se aproximaba el año 1500.

    En 1492 murió Lorenzo el Magnífico. El rey Carlos VIII de Francia invadió Florencia en 1494, expulsando a Pedro de Médicis. Savonarola se hizo el líder de la ciudad, estableciendo una República que abominaba de todo aquello que representaban los Médicis como los objetos de lujo y los cuadros pintados por Botticelli. Sandro era intensamente religioso. En estos últimos años de su vida su producción se caracteriza por la inquietud. Giorgio Vasari afirmaba que Botticelli fue un «piagnone» («llorón» o «lloraduelos»), nombre con el que se designaba a los seguidores de Savonarola, y que por ello abandonó la pintura como vanidad terrenal. Hoy en día esta afirmación se pone muy en duda, considerando que no fue un verdadero seguidor de Savonarola, a diferencia de su hermano Simone, con quien vivía el pintor. Lo que sí puede afirmarse es que en las últimas obras de Botticelli se siente la influencia del clima de crisis política y religiosa.

    En plena época de la República se data su obra La calumnia de Apeles (1495), un cuadro alegórico extraído de Luciano y mencionado en el tratado de Alberti.

    El 7 de febrero de 1497 Savonarola y sus seguidores llevaron a cabo la más célebre Hoguera de las vanidadesFalò delle vanità»): reunieron objetos que representaban la relajación moral con el fin de hacerlos arder en la Plaza de la Señoría. En esta hoguera ardieron unas cuantas obras de Botticelli. El 4 de mayo de ese mismo año, una revuelta popular acabó con el dominio de Savonarola, quien murió el día 23 en la hoguera. Sin embargo, el ambiente intelectual había cambiado irremediablemente.

    El biógrafo de Botticelli Ersnt Steinman investigó el desarrollo psicológico del artista a través de sus numerosas Vírgenes. En la «profundización del entendimiento y expresión en la interpretación de la fisonomía de María», Steinman cree ver una prueba de la influencia de Savonarola sobre Botticelli. Esto significa que el biógrafo necesitaba alterar las fechas de una serie de Vírgenes para apoyar su teoría; específicamente, las data en fechas muy posteriores a las que tradicionalmente se consideran. Steinman se muestra en desacuerdo con la afirmación de Vasari de que Botticelli no produjo nada después de caer bajo la influencia de Savonarola. Cree que las Vírgenes espirituales y emocionales representadas por Sandro provienen directamente de las predicaciones del monje dominico.

    Vasari imputa a Botticelli una pintura herética de carácter gnóstico por encargo de Matteo Palmieri en una capilla en San Pedro Mayor; es un error de Vasari, pues dicha pintura, ahora parte de la Galería Nacional en Londres, es del artista Botticini. Vasari confundió estos nombres similares en sonido.

    Se dice que cayó en la pobreza, y que habría muerto de hambre si no hubiera sido por la diligente ayuda de sus antiguos patrones. Lo cierto es que sigue produciendo obras, si bien en un tono más dramático y con una consciente regresión estilística hacia modelos antiguos, como puede verse en la serie sobre la Vida de san Cenobio y la Natividad mística (1501), consideradas sus últimas obras.

    No se conoce amor concreto de Botticelli, ni alusión a excesos sentimentales; tenía «horror al matrimonio».[1] No se casó nunca. Fue denunciado anónimamente en 1502 de sodomía con uno de sus ayudantes, pero los cargos fueron más tarde desestimados. En 1504-1505 aparece como miembro del comité que iba a decidir la ubicación del David de Miguel Ángel.

    Del año 1502 es su famoso escrito relativo a la realización de una especie de periódico conocido como beceri, de carácter satírico, destinado en su mayor parte a alegrar la lectura de los nobles de la sociedad renacentista. Tal proyecto, sin embargo, quedó en eso, no siendo nunca llevado a término.

    Murió el 17 de mayo de 1510 y fue sepultado en su parroquia: la iglesia de Ognissanti en Florencia. A su muerte, el único heredero verdadero de su arte fue Filippino Lippi, que comparte con él la inquietud presente en sus últimas obras.

    Olvidado durante mucho tiempo, fue redescubierto a finales del siglo XIX, suscitando una gran admiración sobre todo en Inglaterra.

    Virgen y Niño con ángel

    En esta Madona, como en las demás de la larga serie que pintó Botticelli, puede verse un modelo de Virgen seria, meditabunda, abstraída en su propia belleza y actuando siempre con gran seriedad. Las Madonas de Botticelli reflejan una relación más intelectual que afectuosa entre Madre e Hijo, a diferencia de lo que ocurre con las Vírgenes pintadas por Rafael Sanzio, que suelen mirar a su hijo y colaborar en sus juegos con una cierta sonrisa.

    Virgen de la Galeria

    Virgen, niño, ángeles

    Las Madonas de Botticelli, como las que hizo Rafael, tienen un estilo propio que permite reconocerlas. Se caracterizan por su estado de ánimo serio, meditabundo. La relación entre la Madre y su Hijo es más intelectual que afectuosa

     

    Virgen del rosal

    En esta Madona, como en las demás de la larga serie que pintó Botticelli, puede verse un modelo de Virgen seria, meditabunda, abstraída en su propia belleza y actuando siempre con gran seriedad. Las Madonas de Botticelli reflejan una relación más intelectual que afectuosa entre Madre e Hijo, a diferencia de lo que ocurre con las Vírgenes pintadas por Rafael Sanzio, que suelen mirar a su hijo y colaborar en sus juegos con una cierta sonrisa.

    Imagen:CommunionMagdalenBotticelli.jpg

    Comunión y Ascensión de María Magdalena

    El tema de esta obra proviene de las leyendas medievales sobre la vida de los santos. No obstante, el episodio concreto de la Comunión y Asunción parece mezclar la iconografía de María Magdalena con la de María Egipciaca, modelo de contrición y arrepentimiento.

    No se sabe muy bien a qué retablo perteneció esta pieza. Algunos creen que formaba parte del llamado Retablo de las Convertidas, identificado por algunos autores como el Retrato de San Ambrosio de la Galería de los Uffizi. Otros piensan que esta pieza se relacionaría con la Santísima Trinidad.

    La fortaleza

    En esta obra e muestra a un artista que ha madurado plenamente. Impregna la obra de un sentido espacial y una presencia escénica renovados. Construye la figura según la monumentalidad tomada de Verrocchio y envuelta por una línea nerviosa, tomada de Pollaiuolo, que crea contornos evidentes y marcados, típicos de toda su producción. A través de la línea logra el relieve escultórico.

    Botticelli resulta innovador en la representación iconográfica de esta Virtud, ya que están ausentes elementos tradicionales como el casco, el escudo y la espada. Se la representa como una mujer joven con coraza con diamantes, alusión a la solidez de la virtud. En la cabeza luce una diadema adornada de perlas, símbolo de pureza. Sujeta en las manos una maza de hierro, cuya forma recuerda a la de una columna, atributo que sí se ha relacionado tradicionalmente con esta virtud cardinal. Está sentada en un trono muy elaborado, con los lados y los brazos adornados por volutas formadas por hojas de acanto. Este trono se asienta sobre un estrado poligonal, calado y sostenido por columnitas. Por encima de la Fortaleza hay una bóveda con casetones de mármol.

    Dado que es una de las pocas obras de Botticelli de datación segura, por estar documentada, ha servido de referencia estilística para poder datar la producción del artista.

    Retrato de Joven

    Es un retrato de notable relevancia artística, puesto que es uno de los primeros de la pintura europea occidental en los que el sujeto viene retratado no de perfil, como era costumbre, sino en tres cuartos, innovación aportada al género por los flamencos.

    Díptico historias de Judith

    Historias de Judit - Regreso de Judit a Betulia (Storie di Giuditta – Il ritorno di Giuditta a Betulia) mide 31 x 24 centímetros. Describe la vuelta de Judit a Betulia llevando consigo la cabeza cortada de Holofernes, que es sostenida por una criada. Las dos figuras femeninas se mueven con gracia un poco etérea en una difusa luz matinal. Judit lleva en una mano la espada y con la otra sostiene una rama de olivo, símbolo de la paz.

    El único movimiento proviene de los vestidos y los paños, conferido por la línea del contorno. Esta línea ayuda a la fusión de las figuras y el paisaje, que es su rasgo estilístico más destacado y proviene de Antonio del Pollaiolo.

    La heroina bíblica, representada tradicionalmente como cruel y viril, se ha transformado en una figura melancólica envuelta en ondulantes ropajes que subrayan el ritmo del personaje en movimiento (M. Bacci).

    Historias de Judit - Descubrimiento del cadáver de Holofernes (Storie di Giuditta – La scoperta del cadavere di Oloferne) mide 31 por 25 cm. Aquí se muestra a los generales y ayudantes de Holofernes que entran en la tienda de su comandante, buscándolo, y descubren el cuerpo sin cabeza. Los personajes presentan diversas imágenes de horror al ver el cuerpo.

    Se representa un cuerpo desnudo juvenil, lo que contrasta con la cabeza del otro cuadro, que parece de un hombre maduro. El cuerpo está tendido y visto en escorzo, lo que recuerda a las obras de Antonio Pollaiuolo. Se trata de una representación muy detallada de la anatomía del cuerpo masculino, siendo el primer desnudo masculino en la obra de Botticelli. La luz incide directamente en el cuerpo, revelando sus detalles.

     

    San Sebastián

    Se representa al santo prácticamente desnudo, inmediatamente después del martirio. Su actitud es casi de "distanciamiento", soportando serenamente las seis flechas que se le han disparado. Viste sólo un taparrabos, está en pie sobre un tocón de un árbol que ha sido cortado en forma de poste y que se alza repentinamente en el centro del cuadro, en frente del paisaje y el cielo. La tortura ha pasado, los torturadores de Sebastián ya se han ido y están cazando en busca de garzas. La escena muestra a los torturadores abandonando el lugar, y este es un tema muy raro que no suele representarse. El paisaje está representado con gran detalle.

    En este cuadro de Botticello la línea tensa y exasperada de sus contemporáneos se flexibiliza en una entonación casi elegíaca (M. Bacci). Dejando a un lado el retrato del Holofernes muerto en El descubrimiento del cadáver de Holofernes (1470-1472), puede considerarse que este San Sebastián es el primer desnudo masculino. El artista sigue las ideas clásicas en sus proporciones armónicas y equilibrado "contrapposto". Sin embargo, hay cierta inseguridad que se revela en el acortamiento de los pies del santo, confirmando que este cuadro pertenece a la fase primera de Botticelli.

    Hombre con la medalla de Cosme el viejo

    El cuadro de este joven sin identificar es uno de los retratos más inusuales del Primer Renacimiento. El hombre está mirando al observador mientras sostiene una medalla con el perfil de la cabeza de Cosme de Médici, que murió en 1464. Botticelli introdujo la medalla en la pintura como un molde de yeso dorado.

    Se trata de una obra que deja sentir la influencia de la escuela flamenca, en particular por lo que se refiere al paisaje que se ve en el fondo. Es un retrato de medio cuerpo en frente de un paisaje iluminado con un río a la manera flamenca, y la cabeza del hombre se proyecta por encima del horizonte. La luz, que cae sobre el sujeto desde la izquierda, claramente moldea sus llamativos rasgos, y hay sombras aún más fuertes en el lado de su cara cercano al observador. El pobre dibujo de sus manos evidencia aún más la naturaleza experimental de este retrato. Es uno de los primeros retratos italianos que hace de las manos una parte del tema retratado.

    La medalla conmemorativa de Cosme data de alrededor de 1465-1470, después de que le fuera otorgado el título de Pater Patriae en 1465. Ha suscitado toda una serie de teorías sobre la identidad del hombre aquí representado. Hasta ahora no hay ninguna respuesta definitiva a la cuestión. La pintura formaba parte de la colección del cardenal Carlos de Médicis. Se indicó que podía tratarse de un pariente de Cosme, como su hijo Pedro, pero dada la edad del modelo, la crítica ha excluido que se trate de un miembro de la familia. Quizá fuera un partidario de los Médicis. O el hombre que creó la medalla, dada la forma en que se destaca el objeto que sostiene entre las manos; podría ser entonces Antonio Botticelli, hermano de Sandro que trabajó como orfebre y en 1475 como medallista para los Médicis, si bien no encaja la edad del modelo con la que resultaría para Antonio de los registros florentinos. Otros eruditos sugieren incluso que es un Autorretrato de Sandro Botticelli, dado que es bastante parecido al autorretrato presente en el Nacimiento de Cristo en Santa María Novella.

    Es una obra famosa por su altísima calidad y, además, por la identificación de los personajes representados, personalidades de los Médici:

    • Cosme de Médici (llamado el Viejo, considerado "el mejor de todos los que sobreviven por su vida y vigor") está representado como el mago que se arrodilla en frente de la Virgen, a la izquierda, en lo alto;
    • su hijo Pedro de Médici, llamado el Gotoso es el segundo mago con el manto rojo arrodillado en el centro;
    • Juan de Médici, hermano de Pedro, es el tercer mago, es el tercer rey por la derecha y está hablando con Pedro el Gotoso;
    • El joven Lorenzo de Médici llamado el Magnífico (sobrino de Cosme) se encuentra a la izquierda en primer plano, con un jubón rojo y apoyado en su espada, no obstante, otros creen que podría ser Juliano;
    • Juliano de Médicis, el hermano de Lorenzo, si no fuera el joven del jubón rojo sería el que aparece en el centro del grupo de la derecha, vestido de oscuro; fue asesinado durante la conjura de los Pazzi.
    • Guasparre Del Lama, el comitente, sería la persona de cabello canoso que está en el grupo de la derecha, arriba, mirando hacia el espectador y apuntando con el dedo.

    Entre los asistentes, al extremo de la derecha se ve al propio Sandro Botticelli, vestido con un manto amarillo. Se ha identificado igualmente a Pico della Mirandola y a Angelo Poliziano como los dos personajes que están junto a Lorenzo el Magnífico.

    Estos retratos fueron descritos efusivamente por Vasari:

    “La belleza de las cabezas en esta escena es indescriptible, sus actitudes diferentes, algunos de frente, algunos en perfil, algún en tres cuartos, algunos se agachados, y de varias otras maneras, mientras que las expresiones de los asistentes, jóvenes y viejos, varían grandemente, exhibiendo la maestría perfecta del artista en su profesión. Sandro luego demuestra claramente la distinción entre los trajes de cada uno de los reyes. Es un trabajo maravilloso en color, diseño y composición."

    La composición de todos los personajes de los Médici en este cuadro es un anacronismo porque en el año 1475 estaban ya muertos las tres personas representadas como Magos; gobernaba Lorenzo de Médicis. El artista recibió encargos regulares de los Médicis en el decenio entre 1470 y 1481 (cuando marchó a Roma).

    La representación de los Médicis en un cuadro bíblico con destino a una iglesia sería una declaración pública de adhesión y lealtad a dicha familia.

    Análisis del cuadro [editar]

    La armoniosa composición del cuadro, con María y el Niño en el medio, grupos equivalentes de personas a la izquierda y a la derecha, todos ellos en medio de un paisaje imaginario con la ruina de un templo antiguo, fue descrito por la literatura como "inspirada" y "poética". Giorgio Vasari describe la belleza y gran calidad de este cuadro en la Vita de Sandro Botticelli.

    La obra está incompleta y en condiciones bastante precarias, a causa de intervenciones sucesivas en la versión original del autor.

    Esta Adoración de los Reyes de 1475 es ejemplo de anamorfismo, pues para verlo precisa ponerse en posición horizontal. Esta es una de sus primeras experimentaciones para distorsionar la perspectiva tal como venía siendo configurada en el Quattrocento. Refutando esta se rechazaba también la visión del mundo que con ella venía, una visión que había cambiado con el advenimiento de Lorenzo el Magnífico y su corte neoplatónica, en el que será el mito y no la perspectiva, la que crea el relato. En esta Adoración renueva la tradición iconográfica del tema en Florencia, formada por tres reyes que representan a los poderosos de la Tierra, asociados por costumbre con los Médicis, a los que seguiría un cortejo principesco, que recordaba a la cabalgata anual de los Magos, representación sagrada que tenía lugar por las calles florentinas. Botticelli no reniega de esta tradición realmente, pero elimina el cortejo principesco y coloca sobre un rellano de la tierra a la Virgen con el Niño y san José, dentro de un edificio en ruinas; los espectadores se disponen a los lados formando dos alas laterales, curvándose en torno a las dos figuras de Magos en el primer plano en el centro. De esta fórmula iconográfica partirá Leonardo da Vinci para su Adoración de los Magos (1481, Uffizi, Florencia).

    Esta es la tercera versión de Botticelli sobre el tema iconográfico de la Adoración de los Reyes. Aborda en ella la completa solución de los problemas espaciales, compositivos y fisionómicos.

    El amontonamiento y la agitación de los personajes hacen del cuadro una especie de testamento espiritual, una voluntaria captación por el autor de la misma parábola de su vida y su carrera.

    Utiliza un colorido intenso. Presta gran atención al detalle, como puede verse en las vestimentas.

    Al fondo, el paisaje esencial, de inspiración nórdica.

    Esmeralda Brandini

    La crítica en general admite que es obra de Botticelli, debido sobnre todo a semejanzas estilísticas con la Virgen de la Eucaristía y el Retablo de San Ambrosio. No obstante, no hay unanimidad en la crítica sobre la autoría.

    Representa a Esmeralda Donati, abuela del escultor Baccio Bandinelli y esposa de Viviano Brandini. Está identificada a través de la inscripción en el antepecho. No obstante, como Baccio Bandinelli no adoptó este nombre hasta 1530, se considera que la inscripción es apócrifa.

    Dante Gabriel Rossetti, fundador de la Hermandad prerrafaelita, fue uno de los propietarios de esta pintura, a la cual dio algunos retoques.

    El tratamiento fisionómico es depurado de toda menuda observación descriptiva y suspendido en un aura de melancólica reflexión (Chiara Basta). Se enmarca en un interior arquitectónico.

     

    Giuliano de Médicis

    San Agustín

    Se representa al santo meditando dentro de su gabinete o estudio. Es un tema conocido dentro de la iconografía cristiana. No obstante, está tratado en clave neoplatónica. El santo está rodeado de libros e instrumentos de medición, así como una esfera armilar. Entre los libros se ve una tiara. Hay un reloj que marca la hora anterior a la puesta de sol, lo que indica que se estaría representando un relato de una epístola atribuida a este santo, en la que cuenta que a esa hora

    "fue investido por la luz y oyó la voz de Jerónimo; sólo después supo que el santo se estaba muriendo"

    "Botticelli", 2005

    Esta representación del santo recuerda más bien a prototipos de la Antigüedad. Así, es un hombre de constitución fuerte enmarcado en una composición arquitectónica y unos muebles que evocan la Antigüedad clásica.

    Hay un detalle de humor inesperado en esta obra. Las líneas en el libro encima de la cabeza del santo carecen casi de sentido. Sí que puede leerse una rima jocosa entre las figuras geométricas: Dov'è Frate Martino? È scappato. E dov'è andato? È fuor dalla Porta al Prato ("¿Dónde está fray Martino? Escapó. ¿Y dónde fue? Fuera de la Porta al Prato"), probablemente en referencia a las escapadas de uno de los monjes del convento de la iglesia.

    Virgen del Libro

    En esta Madona, como en las demás de la larga serie que pintó Botticelli, puede verse un modelo de Virgen seria, meditabunda, abstraída en su propia belleza y actuando siempre con gran seriedad. Las Madonas de Botticelli reflejan una relación más intelectual que afectuosa entre Madre e Hijo, a diferencia de lo que ocurre con las Vírgenes pintadas por Rafael Sanzio, que suelen mirar a su hijo y colaborar en sus juegos con una cierta sonrisa.

    Retrato de Joven

    Virgen del Magnificat

    Se trata de un tondo o cuadro circular, con un diámetro de 118 centímetros. Este formato da lugar a experimentaciones compositivas. La escena se enmarca sin problemas gracias al ritmo de la línea, siendo una obra en la que predominan las curvas (en los rizos, los brazos, las manos, el río). No obstante, sí aparece un poco forzada la introducción del ángel de la extrema izquierda, que corona a la Virgen.

    La obra representa a la Virgen María coronada por dos ángeles. El título del cuadro proviene de lo que la Virgen está componiendo, guiada por la mano del Niño: el salmo que comienza "Magnificat", sobre un libro de pergamino. Ella se sitúa en el centro, ricamente ataviada y con la cabeza cubierta por velos transparentes y preciosas telas, sus rubios cabellos se entretejen con el chal anudado sobre el pecho. En la profusión de oro y detalles de velos y telas se ve la influencia de Filippo Lippi.

    Dos ángeles la atienden, vestidos como pajes, sujetando el tintero con la tinta.

    En el brazo de la Virgen está el Niño, que observa a la madre, mientras con la mano izquierda aferra una granada, símbolo de la resurrección.

    El tamaño desproporcionado de las figuras se explica por la tradición iconográfica que hacía que aquellas de mayor importancia devocional, como la Virgen y el Niño, se pintaran de mayor tamaño; es algo que volverá a aparecer en su último cuadro, la Natividad mística. Las figuras se enmarcan en una arquitectura, como se ve en el arco del fondo. En el fondo hay una vista campestre a través de una ventana de forma circular, cuyo marco de piedra comprime a las figuras que están en el primer plano, que secundan el movimiento circular de la tabla, de esta manera las figuras parecen emerger de la superficie del cuadro, como si la imagen estuviese reflejada en un espejo convexo u "ojo de buey". La composición aparece así deformada, como si estuviese comprimida dentro de un espejo convexo, que, a pesar de los datos realistas, aumenta la sensación que produce de visión mental. La composición queda airosa gracias a la disposición de los dos ángeles que sirven de atril al libro que conducen a través de una diagonal ideal hacia el paisaje del fondo.

    Los colores son cálidos, luminosos. Transmite así una atmósfera de espiritualidad ideal y lírica. Continúa la tendencia, ya vista en su obra Alegoría de la Primavera de contornos suaves y fluidos y pliegues de una gran sensibilidad. La gran atención que presta a los detalles remite a una labor de orfebrería, como puede verse en la corona, el velo ondeando o las orlas de los mantos.

    La pintura representaría a la familia de Pedro de Cosme de Médici, señor de Florencia desde 1492. Su esposa, Lucrezia Tornabuoni como María, Lorenzo de' Medici como el joven con el tintero, flanqueado por su hermano Giuliano de' Medici quien sostiene un libro. Detrás de estos dos chicos estaría Maria, mientras que las dos hermanas mayores estarían sosteniendo la corona en la parte trasera: Bianca a la izquierda y Nannina a la derecha. El recién nacido sería la hija de Lorenzo, Lucrezia de' Medici.

    En esta obra busca, según André Chastel conjugar el naturalismo clásico con el espiritualismo cristiano. Es una de las obras más conocidas de Botticelli, por su gran eficacia y la calidad de una pintura excelente, si bien ha podido influir en la percepción vulgar del artista como pintor amanerado y un poco insulso. Ya en su época se hicieron numerosas réplicas.

     Imagen:Primavera.jpg

    Alegoria de la primavera

    Es una obra impregnada de cultura humanística y neoplatónica de la corte de Lorenzo el Magnífico. Tiene un tono de narración situada fuera del tiempo real. Se presenta una atmósfera de fábula mitológica en la que se celebra una especie de rito pagano. Rompe con la pintura religiosa cristiana al ilustrar un rito pagano de primavera.[1]

    La crítica no se muestra concorde sobre su exacta alegoría. Se debate sobre su significado y por consiguiente el título. Si por un lado se produce un cierto acuerdo sobre la individualización de alguno de los nueve personajes representados, hay discusiones que han nacido a lo largo de los años, en particular a partir de la segunda mitad del siglo XIX, sobre los referentes literarios más específicos y los significados que esconde la obra.


    Mercurio


    Las Tres Gracias


    Flora


    Céfiro y la ninfa Cloris

    La interpretación clásica y más generalizada es la de Adolph Gaspary y Aby Warburg en 1888, describe las figuras del siguiente modo, partiendo de la izquierda:

    El dios queda identificado por los calzados con alas y por el caduceo usado para separar serpientes y hacer la paz (Botticelli ha representado las serpientes como dragones alados); con su yelmo y su espada, parece claramente el guardián del jardín de Venus. Estira la mano para tocar las nubes con su caduceo para dispersar la niebla. Mira hacia el cielo, lo cual se interpreta como unión con el más allá. Mercurio sería intermediario entre los hombres y los dioses, pero también el dios de los comerciantes. Viste ligeramente con un manto rojo cubierto de llamas, que cae de forma muy asimétrica, lo cual se consideraba un rasgo típico de la Antigüedad y ya era una indicación de que se estaba representando una escena mítica.

    Servidoras de Venus, dedicadas a una graciosa danza, están representadas como tres jóvenes casi desnudas y luciendo peinados elaborados y diversos. El cabello suelto sólo podían llevarlo las jóvenes solteras. Se las ha llamado Gracias porque de esa forma, danzando en corro, se las representó en el arte grecorromano.

    Como otros de los personajes del cuadro, las Gracias parecen ser retratos de personas existentes en la época y conocidas del pintor: por ejemplo, la Gracia de la derecha es Caterina Sforza, que Botticelli retrató como Santa Catalina de Alejandría (siempre de perfil), en el cuadro conservado en el Museo Lindenau de Altenburg (Alemania). La del medio debe ser Semiramide Appiani, mujer de Lorenzo il Popolano, el cual a su vez estaría representado como Mercurio, hacia el que mira Semiramide. La de la izquierda sería Simonetta Vespucci, prototipo de belleza botticelliana.

    La hipótesis más acreditada referente a estas tres jóvenes es que la de la izquierda, de cabellos rebeldes, representa la Voluptuosidad (Voluptas), la central, de mirada melancólica y de actitud introvertida, la Castidad (Castitas), y la de la derecha, con un collar que sostiene un elegante y precioso colgante y un velo sutil que le cubre los cabellos, la Belleza (Pulchritudo).

    Se encuentra en el centro del cuadro y sirve de eje a la composición, volviendo ligeramente la espalda al resto de figuras. En torno a su cabeza se aclara la arboleda, formando una especie de aureola. Está representada como una Madona, con el cabello cubierto por cofia y velo, como una mujer casada. Viste una camisa larga y, por encima, vestido y manto, que cae de forma asimétrica, como el de Mercurio. El vientre prominente era considerado gracioso, y un signo de elegancia era colocar la mano sobre una tela, para evidenciar su belleza. Es el centro no sólo físico sino también moral de la obra, en sus dos aspectos de Venus Urania y Venus Genitrix, fuerza creadora y ordenadora de la Naturaleza, que hace nacer y crecer a todos los seres vivos;

    Vuela sobre la cabeza de la figura central se dedica a lanzar dardos hacia una de las Gracias;

    Es la única del grupo que mira directamente al observador y parece que intenta esparcir sus flores por el exterior de la escena. Destaca también por su sonrisa, pues es infrecuente en la pintura renacentista, en particular en Botticelli, cuyas mujeres (y así se ve en sus numerosas Vírgenes con Niño) están siempre serias, abstraídas.

    De su boca salen las flores primaverales que Flora recoge en su vestido transparente;

    Dios del viento benigno representado con colores fríos mientras busca el amor de la ninfa. Sopla la dulce brisa que hace posible la primavera.

    En los siglos XVII y XVIII se llamó "El jardín de las Hespérides", creyendo que se representaba dicho lugar, con manzana de oro, pudiendo ser las tres jóvenes que bailan las hijas del gigante Atlas, que vigila el jardín.

    Otras interpretaciones menos afortunadas de Gombrich sugiere una referencia al Juicio de Paris sacado del Asno de oro de Apuleyo.

    Una de las más fascinantes relecturas del cuadro ha sido la de Claudia Villa, italianista contemporánea. Esta autora ha considerado que las flores, según una tradición que tiene su origen en Duns Scoto, constituyen el ornamento del discurso e identifica al personaje central como la Filología, por lo que la escena se referiría a las Bodas de Mercurio y la Filología rechazando también la identidad de los personajes que están a la derecha del cuadro.

    Así, la figura de la veste florecida debe verse como la Retórica la figura que parece entrar impetuosamente en la escena como Flora generadora de poesía y del hablar bello mientras que el personaje alado, que parece empujar más que atraer a sí a la joven, sería un genio inspirador.
    En tal contexto interpretativo parece difícil justificar los colores fríos con los que está representado el personaje, a menos que el autor no quisiera confiar a esta elección la materialización y el carácter espiritual de la inspiración poética. Puede resultar en su lugar más comprensible el desinterés por la escena que parece mostrar Mercurio, dios de los Mercaderes.

    Otras interpretaciones identifican la figura de la ropa florida como Florentia nombre clásico de la ciudad de Florencia. En este caso, También las otras figuras serían ciudades ligadas de forma diversa a Florencia, como: Mercurio Milán; Cupido (Amor) Roma; las tres Gracias Pisa, Nápoles y Génova; Cloris y Céfiro/Bóreas Venecia y Bolzano, o Arezzo y Forlì. Si por lo tanto Florencia fuera realmente Venus, el personaje de la ropa floreada sería entonces Mayo y representaría a Mantua. En esta línea estaría Enrico Guidoni.

    Dejando a un lado las suposiciones, queda la impresión de la naturaleza profundamente humanística de la pintura, un reflejo de las influencias culturales contemporáneas y una expresión de muchos textos de la época.

    Giulio Carlo Argan pone en evidencia cómo esta tabla se pone en contraste con todo el desarrollo del pensamiento artístico del siglo XV a través de la perspectiva. Identifica el arte con la interpretación racional de la realidad, que culmina con la grandiosa construcción teórica de Piero (della Francesca).

    Botticelli opta aquí por un formato monumental, con figuras de tamaño natural, y lo compagina con una gran atención al detalle. Esto puede verse en las diversas piezas de orfebrería, representadas minuciosamente, como el casco y la empuñadura de la espada de Mercurio o las cadenas y los broches de las Gracias.

    Estudios interesantes son los que se han realizado sobre las relaciones dimensionales de las partes de la escena en referencia a reglas musicales.

    Mientras algunas de las figuras estaban inspiradas por esculturas antiguas, estas no eran copias directas sino adaptadas al lenguaje formal propio de Botticelli: figuras de elevada estatura, delgadas, ligeramente alargadas, muy idealizadas, cuyos cuerpos a veces parecen artificiosamente estirados y presagian el estilo elegante y cortés del manierismo del siglo XVI. Como fuente iconográfica para la representación de las tres Gracias Botticelli parece recurrir a la Puerta del Paraíso realizada por Ghiberti en el Baptisterio de Florencia, en particular el grupo de siervas en el relieve de Esaú y Jacob.

    Las figuras destacan contra el fondo por la claridad de su piel y sus ropajes, de colores claros e incluso transparentes.

    La composición participa del fondo arbolado, con un bosque ordenado y vertical para servir de fondo, casi plano y severo, a la danza y al corro. Los personajes se sitúan en un paisaje de naranjos, árboles tradicionalmente relacionados con la familia Médicis. No obstante, hay quien apunta a que son en realidad mandarinas, cuyo nombre clásico, medica mala, aludiría a los Médici. Detrás de Venus hay un mirto, planta tradicionalmente sagrada para ella. Mientras, la parte derecha está hecha de árboles doblados por el viento o por la fuerza creadora, en concreto laureles, lo que sería una alusión al novio, Lorenzo, en latín Laurentius.

    En suelo es una capa de hierba muy oscura en la que están detalladas flores típicamente toscanas que aparecen en el mes de mayo. Son también reconocibles las de Flora: en la cabeza lleva violetas, aciano y una ramita de fresas silvestres; en torno a su cuello, una corona de mirto; en el manto lleva rosas; por último, va esparciendo nomeolvides, jacintos, iris, siemprevivas, clavellinas y anémonas.

    La obra más citada como posible fuente para esta escena son los Fastos de Ovidio, un calendario poético que describía las festividades romanas. La fiesta de Flora se llama Floralia. En el mes de mayo relata cómo Flora fue una vez la ninfa Cloris, que exhalaba flores al respirar. Suscitó una pasión ardiente en Céfiro, dios del viento, quien la siguió y la tomó como esposa por la fuerza. Arrepintiéndose de su violencia, el dios la transforma en Flora, y como regalo le da un hermoso jardín en el cual reine eternamente la Primavera.

    Botticelli estaría así representado en el mismo cuadro dos momentos separados de la narrativa de Ovidio: la persecución erótica de Cloris por parte de Céfiro y su posterior transformación en Flora. Por esta razón las ropas de las dos mujeres, que además parecen ignorarse, soplan en direcciones diferentes. Flora está parada junto a Venus, derramando rosas, las flores de la diosa del amor.

    Otra fuente ovidiana para la obra serían Las metamorfosis. En su poema didáctico-filosófico, De Rerum Natura el escritor clásico Lucrecio celebró a ambas diosas en una misma escena de primavera. Dado que el fragmento contiene referencia a otras figuras que aparecen en el grupo de Botticelli, es probablemente una de las fuentes principales para la pintura:

    "Vienen la primavera y Venus,/ Y el chico de Venus, el heraldo alado, aparece primero,/ Y dura sobre las huellas de Céfiro la Madre Flora,/ Arpejando los caminos antes de ellos, llena todo/ De colores y olores excelentes."

    Otras fuentes literarias señaladas por los autores para esta obra son: las Odas de Horacio que como el resto de la literatura clásica, llegaba a través de autores contemporáneos como Leon Battista Alberti y Poliziano. De hecho, no parece probable que Botticelli leyera directamente estas obras en latín, sino que conociera su contenido por las conferencias de Poliziano. Precisamente en el año 1481 Poliziano pronunció discursos en público sobre el calendario de Ovidio. . De gran importancia son las Stanze de Poliziano, en cuyos versos se hace referencia al amor entre Juliano de Médicis y Simonetta Cattaneo, esposa de Marco Vespucci, a los que algunos autores han identificado como Mercurio y la Gracia de la izquierda, respectivamente.

    Frescos de la Capilla Sixtina

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    Adoración de los Reyes

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    Moisés

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    Castigo de los rebeldes

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    Tentación de Cristo

    Probablemente el ejemplo más significativo de pintura al fresco sea el conjunto de pinturas realizadas en la Capilla Sixtina por Miguel Ángel, que sumadas a las obras realizadas en la misma capilla por los artistas de la generación anterior, Ghirlandaio, Botticelli y Perugino, más el panel frontal con las escenas del Juicio Final del propio Miguel Ángel, hacen de ese recinto el sancta sanctorum de la pintura al fresco, y quizá de la pintura en general.

    La famosa obra, La Última Cena de Leonardo Da Vinci no puede ser considerada un fresco. Su autor nunca dominó esta técnica, por lo cual empleó una base de arcilla y un aglutinante –elaborado de óleo y barniz- que le permitió corregir la pintura y lograr una riqueza de color y una precisión en el detalle similar a la de un cuadro al óleo. Sin embargo, el desgaste de la pintura es bastante mayor que en el caso de un fresco, en La Ultima Cena el deterioro comenzó a los pocos meses de terminada la obra. Otro ejemplo de falso fresco realizado por Leonardo y con los mismos resultados catastróficos es el de La batalla de Anghiari, realizado en el palacio Viejo de Florencia y que resultó igualmente dañado a causa de los afanes experimentadores de su creador

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    Palas domando al centauro

    El desnudo paisaje de esta pintura hace que la mirada se centre en las dos figuras. Un centauro ha sobrepasado los límites, internándose en territorio prohibido. Lleva aljaba y arco. Este ser lujurioso, mitad caballo y mitad hombre, es controlado por una ninfa guardiana armada con un escudo que le cuelga del hombro y una alabarda, y le ha cogido por los cabellos. La mujer ha sido identificada como la diosa Palas Atenea (equivalente a Minerva, la diosa latina de los artesanos). También se ha visto en ella a la amazona Camila, casta heroína de la Eneida de Virgilio. Palas lleva en los brazos, el torso y la cabeza ramas de olivo.

    Lo que no se discute es el contenido moral de la pintura, en la que la virtud y la castidad vencen a la sensualidad, a la brutalidad del instinto, según los preceptos de Ficino. Las dos partes del alma humana, luchando entre ellas, están representadas por la naturaleza dual del centauro. Este último quizá fue inspirado por algún relieve clásico, aunque la expresión patética, entre irritada y triste, es enteramente de Botticelli.

    Otra interpretación del cuadro hace referencia a la labor política de Lorenzo de Médicis como pacificador. Así, Palas sería la señoría florentina de Lorenzo el Magnífico que en aquel periodo estaba en Nápoles para evitar la guerra, simbolizada por el Centauro, entre el Papa y el Rey de Nápoles, en su célebre función de "fiel de la balanza" de los potentados italianos de finales del siglo XV. Esta interpretación justificaría la corona y la decoración de la ropa con ramos de olivo, lo que es notorio que simboliza la paz.

    Esta pintura marca el final del periodo mediceo de Botticelli, pues de aquí en adelante la temática de sus pinturas cambia y se convierte crecientemente en religiosa.

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    Venus y Marte

    La pintura trata de la victoria amorosa. Una arboleda de mirtos, el árbol de Venus, forma el telón de fondo para los dos dioses que están tumbados, uno frente a otro, en un prado.

    La diosa del amor está totalmente vestida y peinada, con los pliegues del un lujoso vestido blanco cayendo blandamente, lo mismo que sus rizos. Vigila atentamente el sueño del desnudo Marte, que está durmiendo, en una representación escultórica del desnudo masculino. El dios de la guerra se ha quitado su armadura y yace sobre su capa de color rojo; todo lo que lleva es un trapo blanco sobre los genitales. Se retrata aquí a un bello adolescente, encarnando la belleza ideal; esta figura puede considerarse como directamente precursora del Adán de la Creación en la Capilla Sixtina.

    Mientras, pequeños faunos juegan traviesamente con las armas, el yelmo y la armadura del dios de la guerra. Su pintura es uno de los primeros ejemplos en la pintura del Renacimiento que representa así a estos bulliciosos y lujuriosos seres híbridos.

    Se ha pensado que este cuadro pudo reflejar los amores de Juliano de Médicis y Simonetta Vespucci, tal como los describe Poliziano en su Giostra. Pero existen notables divergencias entre el poema de Poliziano y este cuadro del cual, realmente, sólo se tomaría la imagen de Simonetta, la Venus, tendida sobre un prado, "candida ella e candida la vesta" (blanca ella, y blanco su vestido); en sus mejillas aparecerían los síntomas de la tuberculosis que acabaría con ella a los 23 años. Por lo demás, actualmente se considera que Botticelli se inspiró en un antiguo sarcófago hoy en los Museos Vaticanos en el que estaban representados Baco, el dios del vino, y Ariadna en actitud parecida. Los traviesos sátiros fueron probablemente sugeridos por una descripción de la famosa pintura clásica Boda de Alejandro Magno con la princesa persa Roxana, escrita por el poeta griego Luciano en sus Diálogos. Botticelli reemplazó a los amoretti que Luciano describió jugando con las armas de Alejandro por pequeños sátiros. Los bulliciosos faunos forman parte del séquito de Baco, y tienen, de acuerdo con una antigua tradición, pequeñas piernas de cabra, cuernos y colas. La concha de Tritón que uno de los faunos está soplando junto a la oreja de Marte se usaba en tiempos clásicos como cuerno de caza. Pero no podrá perturbar al dios durmiente, como tampoco las avispas que están a la derecha del todo, junto a la cabeza del dios.

    Las avispas pueden ser una referencia a los clientes que encargaron la pintura. Forman parte del escudo de armas de la familia Vespucci, cuyo apellido proviene de vespa, avispa en italiano. La familia Vespucci estaba relacionada con los Médicis, mecenas de Botticelli, por el matrimonio, celebrado en 1482, entre Pierfrancesco Médicis y Semiramide Vespucci. También pueden tener un sentido simbólico, aludiendo a que en los placeres del amor puede tener cabida el dolor.

    A pesar de la dificultad del formato, Botticelli logra una composición genial. Por un lado, las figuras de Venus y Marte están tendidos en posición simétrica. Entre ellos, un triángulo invertido cerrado por la lanza que llevan los tres faunos. Por otro lado, hay pasividad y actividad en ambas figuras. Marte está pasivo, pues duerme, mientras Venus, vigilante, está activa; por contraposición, la diagonal que traza el cuerpo de Venus, desde lo alto de la izquierda hacia abajo, muestra reposo, mientras que la línea oblicua de Marte, que desde abajo a la izquierda asciende hasta arriba a la derecha, es claramente activa.

    El significado es oscuro, como la mayor parte de las obras del renacimiento. Se cree que trata el tema del poder del amor (Venus-Humanitas), esto es, el grado más elevado de la evolución humana, derrotando la fuerza del guerrero (Marte, dios de la guerra y fuerza destructiva). Sería expresión del mensaje neoplatónico de que el amor, que Platón entendía sobre todo como fuerza espiritual, ha vencido a los horrores de la guerra y de la violencia. El Amor amansando a la Violencia sería también una alegoría del matrimonio. De esta manera debe ejemplificar las teorías del filósofo Marsilio Ficino, según las cuales las exortaciones a la virtud se reciben mejor si se representan en imágenes agradables.

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    Nastaglio degli onesti I

    El primer episodio de Nastagio degli Onesti (en italiano, Nastagio degli onesti, primo episodio) es una obra que mide 83 cm. de alto y 138 cm. de ancho. Se conserva en el Museo del Prado (Madrid).

    Botticelli retoma la fórmula medieval de repetir los personajes en un mismo plano, describiendo varios pasos de la acción como en un cómic. Así, Nastagio aparece representado tres veces en el mismo cuadro. A lo lejos, conversa con sus compañeros en un campamento. Ya en primer término a la izquierda, pasea cabizbajo por el rechazo de su novia, y en el centro, lucha contra los perros que atacan a una mujer desnuda. A la derecha, aparece el jinete que la persigue. La violencia de la escena en primer plano contrasta con el sereno paisaje del fondo, que pretende evocar la ciudad de Rávena.

    Dentro de una calidad artística buena, la pintura muestra desigualdades; fue pintada mayormente por ayudantes, aunque las dos figuras de Nastagio en primer plano muestran más finura en los ropajes y facciones, y pudieron ser pintadas por Botticelli.

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    Nastaglio degli onesti II

    El segundo episodio de Nastagio degli Onesti (en italiano, Nastagio degli onesti, secondo episodio) es una obra que mide 83 cm. de alto y 138 cm. de ancho. Se conserva, como el primero y el tercero, en el Museo del Prado (Madrid).

    Aquí se ve, a la izquierda, al joven Nastagio, que retrocede horrorizado por la aparición en el centro. La mujer ha resultado muerta y el caballero le hace un tajo en la espalda para sacarle el corazón y dárselo a los perros, lo que sucede en el extremo de la derecha. Al fondo se comprueba cómo el episodio fantasmal se repite con una nueva persecución. Esta escena en la lejanía está centrada y enmarcada por los troncos de los árboles. De esta manera quedan castigados la mujer, por burlarse del amor del caballero, y éste último, que se suicidó por amor.

    Según algunos críticos, el refinado uso de los colores en este cuadro evidencia que lo pintó Botticelli, pero otros creen que las figuras crispadas de Nastagio y la mujer son de otro autor, acaso Filippino Lippi. El caballo blanco es considerado acaso lo mejor del cuadro y se atribuye a Botticelli con bastante seguridad.

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    Nastaglio degli onesti III

    El tercer episodio de Nastagio degli Onesti (en italiano, Nastagio degli onesti, terzo episodio) es una obra que mide 83 cm. de alto y 138 cm. de ancho. Se conserva, como el primero y el segundo, en el Museo del Prado (Madrid).

    Aquí se representa un banquete que tiene lugar en medio de un pinar. Nastagio lo ha organizado para que tanto su amada como la familia de ésta vean los fantasmas de la joven desnuda y su asesino. Así, se ve en el centro a la mujer atacada por los perros, con el jinete a la derecha. Nastagio, ligeramente a la izquierda, explica el sentido de la escena que están viendo los comensales. En el lateral derecho se ve a Nastagio hablando después con la criada de su amada, que le cuenta que la joven ha accedido a sus deseos.

    Aquí se ven los escudos de los Bini y los Pucci y también, en el centro, el de los Médicis. Botticelli representa con gran detalle las mesas y los objetos del banquete, así como los diferentes rasgos de los invitados.

    Dentro de las dudas en cuanto a la autoría, algún experto afirma que la figura desnuda es de altísima calidad, y que fue pintada personalmente por Botticelli. También algunos de los comensales, como la novia vestida de blanco, están caracterizados con acierto y destacan sobre el resto, por lo que pudieron ser pintados por el maestro.

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    Nastaglio degli onesti IV

    El cuarto y último episodio de Nastagio degli Onesti (en italiano, Nastagio degli onesti, quarto episodio) es una obra de dimensiones diferentes a las otras tres de la serie, siendo ligeramente más grande: mide 84 cm. de alto y 142 cm. de ancho.

    Forma parte de la colección privada del Palacio Pucci en Florencia y es la única escena que permanece en su sede original, si bien gracias a una recompra reciente. En su momento fue vendida en el extranjero como las demás.

    Se distingue también de los otros porque, a diferencia de ellos, se presenta como una sola escena: el banquete de bodas de Nastagio y su novia. Hay dos filas de mesas colocadas bajo unos soportales, con un arco de triunfo al fondo.

    Aquí pueden verse también los escudos de los Pucci y los Bini.

    De las cuatro pinturas, ésta es considerada la de menor calidad y casi ningún experto considera que Botticelli la pintó, siquiera parcialmente

    La historia de Nastagio degli Onesti es una narración de Boccaccio conocida principalmente por un ciclo de cuatro cuadros del pintor italiano renacentista Sandro Botticelli. Fueron ejecutados en 1483, al temple sobre tabla.

    Se creía que esta serie de Botticelli pertenecía al formato renacentista de los cassoni matrimoniales. Los cassoni eran arcones o baúles de lujo elaborados como regalo nupcial, que se decoraban en sus lados mayores con pinturas alegóricas, generalmente de un contenido moralizante que se consideraba apropiado para la joven pareja. La hipótesis actualmente más extendida apunta a que estas tablas son demasiado grandes para un arcón o baúl, y que en realidad eran spallieras: paneles decorativos que se encastraban en paredes forradas de madera (similares a las boiseries francesas). El único dato seguro es que fueron un encargo de Lorenzo el Magnífico (otras fuentes indican que era encargo de Antonio Pucci, padre del novio) como regalo para Giannozzo Pucci con ocasión de su matrimonio con Lucrezia Bini, matrimonio celebrado en 1483. En el tercer y cuarto panel aparecen los escudos de armas de las dos familias.

    Botticelli representó la historia de Nastagio fielmente tomada de la octava novella de la quinta jornada del Decamerón de Boccaccio: «El infierno de los amantes crueles». Se trata de la historia de un joven de Rávena, Nastagio degli Onesti, rechazado por su amada. Ve en el bosque a una mujer perseguida por un jinete, quien la ataca y mata; inmediatamente, ella se levanta y vuelve a repetirse el castigo sin fin, debido a que se trata de fantasmas, una maldición. La joven perseguida no atendió a los requerimientos de su pretendiente. Nastagio cree que tal aparición puede serle útil: hace que su desdeñosa amada la vea, con lo que consigue finalmente vencer su resistencia y llegar a un matrimonio feliz.

    Las cuatro pinturas pertenecieron durante casi tres siglos a la familia Pucci, descendiente de la pareja que las recibió directamente de Botticelli. En el siglo XIX salieron a la venta y a principios del siglo siguiente pasaron por la colección alemana Spiridon. La colección privada del Palacio Pucci en Florencia recuperó la cuarta, mientras que las tres primeras pasaron al Museo del Prado de Madrid en 1941 mediante la donación de Francesc Cambó.

    La autoría real de las pinturas ha sido muy debatida ya desde el siglo XIX. Parecía evidente, por desigualdades en el dibujo y en los tonos, que todas no habían sido realizadas por el mismo artista. Actualmente se cree que Botticelli realizó los cuatro diseños, y que fueron pintados por diversos ayudantes de su taller, como Bartolommeo da Giovanni y Filippino Lippi. De todas formas, la calidad de algunas figuras concretas apunta a que las pintó Botticelli, quien seguramente supervisó la realización del conjunto.

    En los dos primeros paneles se narra la aparición fantasmal, en el tercero se describe el banquete que organiza Nastagio para sorprender a su novia, y en el último se muestra el banquete de bodas, final feliz de la pareja.

    Retrato de joven

    En sus retratos tardíos, Botticelli frecuentemente prescindió de paisajes o interiores como fondo; en lugar de ello, se concentró solamente en la persona que retrataba. Uno de sus más bellos retratos es este de un joven con una capa roja, el único de sus retratos conocidos en que el protagonista está "de frente". Es cautivador debido a la presencia vívida y alerta del modelo, cuya juvenil informalidad ha conseguido captar el artista de manera magistral.

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    Venus ofrece dones a una joven

    En esta obra se ve a Venus, la diosa del amor, vestida como en la Alegoría de la primavera, y acompañada por las tres Gracias, que homenajean a una joven, que recibe, en pie, con un paño entre las manos, los dones de la diosa.

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    Nacimiento de Venus

    Según cuenta la leyenda Venus, diosa del amor, nació de los genitales del dios Urano, cortados por su hijo Crono y luego arrojados al mar. El título de la obra no es, por lo tanto, exacto, ya que el cuadro no representa el momento del nacimiento de la diosa, sino que muestra la llegada de Venus, sobre una concha, a la playa de una de las islas que tradicionalmente se le dedican, como Chipre, Pafos o Citerea. La diosa es empujada por el soplo de los dioses alados, entre una lluvia de flores.

    A la izquierda aparecen los primeros dos personajes de la obra. Uno de ellos es Céfiro (Dios del viento del oeste); a su lado está Cloris (que significa pálido). Es la ninfa de la brisa y esposa de Céfiro a quienes los romanos apodaron Flora. También se ha identificado con Aura, diosa de la brisa. Céfiro y Cloris, fuertemente abrazados simbolizan la unión de la materia y el espíritu. A su alrededor caen rosas, flores que según la leyenda después se convertirán en seres.

    El centro de la composición está ocupado por la diosa Venus sobre una concha que flota en un mar verdoso. Tiene la actitud de una Venus púdica: una mano sobre el pecho y otra sobre el sexo. Cubre con sus largos y rubios cabellos sus partes íntimas, aunque la larga cabellera, colocada en la entrepierna, acaba recordando al vello púbico, cuya representación estaba prohibida. El cabello es un ornamento eminentemente erótico; Botticelli lo pinta con largos arabescos que rozan la anatomía de la diosa con una delicada caricia. Con su brazo derecho trata delicada y casi inocentemente de taparse sus pechos. Su postura curvilínea sigue siendo propia del gótico. Ahora bien, el contrapposto, con todo el peso en la pierna izquierda y el pie derecho un poco atrasado y ligeramente levantado, se considera una actitud inspirada en las estatuas antiguas en particular las del helenismo. Se representa, sin embargo, al prototipo de belleza botticelliana semejante a la que aparece en La calumnia de Apeles; se cree que en esta Venus pudo representar a Simonetta Vespucci, glorificada en las Stanze de Poliziano, aunque la cuestión ha de quedar abierta. El rostro recuerda al de las vírgenes de Botticelli: muy joven, de boca cerrada y ojos claros. Su expresión melancólica es impropia de la Antigüedad, asociándose más bien a la expresión de una bondad de raigambre cristiana. La piel de Venus es de color marfil, un blanco con una ligera tonalidad amarillenta y con ocasionales matices rosa. Esta tonalidad no recuerda a la piel, no sugiere carne tibia y flexible, sino la superficie y la firmeza de una estatua.

    Desde los tiempos de la Roma clásica no se había vuelto a representar a esta diosa pagana desnuda y de tales dimensiones: el desnudo femenino, considerado pecaminoso en el arte medieval cristiano, se recupera en el Renacimiento como símbolo de inmaterialidad. Esta Venus no representa el amor carnal o el placer sensual sino que, con su postura y sus facciones finas, se acerca más al ideal de inteligencia pura o saber supremo. Venus sustituye a la Virgen, expresando una fascinación hacia la mitología común a muchos artistas del Renacimiento.[2]

    Una de las Horas o Ninfas que espera a la diosa en la playa, para cubrirla con un manto rojo con motivos florales. Se cree que se trata, específicamente, de la Primavera, la estación del renacer. Lleva un traje floreado: es blanco y está bordado de acianos. Un cinturón de rosas rodea su cintura y en el cuello luce una elegante guirnalda de mirto, planta sagrada de Venus y símbolo del amor eterno. Entre sus pies florece una anémona azul.

    El que la ninfa tape con su manto a la diosa es señal de que los misterios de Venus, como los del conocimiento, se encuentran ocultos.

    No existe preocupación por la perspectiva ni por la creación del espacio, hay un desprecio consciente a lo experimentado anteriormente. La preocupación se centra en la línea, lo curvo, los fondos planos, y la profundidad atmosférica. Prima el dibujo sobre la imitación de la naturaleza. Es una forma de representar que hoy se llama "arte intelectualizado".

    El paisaje no recibe especial interés por el pintor, lo que es una característica de Botticelli, como él mismo reconoció ante Leonardo da Vinci. Los árboles forman parte de un pequeño bosque de naranjos en flor, esto corresponde al sagrado jardín de las Hespérides en la mitología griega. No obstante, los naranjos, lo mismo que el laurel, también presente, pueden entenderse como alusiones a la familia Médicis. Destacan los ropajes, caracterizados por tener una gran marcación de pliegues. Esta composición es de estructura más rigurosa, llena de líneas y de movimientos armónicos.

    Se trata de una pintura de extraordinaria calidad por la representación microscópica de los detalles, las proporciones de los personajes concretos y por sus relaciones mutuas (Ch. Basta).

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    Virgen de la Granada

    Es un tondo que mide 143,5 cm. de diámetro. Fue pintado en 1487, como encargo de una prestigiosa institución, los Magistrados de Cámara, para el Palacio Viejo. Actualmente se conserva en la Galería de los Uffizi de Florencia (Italia).

    Están presentes los atributos típicos de la Virgen: las rosas y los lirios. Aquí, el Niño y la madre sostienen una granada abierta, símbolo de plenitud espiritual; también simboliza la fecundidad y de la abundancia y, en la iconografía cristiana, suele hacer referencia a la Pasión de Jesucristo, con la profusión de semillas significando la plenitud del sufrimiento de Cristo. Una comparación entre esta pintura y el precendente tondo, la Virgen del Magnificat revela que el artista ha colocado a los ángeles ahora simétricamente, evitando por lo tanto las dificultades de composición de la representación más antigua. Igualmente, los ángeles presentan actitudes variadas y expresiones distintas. Las fisonomías son escultóricas.

    El Niño Jesús, cuya mano se alza bendiciendo, permanece seguro en los brazos de María, pero la expresión triste y melancólica de las caras de su madre y del niño se pretende que recuerden al observador los tormentos que Jesucristo sufrirá en el futuro. El rostro de María es muy parecido al de la Venus del Nacimiento de Venus. Los ángeles están venerando a María con lirios y guirnaldas de rosas. Hay que recordar que el rosario es un tipo de oración católica que se creó precisamente tal como se conoce actualmente en el siglo XV y que se difundió rápidamente. El comienzo de esta oración está bordado en la estola del ángel de la izquierda: AVE MARIA GRAZIA PLENA ("Ave María, llena eres de gracia").

    Es un cuadro de pequeño formato. A pesar de ello, logra que el espacio adquiera gran relieve, extendiéndose en el círculo de ángeles.

    El marco original aún se conserva, apareciendo en él lirios dorados sobre un fondo de color azul celeste.

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    Pala de San Bernabé

    Este cuadro es una "conversación sagrada". Representa a la Virgen en el trono con el Niño y los santos Catalina de Alejandría, Agustín, Bernabé, Juan Bautista, Ignacio y Miguel Arcángel. La figura de Juan recuerda a la escultura de la época.

    El cuadro se ambienta en una arquitectura con numerosas alusiones a la Antigüedad clásica. Así se ve en las pilastras a los lados del trono. También en los relieves que decoran los escalones.

    Sobre las gradas del trono están grabados los primeros versos de la oración pronunciada por Bernardo de Claraval en el último canto de la Divina Comedia. El pintor estaba familiarizado con este poema desde hacía tiempo, habiendo realizado numerosos dibujos que lo ilustraban.

    En la parte superior, hay ángeles que abren los cortinajes. Otros dos ángeles sostienen los símbolos de la pasión: la corona de espinas y los clavos de Cristo.

    Los colores son plenos. Es una pintura de madurez.

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    Pala de San Marcos

    La obra fue un encargo de la prestigiosa institución del gremio de la seda, que en aquella época incluía el de los orfebres, para la capilla dedicada a san Eligio, su santo patrón.

    La escena se articula en dos partes bien separadas: la inferior, en la que se encuentran los santos y la superior, en la que acontece el milagro. Este rasgo estilístico era una novedad en aquel entonces y anticipa ya el Cinquecento. De los cuatro santos de la parte inferior destaca la figura de Juan Evangelista, con una mano sobre un libro abierto y la otra señalando al cielo, fuente de su Apocalipsis. Su rostro ejemplifica el fervor místico. Viste una túnica azul y sobre ella, un manto rojo. Son los mismos colores, pero a la inversa, que pueden verse en la figura de Dios padre.

    Después de este santo están san Agustín y san Jerónimo. A la derecha del todo, san Eligio.

    Las figuras se ambientan en un paisaje muy simple.

    Sobre ellos, la coronación de la Virgen por Dios, sobre un fondo de oro. Alrededor de este centro de atención, querubines pintados en azul y serafines en rojo, en un círculo que gira; un coro de ángeles, motivo que será repetido posteriormente en su Natividad mística.

    Esta obra se corresponde al momento inmediatamente anterior a la muerte de Lorenzo de Médicis († 1492), evidenciando ya un cambio en la mentalidad florentina de la época, en la que la inseguridad y crisis de valores se tradujo en una vuelta a los valores tradicionales de la religión católica.

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    Anunciación de Cestello

    El tema iconográfico clásico de la anunciación se representa en una estancia vacía, severa, muy estructurada arquitectónicamente, con un paisaje exterior a través de una puerta abierta en una pared gris. El espectador mira a través de una habitación estructurada de acuerdo con las normas de la perspectiva y cruzando las baldosas rojas del suelo, a lo largo de sus líneas convergentes, hacia ese paisaje exterior. La perspectiva se evidencia intensamente por el pavimento ajedrezado. El vivo movimiento de las figuras contrasta con estas dinámicas espaciales, que dirigen hacia el fondo. Hay una línea diagonal que corre desde el borde de las ropas de Gabriel a su mano alzada, y continúa en el brazo que María está sosteniendo cruzado sobre el pecho. Las ropas del ángel, que están ondulando en grandes pliegues, muestran que acaba de hacer un dramático aterrizaje. Gabriel está arrodillado reverentemente en frente de María y su boca, que está ligeramente abierta, sugiere que están en el proceso de pronunciar las palabras del Evangelio de Lucas 1:35, que está escrito debajo de él en latín sobre el marco original de la pintura: "El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el niño santo que nacerá de ti será llamado Hijo de Dios".

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    Sobre la parte posterior de la tabla hay una nota que señala que provenía de la iglesia florentina de San Bernabé.

    Se logra el ambiente por la sucesión de las columnas y de los cuadros del suelo, que sirven también para evidenciar el esquema perspectivo. Esta solemne arquitectura domina a las figuras.

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    San Agustín en su gabinete

    Se representa al santo meditando dentro de su gabinete. Con el mismo tema hay otra obra, un fresco pintado una década antes para la iglesia Ognissanti de Florencia, de dimensiones mucho mayores: 152 cm. de alto y 112 cm. de ancho.

    No obstante, lo que en la primera obra era un humanista con un físico que recordaba a modelos de la Antigüedad clásica, en esta pequeña tabla se ha regresado a la representación convencional. Agustín está escribiendo. Sobre el suelo pueden verse los fragmentos de papel rotos.

    Se enmarca la figura en una arquitectura clásica, semejante a la de Giuliano da Sangallo, con un tondo en el fondo representando a una Virgen con Niño. Aparecen dos bajorrelieves con forma igualmente de tondo que representan a emperadores romanos. Pero están fuera de la celda, alejados de lo que es el lugar de estudio y reflexión del santo. Podrían aludir a Arcadio y Honorio, los dos emperadores del Imperio romano dividido.

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    Santa Trinidad

    La Santísima Trinidad es una obra del pintor renacentista italiano Sandro Botticelli. Está ejecutada al temple sobre madera. Mide 87 centímetros de alto y 60 cm. de ancho. Pertenece al periodo 1465-1467 (otras fuentes dicen 1491-1493). Actualmente, se encuentra en las Courtauld Institute Galleries de Londres. También se la conoce como Pala delle Convertite.

    El cuadro muestra a la Santísima Trinidad con María Magdalena, San Juan Bautista y Tobías y el Ángel.

    La Santísima Trinidad aparece como una visión entre los santos penitentes, Magdalena y Juan, en un paisaje desierto y desolado. El Bautista invita al espectador a rezar a la Trinidad, y María Magdalena vuelve la cara, plena de emoción. La Magdalena penitente, una obra tardía de Donatello, influyó decisivamente en esta Magdalena de Botticelli.

    La pecadora penitente era la santa patrona del monasterio de monjas de las Magdalenas, y esta pala o retablo se encargó para su iglesia. Las figuras de Tobías y el ángel son muy pequeñas en comparación con el resto. Podían ser una referencia a los donantes del retablo, el gremio de médicos y farmacéuticos: el arcángel Rafael era su santo patrón.

     PIEDAD

    El tema de la Piedad, centrado en la figura de María con el Hijo muerto no fue habitual en la pintura florentina del siglo XV, a diferencia de lo que ocurría, por ejemplo, en Venecia. Que Botticelli realizara, al menos, dos cuadros con esta temática indica ya un cambio en el ambiente florentino de finales de siglo. Es posible que influyera en el autor el conocimiento de las obras holandesas sobre este tema iconográfico.

    Se representa un momento intermedio entre el Descendimiento de la Cruz y el Santo Entierro. Las figuras tienen gestos patéticos y el cuerpo de Cristo en el centro que se arquea en un semicírculo. Su cabeza la sujeta amorosamente una de las mujeres. La Virgen, desfallecida, está detrás de la figura de Cristo. San Jerónimo y san Pablo son los santos que aparecen a la izquierda, cada uno con su símbolo respectivo: una piedra y una espada. Al lado contrario aparece san Pedro, con la llave que permite identificarlo.

    El grupo aparece sobre el fondo de una gruta que será el sepulcro de Cristo, cuyo borde de piedra parece verse entre las figuras. Al introducir gran parte del sepulcro Botticelli logra mayor acento escénico.

    Los contornos de las figuras y de las rocas están muy marcados. El dolor queda reflejado en los violentos contrastes cromáticos, así como en los gestos y movimientos.

     

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    El nombre deriva del rico baldaquino que abren los ángeles y que domina con su intenso color rojo la parte superior de la escena, pues esta transcurre en una especie de balcón, al aire libre.

    El cuadro contiene una serie de elementos típicos de las representaciones marianas: el hortus conclusus o jardín cerrado alusivo a la virginidad de María, el lirio como símbolo de la pureza, la desproporción entre las figuras de mayor importancia devocional (la Virgen y el Niño) en relación con el resto de personajes.

    La piedad

    La Piedad (conocida en italiano como Compianto su Cristo morto), es un cuadro realizado por el pintor renacentista italiano Sandro Botticelli. Está ejecutado al temple sobre tabla. Mide 107 cm. de alto y 71 cm. de ancho. Fue pintado en 1495. Actualmente se conserva en el Museo Poldi Pezzoli de Milán (Italia).

    Se cree que esta obra fue un encargo de Donato de Antonio Cioli, miniaturista de códices, para Santa María Maggiore de Florencia.

    La estructura de este cuadro es piramidal, gracias a la acumulación de los personajes, representados muy juntos. Las figuras están conectadas muy estrechamente. Esta composición evoca la forma de una cruz, culminando en José de Arimatea, que muestra la corona de espinas y los clavos.

    Las diversas expresiones de dolor acentúan el patetismo de esta obra. El punto de vista cercano aproxima al espectador a la escena.

    En este Entierro se evidencia la influencia del cambio producido en Florencia como consecuencia de la caída de los Médicis y las predicaciones apocalípticas de Savonarola. Se recupera un tema propio de la pintura gótica, aunque actualizado conforme al estilo renacentista, evidente en las indumentarias y sus pliegues

    Virgen con el niño y san Juan

    Está caracterizada por un profundo sentimiento de tristeza entre las diversas figuras, con los ojos cerrados (la Virgen y el Niño) o entrecerrados (san Juan niño) y la patética proximidad de los rostros. María domina la composición, sosteniendo al Niño, que se abraza a san Juan Niño, reconocible por su báculo en forma de cruz.

    La ambientación es mínima: hierba a los pies de las figuras y un rosal detrás de María, alusivo a su condición de rosa mística.

    Las Madonas de Botticelli, como las que hizo Rafael, tienen un estilo propio que permite reconocerlas. Se caracterizan por su estado de ánimo serio, meditabundo. La relación entre la Madre y su Hijo es más intelectual que afectuosa.

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    La calumnia de Apeles

    El tema es alegórico; se basa en una descripción literaria sobre una pintura de Apeles, pintor de la antigüedad, descrita por Luciano de Samosata en uno de sus Diálogos y mencionado en el tratado de Alberti, que aludía a la falsa acusación, de la cual fue víctima Apeles, al que un rival acusaba de haber conspirado contra Tolomeo Filopator.

    Incluye diez figuras: a la derecha del espectador, el rey Midas, el Juez malo, es entronizado entre la Sospecha y la Ignorancia, representadas como mujeres de rostros crispados que están susurrándole a sus orejas de asno. El trono está sobre un podio decorado con relieves en grisalla. Ante este Juez se encuentra una figura masculina, con hábito de monje, en quien se cree ver representado el Rencor (o la Envidia o la Ira) que conduce a una joven (la Calumnia) a la que están adornando los cabellos la Envidia y el Fraude. La Calumnia, indiferente a cuanto sucede, arrastra a la víctima, un hombre prácticamente desnudo que junta las manos en ademán de pedir clemencia. A la izquierda está la Penitencia, con ropa pesada y andrajosa, que se vuelve hacia la figura que está desnuda detrás de ella. Este último personaje es la Verdad desnuda que resplandece, señalando al cielo con el dedo.

    El colorido del cuadro, la luz que queda subrayada por toques de oro, es lo que confiere movimiento a la escena. Ésta se desarrolla dentro de una estancia con arquitectura clásica con arcadas que presentan esculturas que subrayan el estudio de la Antigüedad por Botticelli; en los relieves hay alusiones a la antigüeda clásica. Esta arquitectura completamente revestida de estatuas y relieves acentúa el tono dramático y agitado de la escena. En el centro del cuadro está representado David al modo de Donatello. En otros nichos se representa a San Pablo, San Jorge, Judit y, en los relieves, a personajes como Apolo y Dafne, Hércules y Licas o Mucio Scevola, lo que evidencia la mezcla de personajes cristianos y grecorromanos que incluyó Botticelli en esta pintura. Detrás de esta arquitectura, el mar verdoso y un cielo liso.

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    La oración en el huerto

    La predicación de Savonarola influyó fuertemente a Botticelli y le llevó a abandonar, en la última parte de su vida, las representaciones alegóricas para dedicarse solamente a las pinturas sacras, de la cual ésta es un ejemplo.

    Botticelli rechaza las composiciones complejas, volviendo a modelos sencillos de devoción. La composición es mucho más sencilla, aunque Botticelli no deja por ello de prestar atención a algunos detalles del paisaje, como la empalizada. Jesucristo está rezando, figura central que se representa más grande que el resto por ser la de mayor importancia devocional. Los tres apóstoles dormidos en primer plano son también de gran sencillez, sin reflejar complejidades anatómicas de épocas anteriores.

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     Historias de Virginia

    Es una de las obras que hizo Botticelli al final de su vida, ejemplificando la virtud, como hizo con las Historias de Lucrecia. Según la crítica, podría tratarse del "espaldar" que Giorgio Vasari menciona haber visto en casa Vespucci y que se habrían realizado con ocasión del matrimonio entre Giovanni Vespucci y Namicina de Benedetto Merli (1500).

    El cuadro tiene como tema fundamental el honor violado y la fidelidad matrimonial. Se lee de izquierda a derecha:

    1. Virginia, en compañía de otras mujeres, es violada o agredida por Marco Claudio, que quiere obligarla a ceder a Apio Claudio;
    2. La lleva ante el tribunal presidido por Apio Claudio, que la declara su esclava;
    3. El padre y el marido de la mujer piden clemencia;
    4. El padre, para preservar el honor familiar, la mata y huye a caballo.

    Esta historia se desarrolla en el marco de una arquitectura clásica, en la que se agitan las figuras, pintadas con un vibrante colorido.

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    Historias de Lucrecia

    En esta obra se narra la historia de Lucrecia, según de Livio y Valerio Máximo. Según la leyenda, Lucrecia, esposa de Colatino, después de haber sido violada por Sexto, hijo de Tarquinio el Soberbio, se suicidó matándose con un puñal, provocando así la revuelta que llevó a la caída de la monarquía en Roma.


    Detalle: escena de la derecha. El marido de Lucrecia la encuentra inconsciente.

    En el centro de la obra está la revuelta de los soldados. Alrededor de esta escena se representan los episodios precedentes. En el centro del cuadro el cadáver de Lucrecia se muestra públicamente como si fuera una heroína. Sobre la mujer muerta, Bruto llama a las armas para tomar venganza.

    Los soldados se apresuran en frente del arco triunfal, parecido al arco de Constantino, que puede verse en el fresco Castigo de los rebeldes. La estatua de un David está en lo alto de una columna. Los edificios de los lados no son romanos sino quattrocentistas. El uso de arquitectura en este cuadro ha sido comparado al que hacía su contemporáneo Filippino Lippi.

    Es una de las obras que hizo Botticelli al final de su vida, ejemplificando la virtud, como hizo con las Historias de Virginia

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    Es la única obra firmada y fechada por Botticelli. Se ha sugerido que fue pintada para su propia devoción privada, o para alguien cercano a él. Ciertamente es poco convencional, y no representa simplemente los acontecimientos tradicionales del nacimiento de Jesucristo y la adoración de los pastores y los reyes magos. Más bien es una visión de estos acontecimientos inspirados por las profecías del Apocalipsis.

    Aunque es difícilmente interpretable, dado que huye de toda la iconografía clásica de la Navidad, el tema hace probablemente referencia a la situación florentina de inicios del siglo XVI, la caída de Carlos VIII, la expulsión de Pedro de Médicis de la señoría de la ciudad y la toma del poder por el partido de Girolamo Savonarola. Quizá Botticelli pintara este cuadro como ilustración de los sermones de Savonarola contra la decadencia moral de la Florencia de los Médicis. Aunque no hay documentos que acrediten que Botticelli fuera uno de los discípulos de Savonarola, ciertos temas de sus obras tardías, como esta Natividad mística, ciertamente derivan de sus sermones y de la renovatio que propugnaban, lo que significa que el artista estaba definitivamente atraído por esa personalidad tan central para los acontecimientos políticos y culturales de Florencia durante los últimos años del siglo XV.

    El pathos que se respira en el cuadro, el sentimiento de los penitentes en torno a la Natividad, son bastante elocuentes para recordar el canto del partido de Savonarola: Al vaglio, al vaglio, venite tutti quanti e con amari pianti. Es una obra representativa de sus composiciones tardías, en las que introduce el dolor lleno de pathos, de modo que exige una mayor participación del espectador.

    En esta obra abandona la perspectiva y el realismo, cayendo en una consciente regresión hacia un gusto arcaizante, lo que se adaptaba adecuadamente a la complicada simbología que requerían los temas sagrados. La falta de realismo viene subrayada por las convenciones estéticas del arte medieval y por la introducción de textos griegos y latinos dentro de la propia pintura.

    Rasgos propios de la pintura medieval son la presentación de las figuras en actitudes forzadas y poco naturales y las dimensiones de los personajes no son las naturales, sino las que corresponden según su importancia devocional. La Virgen María, adorando a un gigantesco Niño Jesús, es tan grande que si ella se pusiera en pie no cabría bajo el techo de paja del establo. Ellos dos son, por supuesto, las figuras más santas e importantes de la obra.

    No renuncia, sin embargo, a su forma de entender el arte. La sombra del espíritu humanístico aún se evidencia en detalles como la inscripción en griego con el año de su elaboración y un versículo del Apocalipsis: el idioma griego había cobrado auge en la corte de Cosme el Viejo y en la neoplatónica de su sobrino Lorenzo el Magnífico. Esta sorprendente inscripción en lo alto del cuadro se ha traducido como:

    Este cuadro de finales del año 1500, durante las turbulencias de Italia, yo, Alessandro, lo pinté en el tiempo medio después del tiempo, según el XI de san Juan en el segundo dolor del Apocalipsis, en la liberación de los tres años y medio del Diablo; después será encadenado en el XII y lo veremos [precipitado] como en el presente cuadro.

    Faltan las palabras después de "veremos", que pueden ser "precipitado" o "enterrándose a sí mismo". Las "turbulencias de Italia" puede ser la situación de Florencia después de la muerte de Lorenzo el Magnífico, o la invasión francesa. El "tiempo medio después del tiempo" se ha entendido generalmente como un año y medio antes, esto es, en 1498, cuando los franceses invadieron Italia, pero puede significar medio milenio (500 años) después de un milenio (1000 años): 1500, la fecha de la pintura. Esto puede relacionarse con el milenarismo que se extendió a finales del siglo XV. Como el final del milenio en el año 1000, el final del medio milenio en 1500 también parecía a mucha gente el anuncio de la Segunda Llegada de Jesucristo, profetizada por la Revelación.

    Hay tres ángeles sobre el portal. Los ángeles llevan ramas de olivo, que dos de ellos han entregado a los hombres que abrazan en el primer plano. Estos hombres, así como los supuestos pastores en sus vestiduras con capa de la derecha y los magos con largos ropajes a la izquierda, están todos coronados con olivo, el emblema de la paz. En los rollos que hay alrededor de las ramas del primer plano, combinados con algunos de los que sostienen los ángeles que bailan en el cielo, se lee: 'Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad hacia los hombres' (Lucas 2:14). Como los ángeles y los hombres se acercan aún más, de la derecha a la izquierda, para abrazar, pequeños demonios se dispersan por agujeros en el suelo. Los rollos sostenidos por los ángeles apuntando a la cuna decían: `Contemplad al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo' las palabras de Juan el Bautista presentando a Cristo (Juan 1:29). Por encima del techo del establo el cielo se ha abierto para revelar la dorada luz del paraíso.

    La danza de los ángeles en torno a una cúpula dorada parece una cita teatral. Recuerda las máquinas de Filippo Brunelleschi para las representaciones sagradas puestas en escena en las iglesias florentinas a finales del siglo precedente. Coronas doradas cuelgan de las ramas de olivo de los ángeles danzantes. La mayor parte de sus rollos celebran a María: 'Madre de Dios', 'Esposa de Dios', 'Única reina del Mundo'. En este detalle, la pintura exige un cierto esfuerzo del espectador, para creer en la verosimilitud de esa danza aérea. Estos ángeles danzantes no tienen ya la serena belleza de los que aparecen en la Pala de San Marcos en torno a la "Coronación de la Virgen".

    En una época en que los pintores florentinos estaban recreando la naturaleza con sus pinceles, Botticelli libremente asumió la artificialidad del arte. En su pagana Venus y Marte volvió la espalda al naturalismo para expresar la belleza ideal. En la Natividad mística fue más allá, de lo anticuado a lo arcaico, para expresar verdades espirituales -casi como los victorianos que lo redescubrirían en el siglo XIX, y que asociaron el estilo gótico con una 'Era de Fe'.

    OTROS PINTORES DE LA ESCUELA FLORENTINA

    mdn @ 13:56

    PAOLO UCELLO

     Paolo Ucello siempre ha estado considerado como el maestro del Quattrocento más preocupado por la perspectiva. . En 1436 se le encarga el fresco del "condotiero" John Hawkwood a caballo, más conocido como Giovanni Acuto, en la catedral florentina, como si se tratara de una estatua ecuestre, pudiendo poner de manifiesto sus conocimientos de perspectiva, introduciendo en la obra la técnica del escorzo. Una vez realizadas varias obras para el Duomo de Florencia, se marcha a Padua en 1445, pintando a su regreso el Claustro Verde en la iglesia florentina de Santa María Novella, exponiendo nuevos sistemas de perspectiva, como ocurre en las Batallas de San Egidio y San Romano, famosas por los escorzos tan marcados. En 1452 contrajo matrimonio con Tommasa Malifici, teniendo dos hijos en el matrimonio. Tras una estancia de cuatro años en Urbino, entre 1465 y 1469, fallece en Florencia en 1475, habiendo declarado años antes: "Me siento débil, viejo y sin empleo, y mi esposa está enferma

     

     Batalla de San Romano
     Temple sobre tabla 
     

    La pintura que contemplamos forma grupo con las tablas de los Uffizi y del Louvre. Contrasta, con la dinámica acción de los combatientes, la estaticidad y magicismo de las figuras y objetos caídos en el suelo a través de los cuales se representa el juego de líneas del sistema perspectivo. La verticalidad del paisaje acentúa la analogía con un telón, proporcionando
     
    Il condotiero Giovanni Acuto
    El objeto en la pintura de Paolo Uccello se ofrece reducido a los valores geométricos del volumen y con una iluminación propia que le proporciona la definición de su corporeidad. Pero, además, los objetos se encuentran en el escenario pictórico como referencias descriptivas de la organización perspectiva del espacio. A través de ello, el espacio en las composiciones de Paolo Uccello aparece como representaciones de escenarios de ficción. Por razones obvias, los retratos ecuestres realizados en pintura todavía aparecen todavía en un contexto religioso.
    PIERO DELLA FRANCESCA

    Piero De Benedetto Dei Franceschi (1416-1492) fue pintor del Quattrocento italiano conocido por su sobrenombre Piero della Francesca, y nació en Sansepolcro (Toscana, Italia).

    Su obra se caracteriza por una dignidad clásica, similar a Masaccio. El tratamiento de las figuras es muy volumétrico y se percibe un estudio anatómico, y una cierta monumentalidad. Destaca la inexpresividad y frialdad de los personajes, con figuras que parecen estar muy estáticas, como congeladas y suspensas en sus propios movimientos. Se percibe también la voluntad de construcción de un espacio racional y coherente.

    Piero se interesó mucho por los problemas del claroscuro y perspectiva, como su contemporáneo Melozzo da Forli.

    La luz en sus cuadros es muy diáfana, con un tratamiento uniforme, sin intensidades ni gradación lumínica (ligeramente arcaica, similar a la de Fra Angelico). Sus ensayos en este sentido llegan a dar la sensación de que sus figuras están modeladas en material dotado de luz propia, intima, radiante. Los frescos como la Leyenda de la Santa Cruz, en el ábside de la Iglesia de San Francisco, en Arezzo, son una obra de arte en luminosidad. La perspectiva lineal era su característica principal a la hora de pintar, lo que se puede apreciar en todos sus cuadros, que se distinguen básicamente por sus coloridos luminosos y un suave pero firme trazo en las figuras. Realizó numerosas obras importantes: El Bautismo de Cristo (1440-45), La Palla de la Misericordia (1445-1460), frescos en el templo Malatestiano de Rimini (1451), y una capilla en la iglesia de San Francisco de Arezzo (1452, 1463), en donde se ve el ciclo de la devoción de la Vera Cruz.

     

    Madonna del Parto (1460)

    Es uno de los pocos frescos donde la Virgen es mostrada físicamente en los días previos al nacimiento de Jesús, con un gran vientre de nueve meses; se encuentra parada en el centro de la pintura con un vestido medieval color rojo, llevándose la mano derecha hacia el vientre para señalar el gran desarrollo que ha creado el embrión. La iluminación clara destaca el volumen de las figuras, acentuando su aspecto monumental y apagando las tonalidades. Una de las principales obsesiones de Piero della Francesca era la simetría, como demostrará en buena parte de sus obras. Debido a ese interés duplicará las figuras de los ángeles en la pintura realizada para un pequeño santuario mariano que fue posteriormente unido al cementerio de Monterchi.

    El Bautismo de Cristo (1448-1450)

    Es una de las obras tempranas más famosas de della Francesca; representa el momento en que Cristo, que se sitúa en el centro de la composición es bautizado por San Juan Bautista, ubicado a la derecha. A la izquierda se encuentra una trinidad de ángeles que, con sus tres peinados, colores y poses distintos, refuerzan simbólicamente la presencia de la Santísima Trinidad. Sobre la cabeza de Jesús se encuentra la paloma del Espíritu Santo y bajo sus pies las aguas del río Jordán. En la composición se encuentra una destacable alusión a la perspectiva, fundamental en la obra de Piero, ya que las propias figuras conforman el espacio donde se asientan. Las figuras están sabiamente interpretadas, obteniendo un marcado acento volumétrico gracias al empleo de la luz y resaltando el aspecto escultórico y anatómico de los personajes, y se observa un esmerado detallismo que puede apreciarse en la meticulosa atención que el artista presta a detalles secundarios como las hojas de los árboles y el reflejo de las montañas en el agua, fruto de la observación de la naturaleza. Las tonalidades no son muy vivas, al bañar las figuras con esa luz blanca y uniformemente distribuida. La composición se basa en un cuadrado y un círculo, representando el cuadrado la tierra y el círculo el cielo. Por último, debemos destacar que todo ello no hace más que reflejar la realidad social a la que se enfrentó el artista, que terminó suicidándose a finales de la década.

  • Políptico de la Misericordia, (1448), Pinacoteca Comunale de Sansepolcro.
  • Bautismo de Cristo (1448-1450) National Gallery de Londres.
  • Madonna del parto (1460-antes del 1465) Monterchi, Capilla del cementerio (Pintura al fresco).
  • La flagelación de Cristo (h. 1450-1460) Urbino, Galería Nacional de las Marcas
  • San Jerónimo Penitente (1450) Berlín, Gemäldegalerie.
  • Retrato de Sigismondo Pandolfo Malatesta (1450-51) París, Louvre.
  • Sigismondo Pandolfo Malatesta rezando a san Segismundo (1451) Rímini, Templo Malatestiano.
  • Leyenda de la Vera Cruz (1452-1466) ciclo de frecos, Arezzo, Basílica de San Francisco.
  • La Magdalena (1460) Arezzo, Catedral.
  • Virgen con el Niño y cuatro ángeles (h. 1460 -1470), Instituto de Arte Clark de Williamstown (Estados Unidos).
  • La Resurrección (1463-1465) Sansepolcro, Pinacoteca Comunale.
  • Retrato de Battista Sforza y Federico da Montefeltro (h. 1465) Florencia, Galería Uffizi
  • Retrato de Guidobaldo de Montefeltro Madrid, Museo Thyssen-Bornemisza
  • Políptico de San Antonio (1469), Perugia, Galería Nacional de Umbría
  • Virgen de Senigallia (h. 1470) Urbino, Galería Nacional de las Marcas.
  •  
  • Natividad, National Gallery de Londres.
  • Crucifixión, Colección Frick, Nueva York.
  • San Miguel Arcángel (del Políptico de San Agustín, h. 1460-1469), Londres, National Gallery.
  • San Nicolás de Tolentino (del Políptico de San Agustín, h. 1460-1469), Milán, Museo Poldi Pezzoli.
  • San Agustín (del Políptico de San Agustín, h. 1460-1469), Lisboa, Museo Nacional de Arte Antigua.
  • San Juan Evangelista (del Políptico de San Agustín, h. 1460-1469), Colección Frick, Nueva York
  • GUIRLANDIAO

    Ghirlandaio, sobrenombre de Domenico di Tommaso, fue un pintor florentino que trabajó para los Médici; su trabajo estuvo muy cercano a las posturas más conservadoras del pintor como artesano y empresario. Se formó en el taller de Baldovinetti y en el de Verrocchio, donde conoció a Leonardo da Vinci. Allí desarrolló un estilo sólido, materialista y algo anticuado si lo comparamos con algunos de sus coetáneos como el propio Leonardo o Botticelli. Formó su propio taller con dos de sus hermanos pequeños, Benedetto y David. Entre sus obras más importantes se cuenta el ciclo de frescos sobre la vida de María, pintados para la iglesia de Santa Maria Novella en Florencia, que llevó a cabo entre 1486 y 1490 por encargo del poderoso Giovanni Tornabuoni, socio de los Médici. El artista retrató a la esposa de Giovanni, Lucrezia Tornabuoni y a su hija, la hermosa Giovanna.

    El estilo de Ghirlandaio es francamente profano incluso en los temas religiosos: el pintor ambientó todas sus escenas sagradas en el interior de las lujosas casas de los burgueses más acaudalados de Florencia. Por ello se le considera el mejor cronista de las costumbres y la vida de su época. Hay también obras de Ghirlandaio en Pisa, San Gimignano y la Capilla Sixtina, donde acudió con otros importantes pintores en la embajada que los Médici enviaron al papa para decorar esta iglesia. Otra faceta de su trayectoria pictórica muy celebrada fueron sus retratos, de entre los que destaca el titulado Anciano con su nieto.

    Además, Ghirlandaio fue el maestro de Miguel Ángel y su hijo Ridolfo fue amigo y compañero de Rafael, aparte de un buen retratista.

    ANDREA DEL CASTAGNOAndrea del Castagno nació en Castagno, un pueblo cerca de Monte Falterona, no lejos de Florencia. Durante la guerra entre Florencia y Milán, vivió en Corella, regresando a su hogar cuando acabó. En 1440 se trasladó a Florencia bajo la protección de Bernardo de Médici. Aquí pintó retratos de los ciudadanos ahorcados después de la Batalla de Anghiari en la fachada del Palazzo del Podestà, obteniendo así el mote de Andrea degli Impiccati («Andrés de los Ahorcados»).

    Se sabe poco de su formación, aunque se ha lanzado la hipótesis de que fue aprendiz de Fra Filippo Lippi y Paolo Uccello. En 1440-1441 pintó el fresco de Crucifixión y Santos en el Ospedale di Santa Maria Nuova, cuya construcción, orientada según la perspectiva, y las figuras, muestran la influencia de Masaccio.

    En 1442 estaba en Venecia donde pintó frescos en la capilla de San Tarasio de la iglesia de San Zacarías. Más tarde trabajó también en la Basílica de San Marcos, dejando un fresco sobre la Muerte de la Virgen (1442-1443).

    De vuelta a Florencia, diseñó una vidriera con el Desprendimiento para uno de los tragaluces de la cúpula del Duomo. El 30 de mayo de 1445 se matriculó dentro del gremio del Arte dei Medici e degli Speziali. Del mismo año es el fresco de la Virgen con Niño y Santos de la colección Contini Bonacossi.

     


    La Última Cena del Cenáculo de Santa Apolonia.

    La Última Cena

    En 1447 trabajó en el Cenáculo de Santa Apolonia en Florencia, pintando, en la parte inferior, un fresco con el tema de La última cena,acompañado por otras escenas que representaban el Descendimiento, la Resurrección, y una Crucifixión, que actualmente se encuentran dañados. Pintó asimismo un luneto en el claustro, representando una Pietà.

    La Última cena muestra lo mejor del talento de Castagno. La composición de figuras equilibradas en un marco arquitectónico es particularmente destacado. Por ejemplo, la postura de san Juan de dormir inocentemente contrasta nítidamente con la pose tensa y derecha de Judas el traidor, y las posiciones de las manos de las parejas finales de apóstoles en cada extremo del fresco se reflejan la una a la otra con un logrado realismo. Los colores de las ropas de los apóstoles y sus posturas contribuyen al equilibrio de la obra.

    El detalle y naturalismo de este fresco ejemplifica las maneras en que del Castagno se apartó de los estilos artísticos que le precedieron. Las paredes de mármol, muy detalladas, recuerdan a las pinturas murales del «primer estilo» romano, y los pilares y las estatuas hacen pensar en la escultura clásica y prefiguran la pintura de trampantojo. Más aún, los reflejos de color en el pelo de las figuras, las ropas ondulantes, y una perspectiva creíble en los halos presagian innovaciones futuras. En esta obra se aprecia el contacto con el estilo de Donatello y la preocupación del pintor por la fuerza y la expresión, creando figuras de una monumentalidad dura y escultórica.[4]


    Asunción con los santos Julián y Miniato.

    En 1449-1450 pintó la Asunción con los santos Julián y Miniato para la iglesia de San Miniato fra le Torri (hoy en Berlín). En los mismos años colaboró con Filippo Carducci en una serie de frescos sobre Personajes ilustres para la Villa Carducci en Legnaia. Entre ellos se incluyeron Pippo Spano, Farinata degli Uberti, Niccolò Acciaioli, Dante, Petrarca, Boccaccio, la Sibila de Cumas, Ester y Tomiri.

    También de alrededor de 1450 es la Crucifixión de Londres, así como el David con la cabeza de Goliat y el Retrato de un hombre de Washington. Entre enero de 1451 y septiembre de 1453 acabó los frescos con Escenas de la Vida de la Virgen que dejó inconclusos Domenico Veneziano en la iglesia florentina de San Egidio (hoy perdidos). En octubre Filippo Carducci le encargó frescos para su villa en Soffiano, de la que hoy sobreviven una Eva y una Virgen con Niño dañada.

    En 1455 Andrea del Castagno trabajó en la Basílica de la Santísima Anunciada (frescos con Trinidad con san Jerónimo y dos santas mujeres y San Julián y el Redentor, mostrando la primera de estas obras un marcado realismo). También a estos años cabe atribuir una Crucifixión para Santa Apolonia. En 1456 ejecutó en la catedral el famoso fresco de la Estatua ecuestre de Niccolò da Tolentino en Santa María del Fiore (Florencia), que es análogo al cuadro similar de Paolo Uccello representando a John Hawkwood.

    Vasari, un artista y biógrafo del Renacimiento italiano, cuenta que Castagno asesinó a Domenico Veneziano,[5] aunque esto parece poco probable dado que Veneziano murió en 1461, cuatro años después que Castagno falleciese debido a la plaga.

     Image:Andrea del Castagno 004.jpgAndrea di Bortolo di Simone

    Retrato de hombre

    Crucifixión

     

    Reina Ester

     

    PINTORES DEL QUATTROCENTO: ESCUELA FLORENTINA

    mdn @ 13:25

    FRA ANGELICO Y MASACCIO

     FRA ANGELICO


    Fra Angelico


    La Anunciación (Museo del Prado de Madrid)

    Fra Angelico combinó la elegancia decorativa del gótico, de Gentile da Fabriano, con el estilo más realista de otros maestros del renacimiento como el pintor Masaccio y los escultores Ghiberti y Donatello, que trabajaban en Florencia, y aplicó también las teorías sobre la perspectiva de León Battista Alberti. Las expresiones de devoción en los rostros son muy logradas, así como la utilización del color que consigue dar mayor intensidad emotiva a la obra.

    Su maestría en la creación de figuras monumentales, en la representación del movimiento y en la capacidad para crear planos de profundidad a través de la perspectiva lineal, especialmente en los frescos realizados en Roma, lo confirman como uno de los pintores más importantes del primer renacimiento.

    En el Museo del Prado de Madrid se conserva una de sus obras más representativas: La Anunciación (1430-1432), realizada para el convento dominico de Fiesole. El Museo Thyssen-Bornemisza posee La Virgen de la humildad, depositada en el MNAC de Barcelona. Los duques de Alba poseen en el Palacio de Liria otra obra de Fra Angelico, La Virgen de la granada, adquirida por un antepasado suyo en Florencia hacia 1816.

    Galería

    Masaccio

    Tríptico de San Juvenal



    Tríptico de San Juvenal

    El tríptico de San Juvenal era una obra desconocida de Masaccio, no mencionada por su biógrafo Giorgio Vasari, que fue descubierta en 1961. La pintura se compone de tres tablas: la central representa a la Virgen con el Niño, flanqueados por dos ángeles; en los paneles laterales aparecen sendas parejas de santos: San Bartolomé y San Blas en el de la izquierda, y San Juvenal y San Antonio Abad en el de la derecha. En la tabla central figura la inscripción que ha permitido datar la obra: ANNO DOMINI MCCCCXXII A DI VENTITRE D’AP[RILE]. La composición está construida de acuerdo con las leyes de la perspectiva: las líneas de fuga del pavimento de los tres paneles convergen en un punto de fuga central, representado por la mano derecha de la Virgen, que sostiene los pies del Niño.

    Capilla Brancacci

    En 1424, Masaccio y Masolino comenzaron la decoración de la Capilla Brancacci, en el transepto de la iglesia de Santa María del Carmine. La capilla había sido construida de acuerdo con las disposiciones testamentarias de Pietro Brancacci, pero fue Felice Brancacci, próspero mercader en sedas que había desempeñados varios cargos políticos importantes en Florencia, quien encomendó la decoración de la capilla a Masaccio y Masolino. Los dos pintores trabajaron de forma perfectamente coordinada: ambos trabajaron en las dos paredes de la capilla, y dieron una gran unidad a la composición, gracias al empleo de una misma gama cromática, y de un único punto de vista (el de un espectador situado en el centro de la capilla). Cuando Masolino marchó a Hungría, en septiembre de 1425, Masaccio continuó trabajando en solitario. Más adelante, tras la partida a Roma y posterior muerte de Masaccio, el trabajo quedó interrumpido. En 1436 Felice Brancacci fue desterrado de Florencia al subir al poder la familia Medici. La decoración de la capilla sólo fue terminada en 1481 por Filippino Lippi. Entre 1746 y 1748 se realizaron importantes transformaciones en la capilla, y en 1781 sufrió importantes deterioros a causa de un incendio que ennegreció los frescos. Fueron restaurados en 1988, volviéndose al color original.

    Los frescos se distribuyen en dos niveles horizontales a lo largo de las dos paredes de la capilla (originalmente había también pinturas en los lunetos y en la bóveda, todas ellas obra de Masolino). Se sigue el esquema característico de la pintura florentina al fresco, consistente en ordenar las composiciones como si fuesen cuadros colocados en el muro, y, para destacar esta idea, cada escena está enmarcada por pilares clásicos y capiteles corintios pintados.



    La expulsión de Adán y Eva del paraíso terrenal, antes y después de la restauración

    El tema principal de los frescos es la historia de la vida de san Pedro, patrón de los marineros y comerciantes del mar, y hay también algunas referencias al Génesis, concretamente a la historia de Adán y Eva. El programa iconográfico se ha interpretado en relación con la personalidad del comitente: Felice Brancacci había sido uno de los primeros cónsules del mar de Florencia en 1421, y entre 1422 y 1423 fue embajador en El Cairo.

    Programa iconográfico1. Cuerpo superior:

    • La expulsión de Adán y Eva del paraíso terrenal
    • El tributo (Masaccio)
    • Predicación de San Pedro (Masolino)
    • Bautismo de los neófitos (Masaccio)
    • Resurrección de Tabita (Masolino, con intervenciones de Masaccio)
    • Adán y Eva en el paraíso terrenal (Masolino)

    2. Cuerpo inferior:

    • San Pedro en la cárcel visitado por San Pablo (Filippino Lippi)
    • La resurrección del hijo de Teófilo y San Pedro en la cátedra (Masaccio)
    • San Pedro cura a los enfermos con su sombra (Masaccio)
    • La distribución de los bienes y la muerte de Ananías (Masaccio)
    • Disputa de San Pedro con Simón Mago y muerte de San Pedro (Filippino Lippi)
    • San Pedro liberado de la cárcel (Filippino Lippi)

    Las fuentes son los Hechos de los Apóstoles, para las pinturas relacionadas con San Pedro, los Evangelios, para el fresco de El tributo, y el Génesis, para las dos escenas de Adán y Eva.

    En el muro lateral izquierdo se encuentran cuatro escenas compuestas por Masaccio: dos en la parte superior, La expulsión de Adán y Eva del paraíso terrenal, El tributo; y dos en la inferior, La resurrección del hijo de Teófilo y San Pedro en la cátedra, y San Pedro cura a los enfermos con su sombra. Junto a estas obras de Masaccio se encuentran otras de Masolino, y algunas posteriores de Filippino Lippi.

    En el muro lateral derecho se encuentran, en la parte superior, El bautismo de los néofitos; y en la inferior La distribución de los bienes y la muerte de Ananías. Además, se cree que son también obra de Masaccio los edificios que aparecen al fondo del fresco de Masolino sobre la Resurrección de Tabita.

    Análisis estilístico

    La expulsión de Adán y Eva del paraíso terrenal: se compara frecuentemente esta pintura con la de Adán y Eva en el paraíso terrenal, realizada por Masolino en la pared de enfrente. Mientras que la obra de Masolino pertenece todavía al gótico, en la de Masaccio está ya presente el Renacimiento. El tratamiento del desnudo remite a modelos de la Antigüedad (para Adán, se ha pensado que Masaccio pudo haberse inspirado en estatuas de Marsias o de Laoconte); para Eva, alguna de las venus púdicas romanas). El patetismo de la escena se acentúa con el grito doloroso de Eva y el vientre contraído de Adán, que toma aire.

    • El tributo: se describe la escena narrada en un pasaje del Evangelio de Mateo (Mateo 17:24-27: al ser solicitado a Jesús y sus discípulos en Cafarnaúm el pago del tributo para el templo, éste ordena a Pedro que pesque un pez, en el cual encontrará la moneda del tributo.



      El tributo

      Masaccio representa en un solo espacio tres acontecimientos sucesivos. La escena se divide en tres partes: en el centro del fresco el cobrador, de espaldas, con túnica roja, solicita el pago del impuesto, y Jesús ordena a Pedro, con un gesto que el apóstol repite, lo que ha de hacer; a la izquierda de esta escena (no aparece en la imagen) aparece Pedro, esforzándose en sacar la moneda del pez que acaba de pescar; a la derecha, finalmente, Pedro paga el tributo al cobrador ante un edificio en perspectiva. Se ha relacionado esta escena con los nuevos intereses marítimos de Florencia (no hay que olvidar que el comitente de la obra, Felice Brancacci, había sido cónsul del mar): la idea que se sugiere, entonces, es la del mar como fuente de ingresos para la República. Algunos autores han señalado intervenciones de Masolino en esta pintura. Argan sugiere otra interpretación del tema: «Masaccio es demasiado culto y demasiado humanista como para no entender el significado profundo del tema: sólo a Pedro, como jefe de la Iglesia, corresponderá tratar con el mundo, con los poderes terrenales».[4]

    • La resurrección del hijo de Teófilo y San Pedro en la cátedra: la fuente de esta escena no se encuentra en el Nuevo Testamento, sino en la Leyenda dorada de Jacobo de la Vorágine: Téofilo, prefecto de Antioquía, aceptó liberar a San Pedro a condición de que resucitara a su hijo de catorce años. Tras el éxito del apóstol, Teófilo y numerosos habitantes de la ciudad se convirtieron al cristianismo.



      La resurrección del hijo de Teófilo (falta aquí el tercio derecho de la escena, en el que aparece San Pedro en la cátedra).

      Masaccio dejó inacabado este fresco, que fue completado por Filippino Lippi. Se cree que en él pueden encontrarse retratos de personajes de la época: en el grupo de la izquierda, el personaje vestido con hábito de carmelita es probablemente el cardenal Brenda Castiglione; Teófilo, sentado en el trono en forma de nicho, es un retrato de Gian Galeazzo Visconti, gran enemigo de Florencia; y Coluccio Salutati es la figura sentada a los pies de Teófilo, a la derecha.

    • San Pedro cura a los enfermos con su sombra: se cree que en esta escena hay también retratos de personajes de la época. El personaje a la derecha de San Pedro, con capucha roja, es seguramente Masolino, en tanto que la figura de san Juan, a la izquierda de San Pedro, es considerada un autorretrato del propio Masaccio (según otros sería su hermano Giovanni, llamado «el Scheggia»). El hombre curado milagrosamente (en pie y con las manos juntas) es tal vez un retrato de Donatello.
    • La distribución de los bienes y la muerte de Ananías ilustra un episodio de los Hechos (Hechos 5:1-11) acerca del castigo de Ananías, quien trató de engañar a la comunidad de los primeros cristianos, y cayó fulminado por Dios. Esta escena está estrechamente relacionada con la anterior.


    La Trinidad. Pintura al fresco. Iglesia de Santa Maria Novella


    Crucifixión, 1426. Temple sobre tabla.

    La Trinidad

      

    Entre 1426 y 1428 Masaccio realizó el fresco de la Trinidad en uno de los muros laterales de la iglesia florentina de Santa Maria Novella. En este mural se hace uso por primera vez de la teoría de la perspectiva. La pintura representa el dogma de la Trinidad, en en el marco de una capilla inspirada en los arcos de triunfo romanos, con una bóveda de medio cañón dividida en casetones y sostenida por columnas jónicas, flanqueadas a su vez por pilastras que sostienen un entablamento. En el centro se encuentra Cristo crucificado, sostenido por Dios Padre —única figura que escapa a las leyes de la perspectiva, en tanto que ser incomensurable—; bajo la cruz se encuentran la Virgen María y San Juan Evangelista. Más abajo están los dos comitentes, identificados recientemente como Berto di Bartolomeo del Banderaio y su esposa Sandra, quienes asisten arrodillados a la escena sacra. Por debajo de ellos, y funcionando como base de la composición, hay un altar de mármol bajo el cual se ve un esqueleto yacente al que acompaña la inscripción: «Ya fui antes lo que vosotros sois; y lo que soy ahora lo seréis vosotros mañana» («Io fu già quel che voi sete: e quel chi son voi ancor sarete»).

    La pintura puede leerse en sentido vertical ascendente, como la ascensión hacia la salvación eterna, desde el esqueleto (símbolo de la muerte) hasta la Vida eterna (Dios Padre), pasando por la oración (los donantes), la intercesión de los santos (San Juan y la Virgen), y la redención (Cristo crucificado). El uso que hace Masaccio de la perspectiva hace que la composición sea un auténtico trompe l'oeil o trampantojo que hace parecer que el muro está efectivamente perforado.

    Políptico de Pisa

    El 19 de febrero de 1426 inicia Masaccio el políptico para la capilla del notario ser Giuliano di Colino degli Scarsi da San Giusto en la iglesia de Santa Maria del Carmine, en Pisa. El políptico constaba de 19 tablas. Junto a rasgos arcaicos, como el uso del fondo de oro, la principal novedad era que todos los paneles tenían un único punto de fuga, de modo que la composición resultase unitaria. En el siglo XVIII, el políptico fue desmembrado: las 11 piezas que han sido recuperadas se conservan actualmente en 5 museos distintos. Las más importantes son las siguientes:

    • Virgen en trono con el Niño y cuatro ángeles, (Londres, National Gallery).
    • Crucifixión (Museo de Capodimonte de Nápoles): esta tabla ocupaba la parte superior central del políptico, por encima de la Virgen en trono. Representa la escena de la crucifixión de Jesús, tal y como es referida en el Evangelio de Juan (Juan 19:26-27, con la Virgen a la derecha de Cristo y San Juan a su izquierda. La figura suplicante a los pies de la Cruz representa a María Magdalena, y varios autores creen que fue añadida posteriormente. Presenta todavía rasgos arcaicos, relacionados con el gótico internacional, como el fondo de oro. Como la tabla estaba destinada a ocupar un lugar muy elevado como remate central del retablo, la figura de Cristo fue pintada de forma que se corrigiesen las alteraciones ópticas que se producirían al quedar la obra tan alta en relación con el espectador.
    • San Pablo (Museo Nacional de Pisa)
    • La Adoración de los Reyes Magos (Berlín, Staalitche Museen): es la tabla central de la predela del Políptico, y la única en que no se utiliza el fondo de oro. Vasari comentó sobre esta obra: «en esta parte hay algunos caballos, tomados del natural, tan bellos que no puede pedirse más, y los hombres de la corte de los tres Reyes están vestidos con diversos atuendos que se usaban en aquellos tiempos». La crítica actual ha destacado que el centro de atención del cuadro se desplaza de la escena sacra al cortejo profano. Según algunos autores, el palafrenero que asoma entre los hocicos de dos caballos puede ser un autorretrato del pintor.


    La Adoración de los Reyes Magos (1426). Temple sobre tabla

    Otras obras

    Una de las primeras obras conocidas es Virgen con el Niño y Santa Ana, en la Galería de los Uffizi de Florencia, que pintó con Masolino hacia 1423–1424.[5] A la actividad de Masaccio en Roma corresponde muy probablemente una tabla que forma parte de un tríptico pintado para la basílica de Santa María la Mayor (los otros dos paneles, según opinión de la crítica actual, serían obra de Masolino). La tabla representa a San Jerónimo y San Juan Bautista y hoy se conserva en la National Gallery.

    Existe, además, una Crucifixión, generalmente atribuida a Masolino, pintada al fresco en la pared de fondo de la capilla de Santa Catalina de la basílica de San Clemente: algunos autores han creído ver en esta obra la mano de Masaccio, aunque no hay acuerdo sobre este asunto

    CINQUECENTO: PINTURA

    mdn @ 13:12

    El Renacimiento iniciado durante el Quattrocento se desarrolló en un siglo de madurez inigualable, el siglo XVI o Cinquecento.
    Dentro de este largo período convivieron dos tendencias fundamentales: la clasicista y la manierista. Al mismo tiempo, Venecia reaprovechó los logros quattrocentistas y los mezcló con su particular tradición e influencias, con lo cual constituía una Escuela, si no aparte del resto de Italia, sí claramente diferenciada en su estilo. El siglo XVI fue además el siglo de la renovación romana, culminante con la Contrarreforma. Durante el siglo XVI nacieron las prédicas de Lutero, el humanismo de Erasmo de Rotterdam y el principio de la disidencia en el seno del Catolicismo. También se produjo el avance imparable de los turcos, la gran fuerza islámica que no puede menos que ser tenida en cuenta al tratar de explicar el arte, la ciencia y el estado del conocimiento en la época. El Cinquecento italiano continuó en paralelo a la expansión de la pintura flamenca. En Italia se atravesaba una época de crisis interna que provocó una serie de luchas políticas y militares, lo cual contribuyó al debilitamiento de unas repúblicas en favor de otras. Los hitos más notables fueron la invasión del Milanesado por el reino francés y el saqueo de Roma por parte del emperador Carlos V, un auténtico trauma para la cristiandad que veía cómo el paladín del cristianismo, el monarca español, pasaba a fuego y espada la ciudad santa del Vaticano. El arte, a pesar de la inestabilidad, alcanzó unas cotas geniales, especialmente en Roma y durante el gobierno del Papa Julio II. Éste actuó como mecenas de los grandes: los mejores arquitectos trabajaron para levantar San Pedro del Vaticano y remodelar los Apartamentos Vaticanos. Miguel Ángel pintó para él la Capilla Sixtina, trazó edificios y diseñó innumerables proyectos escultóricos que no siempre pudo rematar (como el frustrado proyecto funerario de la tumba de Julio II). Rafael también trabajó para el Papa, siendo su obra más famosa pintada para éste, la decoración al fresco de las Estancias de la Signatura en los Apartamentos Vaticanos. Fuera de Roma, la gran figura fue Leonardo: hombre de ciencia, humanista, inventor, diseñador de fortalezas y maquinarias de guerra... y excelente pintor. Trabajó para diversas cortes y mecenas hasta establecerse en Milán. Cuando las tropas francesas invadieron la ciudad, se trasladó a Francia llamado por el rey, donde terminó sus días. Él es el autor del estupendo retrato que muestra a una misteriosa dama sin identificar, con un armiño en su regazo, la Dama del Armiño.

    QUATTROCENTO: PINTURA

    mdn @ 13:08

    La división entre Quattrocento y Cinquecento puede resultar a veces arbitraria, puesto que es imposible marcar una fecha concreta para el arranque de lo que hoy llamamos Renacimiento. Muchos de los artistas renacentistas participan de ambos períodos, que remiten respectivamente a dos siglos diferentes, el siglo XV y el XVI. Las ideas y los pintores están presentes en ambos siglos, aunque sí puede hablarse de dos generaciones diferentes de artistas, así como de dos núcleos predominantes cada uno en un período. El núcleo de poder destacado durante el Quattrocento es sin duda alguna la Florencia de los Médicis, así como en el Cinquecento habremos de mencionar la Roma papal. Como ya se ha dicho, los precedentes pictóricos del Trecento son los que determinaron el avance cualitativo del Quattrocento. Los frescos de Giotto y los paneles de Cimabue anunciaban la transformación. La renovación artística arranca de la mano de la arquitectura; ya corrían por los círculos intelectuales voces que clamaban por una revalorización de la actividad artística. La arquitectura italiana siempre había gozado de una mayor adaptación a la concepción humana, lejos de la espiritualidad teológica de las catedrales europeas. Ese sentido de humanismo y de ruptura con lo establecido la resumió como nadie Brunelleschi en una obra que se considera una auténtica proclamación de intenciones: la cúpula de Santa María de las Flores. De una amplitud nunca vista y con una pureza de líneas de singular belleza, Brunelleschi empleó las últimas novedades de la técnica para diseñarla, al tiempo que se apartaba del proceso físico de la construcción. Es decir, planteaba la postura del creador frente a la del constructor. Además, colocó su obra en el lugar de mayor impacto social: el centro de la rica república florentina, el cruce de caminos de todas las rutas comerciales y las operaciones económicas del mundo cristiano. De esta forma, todo el mundo pudo contemplar la novedad. Las repercusiones fueron inmediatas y la escultura recibió también un nuevo impulso hacia un ejercicio de la Razón sobre la imagen. Se abandonaron la planitud y el hieratismo del gótico en pro de un ansia de belleza y perfección; también tuvo la escultura su manifiesto público en las Puertas del Paraíso realizadas por Ghiberti. Por su parte, la pintura disfrutó de los logros en ambos terrenos. La sistematización de los medios constructivos requirió un gran esfuerzo científico: las matemáticas, la física y la geometría fueron las principales armas para unas edificaciones nuevas. La pintura adopta sus postulados y a través de ellos consigue lo que será uno de sus rasgos definitorios: la perspectiva lineal. Consiste en abstraer la mirada y la posición del objeto representado, que ha de verse centrado desde una altura media, a partir de un punto único que supone una mirada ideal desde un sólo ojo. Es un puro ejercicio mental que pretende imbuir la imagen plástica de tres dimensiones, en lugar de las dos del románico y el gótico. Con ello se pretendía conseguir una pintura cercana a la realidad, como una ventana abierta al mundo. La revolución fue inmediata: Masaccio, joven pintor de moda, realiza un manifiesto pictórico en su Trinidad, un fresco que finge romper los muros donde se pinta para abrir ante el fiel una supuesta capilla en la que se manifiesta el misterio de las tres personas divinas, a tamaño natural, ante los ojos asombrados del espectador. El escándalo que causó esta imagen sólo puede compararse al que provocaron los primeros cuadros de los cubistas, y de la vanguardia en general, a principios del siglo XX. Los florentinos del siglo XV jamás se habían visto forzados a "leer" una imagen con un sistema tan complejo y el aprendizaje del nuevo lenguaje resultó una labor costosa. De este afán científico nacen otras inquietudes aplicadas a la pintura: las leyes de la óptica regularizaron la jerarquía de los objetos representados en la lejanía, que han de ser más pequeños y menos nítidos. En este aspecto fue fundamental la aplicación de la sección áurea. Para una correcta representación de las historias y de los personajes se hizo necesario que el pintor cultivara diversas ramas del saber: para los seres humanos se estudió anatomía y fisiología. Los apuntes con que aquellos primeros científicos modernos ilustraban sus descubrimientos son difícilmente separables del terreno artístico. También hubieron de estudiar mitología, lenguas clásicas y teología para representar decorosamente las escenas, los vestidos, los ambientes... La consecución de la tercera dimensión se reforzó mediante varios recursos: las figuras se colocan no sobre un fondo neutro, plano, sino en un paisaje o un interior. De esta manera, no sólo el propio volumen de la figura establece la profundidad, sino también el hecho de moverse en un espacio aéreo a su alrededor. Las gamas tonales y el sombreado cromático ejercitados en el Trecento contribuyeron en igual medida a introducir efectos de masa, volumen y peso de las figuras. Toda esta ebullición de ideas se vio acompañada de una profunda elaboración teórica: los propios artistas y los nobles que los patrocinaban escribieron tratados y manuales en los cuales recogían las novedades para difundirlas mejor. Igual que el mundo visual estaba siendo ordenado en la práctica se ordenó en la teoría, lo cual lo relacionó aún más con la ciencia. En su mayor parte la producción artística siguió dedicada a la temática religiosa, con tres objetivos principales: aumentar la efectividad de la predicación, conseguir la emoción del fiel y mantener la memoria del dogma a través de las imágenes. Sin embargo se introducen con fuerza parcelas de la pintura profana; por un lado emerge el retrato, en el cual se representan a los mecenas de los pintores o a figuras representativas del saber, moderno o antiguo. Por otro, la irrupción del neoplatonismo florentino abre la puerta a representaciones paganas, que se readaptan al cristianismo. Se estudia astrología, cábala y moral cristiana sin ningún conflicto. El impulso de este conocimiento de raíz oriental estuvo provocado por la caída de Constantinopla, que determina la huida de los intelectuales griegos y bizantinos hacia territorio cristiano. Las figuras de este período son vitales para la historia universal de la pintura: además de Masaccio, Paolo Ucello, Piero della Francesca, Andrea del Castagno y otros forman el grupo más radical entre la juventud. Sus obras no encontraron parangón en lo lejos que llevaron el arte nuevo. En una postura más intermedia, que trata de conjugar la modernidad con las preferencias de un público más cortesano, se encuentran las figuras de Fra Angelico, como en su Anunciación, o en las de Filippo Lippi. Las repercusiones del Quattrocento sobre el Renacimiento español y francés fueron matizadas en cualquier caso por los substratos característicos de cada nación, que no hemos de olvidar estuvieron en ambos casos muy relacionados con el gótico precedente y el poderoso influjo de la pintura flamenca que se estaba desarrollando en paralelo.

    TRECENTO: PINTURA RENACENTISTA

    mdn @ 13:05

    El Trecento es un siglo privilegiado que contó con los primeros nombres reconocidos como genios de la cultura:
    Dante, Petrarca, Giotto, Duccio son algunos de ellos.
    Sus producciones en sus respectivos campos marcan un espíritu nuevo que pone al hombre y su voluntad en el eje de la creación. Giotto fue además el primer pintor de la historia occidental que tuvo éxito en vida.El Trecento arranca de los últimos momentos del Duocento, en la transición iniciada por los artistas toscanos que trabajan la pintura en vez del mosaico. Durante este siglo, el XIV, se van a desarrollar dos escuelas diferentes, la florentina y la sienesa, cada una ella ubicada en sendas repúblicas poderosas. Pero las dos escuelas tienen características comunes, tales como son la individualización de los personajes, lejos ya de los estereotipos practicados durante el medioevo. A esta individualización corresponde una mayor expresividad de los rostros y el gesto, lo cual marca la separación de los tipos bizantinos practicados el siglo anterior, hieráticos, inmóviles en su diginidad eterna. También se presta mayor atención al cuerpo, con lo que se consigue una mayor corrección anatómica, más realista, sin idealizar. Esto implica introducir volumen y modelado en los cuerpos, que inmediatamente repercute en los objetos que lo rodean y en el fondo, que deja de ser un panel dorado para llenarse de paisajitos o interiores. En éstos se practican unas rudimentarias reglas de perspectiva, divergentes, que unifican escenas de diferentes marcos relacionándolas entre sí mediante puntos de fuga que sólo operan para las escenas seleccionadas.También se innova en la temática: la aparición de un poder civil fuerte, como son las repúblicas mercantiles, demanda unas obras que respalden su imagen del poder. El resultado fueron frescos magníficos, como los del palacio comunal de Venecia hechos por los hermanos Lorenzetti entre otros, o los del palacio de verano del papa en Avignon.Otro campo de avance será el meramente técnico: las técnicas al fresco se perfeccionan y resultan tan duraderas y brillantes como el mosaico, al que a veces imitan en decoraciones murales. El fresco se complementa con retoques "alla secca", que permiten mayor detallismo. Además, el volumen implica la necesidad de sombras y gradaciones, por lo que se abandona el color plano para introducir las gamas tonales, de una manera muy similar a como lo hará el impresionismo puesto que no hay sombras proyectadas de color negro, sino coloreadas con gamas más intensas o con colores complementarios.La escuela florentina es la que mejor aprovechará estos logros técnicos, puesto que el ambiente en ella es muy intelectual. Giotto es su mejor exponente, y realiza en sus ciclos al fresco verdaderos manifiestos pictóricos y teológicos que causaron furor en su época.La escuela de Siena halla su mejor representante en Simone Martini, el pintor de las vírgenes elegantes y bellas. Su estilo está claramente ligado al bizantinismo, en una escuela blanda, amanerada y sumamente apropiada para ambientes cortesanos, al estilo del retrato que realizó del Guidoriccio da Fogliano. La piel que pinta suele ser terrosa, las manos finas y crispadas, casi como garfios, los ropajes y los entornos son ricos, principescos. Estos rasgos convierten la pintura sienesa en inconfundible, puesto que sustituyen la intelectualidad florentina por el sentimiento religioso y humano. Sus mejores artífices, el citado Martini, Duccio, los hermanos Lorenzetti, obtuvieron proyección internacional. También la tuvieron los florentinos, Taddeo Gaddi, il Giottino, Starnina... esto se debe a dos circunstancias que indirectamente acaban con el Trecento. La primera fue la epidemia de Peste Negra que en 1348 provoca una huida masiva de la población. Los artistas se trasladaron a la corte papal en Avignon, donde llevaron a cabo obras magníficas. Un segundo receso tiene lugar en 1379, con la revolución de los Ciompi, campesinos contra el poder aristocrático y clerical, que determina un período de crisis económica y social en el cual la Toscana es sustituida en importancia cultural por Roma. Muchos artistas se trasladaron a las costas mediterráneas del sur de Francia y del este español, lo cual determinará una proyección de su estilo en el Gótico Italianizante inmediatamente posterior.

    PINTURA RENACENTISTA ITALIANA

    mdn @ 13:00

    La península italiana nunca se había visto implicada íntimamente con la corriente internacional del Gótico.
    Sus manifestaciones góticas tienen un carácter muy particular, siempre más ligado a su propia tradición románica y clásica que a las evoluciones estilísticas de Francia, el gran eje rector del estilo gótico.
    Durante el Trecento la inquietud diferenciadora había ido planteando las bases de una renovación del arte que conmocionó sus cimientos hasta llegar a preguntarse por la esencia misma de este arte y de sus artífices, en especial por el papel de los pintores como agentes intelectuales que deseaban ser incluidos en la élite de la cultura y la alta sociedad.

    La ruptura, pues, no llega de la nada, sino que hunde sus raíces en la elaboración teórica de personajes como Francisco de Asís, los frescos de Giotto y las esculturas de los Pisano. Los grandes pilares de la ruptura, o de la renovación si se quiere, son varios.

    El eje más llamativo es el Humanismo como nuevo enfoque de la visión teocrática de la sociedad y el cosmos hacia el papel central del hombre y sus actos.
    La anatomía del hombre fue objeto de cuidadoso estudio por parte de científicos, que dibujan uno a uno sus descubrimientos. La maestría necesaria para estos dibujos confundió con frecuencia el papel del científico con el del pintor, que adquiere por eso una relevancia inusitada hasta ese momento. Un pintor, además, debía de tener hondos conocimientos de mitología, historia y teología para estar capacitado en la representación decorosa de las historias que había de narrar. Este volver a centrarse en lo humano no significa en absoluto un abandono de lo divino; bien al contrario, lo divino es revisado desde la perspectiva humana para dotarlo de una mayor significación: Dios trata de hacerse inteligible a la razón humana, en vez de limitarlo a la emoción de la fe. El mecanismo de la recuperación de la Razón tuvo sus apoyos en la reintroducción de la sabiduría clásica: los textos de la Antigüedad que se conservaban se traducen. La caída de Constantinopla en manos sarracenas provocó un éxodo masivo de artistas e intelectuales bizantinos, que se instalan en Italia y llevan con ellos nuevos manuscritos clásicos, conservados por los árabes, la sabiduría helenística, los conocimientos de cábala y astrología oriental, etc. Del helenismo proviene la enorme influencia de las Escuelas neoplatónicas, filtradas por el Cristianismo, que proponen una adaptación del demiurgo y el orden cosmológico platónico y aristotélico, equiparándolo a la figura de Dios y Jesucristo. El peso de la tradición clásica indujo a denominar la pintura de este estilo como pintura alla antiqua, puesto que la modernidad, entendida como avance y desarrollo de los presupuestos góticos, se centra en la pintura flamenca, la pintura alla moderna. El patrocinio de la Iglesia sobre las artes sigue siendo mayoritario pero abandona el monopolio; así, las florecientes repúblicas mercantiles se llenan de familias de comerciantes que establecen auténticas dinastías, como los Médicis, que apoyan su poder en la Banca internacional, el control de las rutas marítimas y el prestigio que les otorga ser mecenas de artistas y científicos.

    Gracias a esta entrada en escena de un nuevo mecenazgo se produjo un aumento de los géneros, que hasta ese momento se habían limitado a la pintura religiosa. Se inicia con fuerza el esplendor del retrato, puesto que los mismos que pagan el arte desean contemplarse en él. Se introducen mitologías, frecuentemente con trasfondos religiosos, incluso mistéricos, de difícil interpretación excepto para círculos restringidos: es el caso de la sofisticada obra de Botticelli el Triunfo de la Primavera.

    El Renacimiento es además uno de los primeros movimientos en tener consciencia de época, es decir, sus integrantes se autodenominan como hombres del Renacimiento, como inauguradores de una nueva Edad, la Edad Moderna, por oposición a la que identifican ya como Edad Media, nexo de transición entre el esplendor de la Antigüedad clásica y el nuevo esplendor de su propia época. Es en este período cuando los artistas empiezan a firmar sus obras, sus datos biográficos son recogidos por los especialistas en arte, sus teorías pictóricas componen tratados de gran elaboración intelectual... el mito del genio moderno inicia su proceso en estos años, con destellos como Rafael o Leonardo. El Renacimiento se organiza tradicionalmente en dos hemisferios, el Quattrocento o siglo XV y el Cinquecento o siglo XVI. La delimitación no es exacta, de manera que los rasgos de uno pueden estar presentes en otro y viceversa. Sin embargo, sí es posible agrupar por semejanza de intenciones a los autores de uno y otro siglo. Aparte de su propio esplendor, Italia fecundó los Renacimientos de otros países, como fueron España o Francia.

    03/12/2008 GMT 1

    MICHELANGELO: ESCULTURAS

    mdn @ 13:38

    CINQUECENTO ESCULTURA

    mdn @ 13:13

    MICHEANGELO BUONAROTTI
    SANSOVINO
    CELLINI
    BENCELLINI
    BOLONIA
    LEON

    En la escultura del Cinquecento aumenta la reproducción de obras clásicas debido a la tendencia a la idealización, a lo grandioso y a la mayor preocupación por el cuerpo humano, produciéndose una reacción contra los "manieristas donatellianos" de la segunda mitad del siglo XV.

    Es importante destacar que a principios del siglo XVI son descubiertas las Termas de Tito en Roma, donde se halló el Laoconte, que influye decisivamente en el estilo del principal autor del siglo, Miguel Ángel (Michelangelo). La figura del genial artista y hombre renacentista MICHELANGELO BUONARROTI (1475-1564) domina todo el panorama artístico de la Roma del siglo XVI.

    La escultura de Miguel Ángel sintetiza todos los logros del Quattrocento, pero da a sus obras un equilibrio estable entre la masa y el movimiento. Su estilo está marcado por sudramática vida y por la época. Educado en torno al "jardín de los Médicis", sus primeras obras poseen un marcado estilo donatelliano, como en la Madonna della Scala y la Batalla entre Centauros y Lapitas (Galería Buonarroti, Florencia).
    Tras la caída de los Médicis va a Bolonia, donde trabaja con J. della Quercia; de esta etapa es el Ángel con el Candelabro. En 1495 va a Roma, donde ejecuta inicialmente La Pietá (San Pedro del Vaticano). En 1503, por encargo, realiza elDavid (Florencia), de 5 mts. de altura, con una profunda expresión del movimiento y de la tensión emocional de laacción. En 1506 se descubre en las Termas de Tito (Roma) el conjunto del Laoconte, que influye decisivamente en su obra, abriendo su período de madurez con la obra inacabada del Monumento sepulcral de Julio II. De este proyecto realizó algunas partes, como los esclavos de Florencia y el Louvre y la enérgica escultura de Moisés(Iglesia de San Pietro in Vincoli, Roma), una de sus obras maestras. Entre 1520 y 1534 realiza los dos monumentos funerarios de Juliano y Lorenzo de Médicis (San Lorenzo, Florencia), con forma piramidal, con un nicho donde sitúa las estatuas de Juliano y Lorenzo, bajo las cuales, realiza representaciones alegóricas (En el de Juliano, el Día y la Noche; y en el de Lorenzo, la Aurora y elCrepúsculo) en actitudes inestables. Contemporánea a los sepulcros es la Madonna con el Niño, que abre su última etapa, donde sus características se acentúan, primando el movimiento y la expresión a la masa, preludiando la posterior escultura Barroca. Obras de esta época son dos importantes “piedades”, la Pietá Rondanini (Milán) y la Pietá de Palestrina(Florencia).

    Entre el conjunto de escultores de este mismo período y que siguen de alguna forma la escuela creada por Miguel Ángel, hay que destacar a BENVENUTO CELLINI (1500-1571), cuyas representaciones tienen un carácter apasionado, reflejo de su propia vida. Sus más importantes obras son el Salero de Francisco I (Viena) y el Perseo(Loggia dei Lanzi), que sitúa sobre un rico pedestal de mármol muy ornamentado, con nichos con estatuas de bronce y relieves que representan la Liberación de Andrómeda por Perseo.

    También es destacable JUAN BOLOGNA (1529-1608), autor claramente manierista, cuyas obras más características son el Rapto de las Sabinas y el Mercurio.

    01/12/2008 GMT 1

    Videos escultura renacentista

    mdn @ 14:07

    ESCULTURA ITALIANA QUATTROCENTO

    mdn @ 14:02

    Quattrocento

    Lorenzo Ghiberti es el escultor más importante, realiza las puertas del baptisterio de Florencia. En «las puertas del paraíso», que dijera Miguel Ángel, resuelve con originalidad el problema del espacio y la perspectiva, fijando las técnicas clásicas.

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    La primera puerta del Baptisterio fue decorada por Andrea Pisano en 1330. Para la decoración de la segunda se convocó un concurso al que se presentaron Jacopo della Quercia, Lorenzo Ghiberti, Francesco de Valdambrino y Filippo Brunelleschi. El elegido fue Ghiberti, quien finalizó esta puerta en 1424: está compuesta por 28 escenas de la vida de Jesús, los Evangelistas y los Padres de la Iglesia. Al contrario de lo que era habitual en los relieves de la época, el fondo se utiliza como elemento plástico y forma parte de la representación. Con esta obra de arte, Ghiberti, partiendo de un punto de vista gótico, renovó el lenguaje escultórico modelando suavemente las figuras y su entorno.

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    Su estilo llegará a su punto álgido con la tercera puerta, cuya decoración fue realizada entre 1425 y 1452. En ella, Ghiberti aplica un tratamiento pictórico a las esculturas; este nuevo concepto le permite perfeccionar la perspectiva, la anatomía, la composición y el movimiento en sus esculturas. Sólo tiene 10 relieves que representan temas bíblicos, en ellos, el paisaje representa un escenario sobre el que los personajes ocupan un lugar, respetando el espacio, la proporción y el volumen. El resultado consigue tal belleza que Miguel Ángel la llamó La Puerta del Paraíso.

    Otras obras suyas son San Juan Bautista y San Mateo.

    En Florencia trabaja también Donato Niccolo, Donatello, el más grande escultor del momento. Su contribución más importante la realiza en el campo de la figura humana. Evoluciona desde la serenidad hacia un realismo dramático. Representará todos los estados de ánimo. Su San Jorge será la primera escultura de tamaño natural desde la antigüedad.

    En sus obras utiliza un sistema de relieves planos que consiste en su multiplicación para conseguir el efecto de profundidad. Sus obras emblemáticas son el David, Los cuatro profetas, Magdalena y Gattamelata, que es su obra más clásica, un retrato ecuestre que crea un modelo típico.

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    También son grandes escultores Jacobo della Quercia: fontana Gaia en Siena, San Petronio de Bolonia, que realiza figuras de gran expresividad corporal;

    Luca della Robbia: tabernáculo de Santa María de Novella, que destaca en el uso de la cerámica vidriada;

    Andrea della Robbia: Abrazo de santo Domingo y San Francisco;

    Andrea Verrochio: busto de Lorenzo de Medici, sepulcro de Giovanni y Pietro de Medici;
    Antonio Jacobo Pollaiuolo: sepulcros de Sixto IV e Inocencio VII en el Vaticano.

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